UNA PETICIÓN CASI DESCABELLADA


Por Leopoldo de Quevedo y Monroy.
Loco-mbiano.

En esta república del sub-uso y del realismo mágico, – como la clasificaron un caricaturista y nuestro máximo exponente de las letras, García Márquez- , por fin vino una exigencia al gobierno acorde con esos atributos.
Aunque hubo unos ciudadanos que redactaron por allá en unos años que se perdieron en la historia y en época reciente -1991 -, una Asamblea Constituyente nos legó una nueva Constitución para enmendar cantidad de entuertos, la letra escrita con sangre, se ha congelado en el papel. Allí quedó para el olvido. Nadie la cumple y se pasa por la faja.
Nuestro Presidente, y las autoridades que de él dependen, no detienen el deterioro que causan las licencias ambientales en páramos, nevados, mares, ríos, humedales, selvas y lugares privilegiados como La Macarena o en poblados como Aipe o El Agrado. Ni sentencias de la más alta Corte ni los miles de troncos talados y en putrefacción en las aguas, ni las quejas de engañados habitantes son escuchadas por las tales autoridades.
Mas sí ha habido oídos para recoger la petición de los negociadores de las Farc de que el Acuerdo se introduzca en la Carta Magna como garantía de que las peticiones allí contenidas tengan seguridad de que se cumplirán.
Nunca lo pensaron los estudiantes universitarios, camioneros, ni los cafeteros, ni los paperos ni los indígenas en sus paros y protestas que se contentaron con unas palabras de agua tibia que nunca se cumplieron. Todo quedó en anuncios de nuevos presupuestos, en promesas y viajes en helicóptero. Pero nada cambió de fondo. Eso lo tuvieron en cuenta las Farc.
La costumbre inveterada es una declaración del alto gobierno, una reunión a manteles en Palacio y todo queda debajo de la mesa… Pero, si ni la Constitución se cumple. No importa que ella diga las atribuciones de cada funcionario, de cada organismo del Estado o que haya unos derechos fundamentales para niños, jóvenes, ancianos, salud, ambiente, reservas naturales, etc., etc. El papel pudo con todo y con nada.
No entiendo para qué han insistido las Farc en que sus conversaciones hagan parte del texto escrito de la Constitución. Es otra dilación y cortina de humo. Ganas de hacer protagonismo. Cierto que hay temor de que pase lo mismo que a los miembros de la Unión Patriótica. Y ellos están ad portas de salir sin armas a las calles y las plazas a hacer proselitismo como los demás mortales.
Al menos, habrá que ver si se respeta el mecanismo para cambiar nuestra Carta constitucional. No será, como lo anuncian los medios de comunicación, por medio de un plebiscito. La Constitución del 91 en su Título XIII, art. 374, prevé que una reforma a ésta solo puede realizarse por medio de una Asamblea Constituyente o por Referendo o por el debate en dos legislaturas en ambas cámaras del Congreso y quorum calificado. El plebiscito, como voluntad del pueblo, solo refrendado por el Congreso tendrá fuerza vinculante, pero no puede introducirse en la Carta Magna para modificarla aún en mínima parte.
Sí, seguimos siendo parte de una novela en la que José Arcadio Buendía y su parentela se reúnen para ver unos artilugios de magia en la plaza principal.



