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Jueves, 1 de octubre de 2026

¿UNA CÁRCEL PARA POPAYAN?

San Isidro, Popayan
Marco Antonio Valencia Calle
MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE

Me dicen que van a construir una mega cárcel en Popayán para 3 mil reclusos. Cuando se construye una cárcel dicen los expertos que las familias del preso, los guardianes y trabajadores de la misma, se vienen a vivir con ellos y se instalan a los alrededores de la cárcel como puedan. Que para el caso, pueden llegar a ser unas MILES de personas.

Hace un par de años, un candidato a la presidencia (ungido y elegido ya desde hace cuatro años a dedo como presidente, y no por el pueblo en unas elecciones) le metió el dedo a la boca al alcalde de turno y construyó El Valle del Ortigal, un proyecto de vivienda de 1644 casas gratuitas donde se estiman que viven hoy en día 10 mil desplazadas de todo el país.

En junio de 1994, un sismo ocasionó una avalancha en el municipio de Páez y sus alrededores. De los 45 mil afectados, se estima que cerca de 15 mil fueron reubicadas o se vinieron a vivir a Popayán buscando otra oportunidad. Algunas recibieron casas del gobierno, otros improvisaron tugurios o invadieron terrenos.

En 1983, un terremoto devastó la ciudad de Popayán. Y cosa curiosa, miles, pero miles de familias de otras ciudades del país se volcaron a vivir a la capital caucana. El gobierno de turno les dio casa o les permitió invadir y adueñarse de terrenos y de los lotes que pudieron.

En los años dos 2000, el gobierno perpetró un plan agresivo para erradicar cultivos ilícitos en el sur del Cauca. Por lo tanto, miles de familias dedicadas al cultivo o que vivían alrededor de fincas cocaleras buscando seguridad, se vinieran a vivir a Popayán.

Desde el 2010, miles, pero miles de personas de todo el país han comenzado a llegar al Cauca para rebuscarse en las minas de oro legales -e ilegales- de la zona, y muchísimos de ellos, por comodidad, trasladaron su domicilio familiar a Popayán.

En los últimos cinco años, se calcula que en la ciudad se han organizado – por lo bajo- 50 proyectos de vivienda (llamados conjuntos, condominios, edificios, parcelas, etc.), que le han permitido a miles de familias de otras regiones del país trasladarse a vivir o a trabajar a Popayán. Se habla de 60 colonias radicadas, algunos ya con concejal y diputado propios.

La violencia causada por la guerrilla, los paramilitares, la delincuencia común y la mafia, han desplazado a miles de personas de pueblos del suroccidente colombiano que han terminado buscando refugio en Popayán como desplazados por la violencia.

Se estima que con los acuerdos del fin del conflicto con la Farc -en los próximos meses-, llegarán miles de milicianos y exguerrilleros de las montañas del Cauca a buscar empleo, casa y modos de vivir en Popayán.

Lo que quiere decir, que esta es una ciudad generosa que recibe al que venga y como venga. Una ciudad repoblada con emigrantes, aventureros, presos, rebuscadores, exguerrilleros, exparamilitares y desplazados de todo tipo… que ya no tiene 270 mil habitantes, sino que podría estar llegando a los 600 mil habitantes para este año.

La ciudad cambió en su población pero en su infraestructura no. Una ciudad con servicios púbicos de pueblo no puede atender a una población cercana ya al millón de habitantes. Si el gobierno quiere convertir a Popayán en la tierra de los desventurados del mundo bien, pero con empleo, con desarrollo, con infraestructura, con cambios sociales que se vean.

Una ciudad como Popayán que para salir del abandono estatal frente a sus nuevos desafíos poblacionales necesita vías con doble calzada para acceder a Huila, Valle y Nariño; carretera al mar, aeropuerto y hospital nuevo, y claro: mejores servicios públicos. Un censo real y más fuentes de empleo… Pero sobre todo: despertar en el corazón de cada ciudadano sentido de pertenencia por la ciudad, una política de cultura ciudadana que llaman, y de manera urgente.

Esta no es “la ciudad de la furia”, como la canción de Soda Estéreo, es “la ciudad de los desplazados y marginados del país” que silenciosamente construyen una bomba social que tarde o temprano va a estallar sino se planifica algo distinto a lo que tenemos.

Mientras tanto, por sus calles “el laboratorio social que somos” salpica incertidumbres, que da miedo.

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