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Lunes, 12 de octubre de 2026

UN TREN FANTASMA EN LA OSCURIDAD

UN TREN FANTASMA EN LA OSCURIDAD
UN TREN FANTASMA EN LA OSCURIDAD
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
UN TREN FANTASMA EN LA OSCURIDAD
Imagen: http://anotherdayintheempire.com/aboard-trumps-express-train-future/

Anoche el viaje con la música en la Sala Beethoven fue en «el tren fantasma» del norteamericano Eric Whitacre. Dirigía la máquina el maestro Remo Ceccato. Viajaban también Johan de Meji, Robert W. Smith, Scott Watson, Silvano Scaltritti y Sergei Prokofiev con su equipamiento para una noche de Halloween.

El escenario en la Sala lució muy en penumbra. Dio la pauta el trombonista holandés de Meji con su obra Viaje en la Oscuridad de la Sinfonía No. 1, El Señor de los Anillos. Parecía que un tren llevaba en su estómago una sinfonía y sus viajantes dormían mientras la melodía los encantaba en un sueño leve y consciente.

Vino luego otra oleada aún más caliente de oscuridad. Robert Winston Smith nos llevó como Beatriz por el The Inferno de «La Divina Comedia». Había en el ambiente un color rojo fulgurante y tenebroso, como lo anunció el maestro Ceccato.

Y ahora sí vino, en el tercer lugar del programa el Tren fantasma anunciado. No pude ver si llevaba pasajeros, era tal la noche roja. Era un tren con uniforme rojo. Con sonidos huecos de viento y ayes de espíritus en pena. Era una continuación de lo acontecido en el infierno y sin Beatriz ni Dante ni Virgilio.

Vino luego una tanda de retazos literarios. Nada más y nada menos que cuatro fábulas del griego Esopo trabajadas sobre las partituras del compositor Scott Watson. El maestro Ceccato las había recocinado con sus cuarenta y tantos músicos.

Fue un delicioso recorrido sobre el lomo de La libre y la tortuga que se perseguían. También gritaba desde la cima del monte El pastorcito mentiroso para engañar a su amo crédulo. Salió a flote a continuación El perro y el hueso y cerró la serie El lobo y su sombra.

Faltaba un final con sorpresa. Era el broche con el que la Banda abría el Haloween cercano. De pronto el escenario de vientos y percusión se convirtieron en un pueblo fantasma. Allí estaba al lado del río El Flautista en Hamelin creado por el compositor italiano Silvano Scaltritti. Sin saber cómo ni cuándo los músicos cambiaron su rol y rodearon al Flautista, Marco A. Mondragón, quien tocó su diminuta avena que elevó las notas en un pueblo fantasma de unas riberas frías.

Terminó el concierto, para los niños que estábamos allí, con el juego sinfónico del ruso Sergei Prokofiev, Pedro y el lobo. Músicos, narrador, director y público nos confabulamos para divertirnos con tan festiva pieza.

28-10-17                                          11:01 a.m.

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