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Lunes, 12 de octubre de 2026
lunes 26 julio, 2010 a las 9:25 am

Una fracasada política exterior

José López Hurtado*
La vergonzosa herencia que en materia de política exterior recibe el Presidente Santos, es el resultado de ocho años de improvisación, de soberbia, pero sobre todo de la evidente como fatal determinación de trasladar los esquemas de la Seguridad Democrática, al ámbito de las relaciones internacionales.
Las metas en materia exterior se agotaron en los caprichos del Presidente, por lo que Colombia aparece hoy aislada en el contexto de los países más cercanos a su entorno y con larvadas enemistades de antiguos e incondicionales aliados. No existió una política de Estado en este campo. Ni para qué hablar del antitécnico y clientelista modelo en la designación del mediocre personal diplomático y consular, muchos con escandalosos prontuarios criminales. (“El servicio exterior,” EL TIEMPO de Colombia, pág 1-20, por José López Hurtado,10-X-08).
En las relaciones con sus hermanos gemelos, Ecuador y Venezuela, faltó tacto y prudencia. La incursión armada a Sucumbíos mantendrá, sin duda, el debate de bandos irreconciliables, hasta que un órgano internacional de justicia, de preferencia, algún día se pronuncie en fallo definitivo.
Lo de las bases militares gringas, tampoco soporta justificación alguna, ni siquiera el del ordenamiento jurídico interno. Pero lo que se quiere indicar, por sobre todo, es que el apoyo expreso o tácito del gobierno de Caracas a la guerrilla colombiana, es un “refrito”, para utilizar un término periodístico, que a nadie sorprende. Es precisamente por esa razón que el saludable ambiente que la elección del Presidente Santos generó en el gobierno de Chávez y de contera, en el de Correa, debió de haber sido preservado, para desde ese escenario tender puentes de entendimiento y de cooperación. Ese era el panorama que celebramos los colombianos y la opinión internacional, en su momento. Pero no. A manera de un calculado sabotaje, a escasos 20 días de entregar el mando, el señor Uribe resuelve desempolvar videos y documentos para demostrar lo que todo el mundo sabía, y promover -una vez más- la reunión extraordinaria de la OEA, tan insulsa en sus pronunciamientos como su mismo secretario general.
Flaco servicio le acaba de prestar el señor Uribe no solo a sus compatriotas y a los venezolanos mismos, con su diplomacia de soberbia y pedantería, sino en particular a los ciudadanos de ambos países que acampan en la extensa frontera de más de 2.200 Kms, y que viven de sus negocios. También a la balanza de pagos que ha caído en un 70 % y en general al comercio que da sustento a cerca de 4.000.000 de personas.
Preferimos la diplomacia, esa que tanto escozor le produce, la “meliflua y babosa”, esto es, la dulce, suave y delicada en el trato y en la manera de hablar, aquella con la que se han logrado los grandes acuerdos y avances en las confrontaciones que en la historia han sido.
El triste insuceso del rompimiento de las relaciones bilaterales por parte de Venezuela -que la imprudencia de Uribe produjo-, no puede ser óbice para que el Presidente Santos y su Canciller Holguin, desmayen en su empeño de tender puentes de normalización y entendimiento. Así tengan que partir de menos cero. En eso los acompañamos para el bien de país, del Continente y de la comunidad internacional.
*Analista Internacional, colombiano.
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