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Domingo, 4 de octubre de 2026

UN PERRO CUIDA AL LAGO CALIMA

calima
Cabezote Bulevar de los Días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano
calima
Sombra de un perro blanco sobre el Lago

La región del Valle del Cauca entre Buga y Buenaventura posee un sitio de placer y visiones espectrales. Un cañón con boca larga forma la cordillera occidental cuando entra a Calima-Darién. Se produce allí a todas horas, y en especial, cuando la tarde es vecina, un ventarrón con niebla en huida a lo largo del Lago. Lo causa el humor que llega caliente del cercano mar Pacífico.

No importa que sea en la alborada, cuando las garzas blancas se levantan y se alzan en bandada a refrescar los vientos. Ni porque sea mediodía cuando el sol está en la mitad de su calentura o que haya llegado la hora en que la naturaleza se dispone al descanso. La calima entra por el cañón y se impulsa sobre el Lago como queriendo surfear.

De salida ya para Cali con mi novia, había cierta sensación de melancolía. Después de unos días de reposo cuesta volver a escuchar sirenas de ambulancias, pitos y el roar que producen los autos cuando ruedan por las avenidas. Volví los ojos para mirar otra vez el Lago y vi que un perro estaba nadando imponente sobre las aguas mansas. Saqué mi cámara y pedí a mi complaciente chofera que detuviera el carro para captar la escena.

La tarde estaba empezando y no había veleros ni se veía a lo lejos el Barco Bonba de don Ismael Plata y doña Patricia Eastman. Las aguas estaban rizadas por el viento que las consienten. Por varios minutos un perro descomunal con su pata izquierda adelante nadaba despacio por la mitad del lago, sin chapucear ni avanzar apenas. Era un perro blanco, tal vez un french poodle y estaba feliz con su lengüita afuera.

A su lado la bruma corría libre por encima sin despeinarlo, hasta que poco a poco el viento deshizo el encantamiento canino. Como los aviones que encuentran en su camino cirrus y nimbos y se esconden, así pasó con el animal que se hundió entre la nubosidad que cobijaba el Lago.

Esta es otra maravilla que uno puede gozar cuando sale de casa y de la ciudad que nos quiere atrapar con el smog y su ruido de dragón invisible.

No irá uno a corretear sobre un velero con bandera verde que ondea como el pellar que cuida en círculos a sus polluelos en la playa, ni irá a estar el sábado en rumba en las casetas del pueblo cercano. Pero lo sorprenderá el canto en las mañanas de loritos, mirlas negras, petirrojos y canarios que se persiguen. Lo arrullará el lento rumor del agua al batir sobre los bordes rojos de tanto recibir el sol. Será como asistir a un concierto debajo de las sábanas y oír el corazón de la amada que late igual al del perro sobre el azul.

Las delicias del agua en paz, de la neblina que juega como cortina al viento, de los árboles que tiritan de frío o del lago que canta con orejas de búho gris, son regalos que solo da el solaz de la lejanía detrás de la montaña y la quietud en los brazos del Lago que tiene a sus pies un perro.

02-07-13                                  9:41 a.m.

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