UNA CATA MÁS CON EDUARDO ELIÁN



Otra vez tuve otro evento de esos que hacen olvidar las penas por un rato largo. Porque estuvo tan ameno y extenso que Eduardo gastó más de tres horas y no las sentimos sus invitados. La charla, como siempre fue festiva, como de paseo por Colombia, Perú, Chile, Argentina. Y hubo esta vez más gracejos por ese señor fornido de camisa negra que aparece en la foto que contagió con sus picantes apuntes.
Empezó Elián a hablar con lenguaje suave del Torrontés, un vino joven de no más de dos años. Una clase de uvas que llegó a América hace más 500 años. Hizo su entrada por las sacristías. Sí, señores, como lo leen. Fueron los señores curas quienes se enrolaron en las barcazas de don Colón con sus botijas y variadas clases de vinos. No fueron los presos recién salidos de las galeras de España para que escoltaran al Almirante. Eran buenos tomadores pero no tanto como los santos curas que celebran misa. Luego hicieron su entrada por Cartagena. Quedé admirado de que el país con más bebedores per cápita que beben más vino es el Vaticano. Como lo leen. Pero el país con la fama de ebrios la tiene Chile con 9.5 de récord y en donde para comprar vino se hace fila en las «botellerías».
Entre otras cosas hizo referencia a cuales países tienen fama de bebedores de vino hasta llegar a la China. Hoy en día uno de los negocios que ocupan los bolsillos y las chequeras de los grandes inversionistas es el vino. A Colombia llegaron apenas 120 millones de botellas de vino el año pasado desde diversos países. De España, Chile, Estados Unidos, Argentina y hasta Perú y Ecuador.
Ya la chicha de Soacha y de Boyacá queda de recuerdo de las bacanales de nuestros antepasados. Hoy ya la cerveza y ahora el vino están cada día más en las mesas de restaurantes, bares, hoteles y en casa. Y ya el vino Sansón ha dejado de nombrarse. Ya se oye hablar a señoras y hombres de vino tinto, blanco, rosado, carmener, sirah, merlot o malbec y champaña. Se habla de países y cepas y marcas, climas y de rarezas, de crianza y tempranillo, de reserva y cosas así. Como que los vinos blancos no pueden ser añejos porque se dañan. Solo duran dos años y hay que apurarlos antes que se agrien.
Y, por supuesto, se habla de cómo se añeja, del corcho vegetal, de cómo se degusta y hasta cómo se ven en la copa del buen vino unas lágrimas o unas piernas, según si es casado o separado.
Ah, de las catas en donde uno aprende, bebe, disfruta y hasta compra una botellita para la semana o para alguna visita o un regalo. Al tiempo uno va aprendiendo a tomarlo y buscarle el aroma de flores, como el jazmín o frutas como la manzana o esencias como la canela. En fin, habrá que tomar más apuntes en la próxima carta para acercarlos al mundo de la enología.
10-06-17 930 a.m.



