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Lunes, 5 de octubre de 2026

Una Colombia federalista

Una Colombia federalista

¿Sueño de autonomía o espejismo de desigualdad?

Stella Ramirez Granobles
Por Stella Ramirez Granobles

Cada cierto tiempo resucita en el debate público la idea de un federalismo para Colombia.

No es novedad: ya fuimos un país federal en el siglo XIX, y el experimento terminó en guerras civiles y en una Constitución centralista que aún define nuestras instituciones.

Hoy, con la crisis de representación y la división, algunos vuelven a plantear que los departamentos deberían convertirse en “estados” con más autonomía, recursos y poder de decisión.

Y es cierto: un modelo federal podría traer ventajas. Permitiría que las regiones gestionen directamente su riqueza, que diseñen políticas a la medida de sus realidades y que avancen sin esperar la venia de un ministerio en la capital. Antioquia podría potenciar su industria, la Costa Caribe fortalecer su comercio y cultura, el Pacífico reclamar un lugar propio en el desarrollo nacional. En un país tan diverso, la descentralización real puede ser oxígeno.

Pero detrás de ese sueño late también un riesgo: el de una Colombia partida en dos, o en diez, según el mapa de la desigualdad. ¿Qué sería de Chocó, de La Guajira o del Caquetá si el Estado central les diera la espalda con la excusa de la autonomía? Federalizar, sin antes resolver la inequidad histórica, sería institucionalizar el abandono. Sería como entregarle un motor de última generación a un carro sin ruedas: mientras unos despegan, otros se hunden.

Una Colombia federalista
Imagen: https://www.facebook.com/personeriadegirardot

La discusión no debería ser federalismo sí o no, sino cómo garantizar que ninguna región quede condenada a la pobreza mientras otras acumulan privilegios. Lo que Colombia necesita no son nuevas fronteras internas, sino puentes que unan nuestras diferencias; no banderas fragmentadas ondeando en cada esquina, sino un mismo tricolor que no sea adorno, sino compromiso.

La verdadera autonomía nacerá el día en que un niño en Chocó tenga las mismas oportunidades que uno en Medellín, y en que la riqueza del Caribe no sea botín de pocos, sino esperanza de muchos. Solo entonces podremos hablar de una Colombia libre y justa, no de una Colombia partida. Porque la unidad no se decreta desde Bogotá ni desde ningún palacio departamental: se teje desde el pueblo, con justicia y con dignidad.

La verdadera pregunta no es si Colombia debe ser federal o centralista, sino si seremos capaces de  construir una nación que no deje a nadie por fuera.


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