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Domingo, 4 de octubre de 2026
martes 12 octubre, 2010 a las 9:05 am

Una grata experiencia en Miranda

Por Luis Alberto Barrera Moreno
Convocados por el Sistema Integral de la Nueva Evangelización SINE, nos dimos cita en el acogedor y tranquilo municipio de Miranda un grupo de laicos comprometidos bajo la guía espiritual del sacerdote diocesano Ever Claudio Marín García.

Mi primera experiencia en este tipo de ejercicios espirituales fue conducida y coordinada por personas consagradas muy instruidas y respetables, lo cual, para quienes asistimos a recibir el primer anuncio kerígmatico resultó muy reconfortante y confiable.

En realidad yo no sabía qué iba encontrar en este anhelado y esperado “Encuentro personal con el Señor”, el impacto inicial cuando empieza la actividad es que nos ordenan guardar silencio absoluto o prudencial, las lecturas bíblicas y las reflexiones del pastoreo y desiertos así lo exigían, máxime cuando se compartía una amplia casa en construcción amablemente cedida por una joven viuda que comenzaba su luto, pues su esposo había sido muerto en forma violenta escasos quince días antes.

Cuando asistí con mi director espiritual al sacramento de reconciliación sólo hablé palabras entrecortadas; el llanto interior de gozo de un confeso pecador empedernido que había decidido sacar de sus entrañas los montones de basura que llevaba adentro, no me permitió expresarme. Sentí que algo extraordinario había sucedido en mí en esos días.

Cuando la experiencia del “retiro” terminó, no quería volver al mundo, a la realidad cotidiana, deseaba con mucha fuerza quedarme en aquella casa mirandeña por siempre. Pero tocaba regresar. Me sentía absolutamente liviano, como si hubiera bajado de peso pese a las suculentas comidas que nos preparó doña Hilda Marín de Garzón, señora madre del Padre Tomás Garzón Marín, formador del Seminario Mayor de San José de Popayán. En realidad era mi espíritu el que estaba ligero y feliz.

Saliendo de allí y en el bus de regreso, pasando por Padilla, lo único claro en mi mente era que había estado en presencia de Dios, y se despertaba en mí una gran ansiedad por mantener esta relación.

Fue entonces cuando comprendí también, que la misión evangelizadora constituye una tarea ineludible para todo cristiano. Es el mismo Señor Jesús quien nos convoca y escoge, llamándonos por nuestro propio nombre y enviándonos como apóstoles suyos en medio del convulsionado mundo y nuestras comunidades angustiadas.

Esta nueva tarea evangelizadora es la de dar vida a una sociedad mundana que agoniza, cansada por su propia mediocridad, por la ilusión y el vacío de la tentación del poder, del fácil consumismo del tener, de la esclavitud del placer. Las lacerantes rupturas que aquejan a la humanidad exigen de nuestra parte una acción decidida y audaz por transformar radicalmente todo aquello que se encuentra “en contraste con la palabra de Dios y con el designio de salvación”.

Entendí también entonces, que una intensa vida de oración es condición ineludible para cumplir con esta misión. Días antes a esta gratificante experiencia, había sido objeto y testigo del poder de la oración por algunas gracias y bendiciones recibidas en mis proyectos laborales y familiares.

La oración es lugar privilegiado donde vivir el encuentro configurante con Dios. Es en la dinámica oracional donde vamos siendo revestidos del Señor, conducidos de la mano maternal de María. La oración asidua nos encamina por las sendas del Plan Divino.

En la apertura al Espíritu, el Señor se nos revela, se nos muestra y nos pone de manifiesto quiénes somos. En la comunión cálida, cercana, personal con Él, el apóstol, el laico comprometido o el simple fiel, alimenta su espíritu, recupera las fuerzas perdidas y se renueva interiormente para emprender la tarea evangelizadora.

Espero con la ayuda de Dios y la intercesión de la Santísima Virgen María, seguir preparándome en este hermoso caminar y poder algún día, animar e invitar con mi testimonio de vida a muchos, en Puerto Tejada y el Norte del Cauca especialmente, para continuar la obra del Señor, desde el lugar en el que estemos para alabarlo, glorificarlo y reverenciarlo.

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