UN PERIODISTA DE GUERRA EN RUSIA

Estando en la larga fila del Teatro Metro Teusaquillo de Bogotá, donde caminaba para entrar a ver la película Reds (Rojos), relacionada con la vida del periodista norteamericano John Reed, y su participación en la revolución rusa de 1917, llegó José Antequera.

El joven dirigente comunista asesinado, me acompañó hasta la taquilla mientras hablábamos del autor de los: “Diez días que estremecieron el mundo”, que escribió entre otros textos periodísticos de los acontecimientos europeos del 14, las huelgas obreras de Estados Unidos, y la revolución mexicana de 1910.
A tres años sobre la Rusia tomada por los Bolcheviques, John Reed, con su mirada avisada de periodista de guerra, describió la situación del país naciente. Resaltó sin innecesarios calificativos logros y dificultades. Notó a primera vista como en general la gente no vestía harapos, y cómo los infantes eran dotados por las poblaciones gratuitamente de ropa. Todos contaban con comedores donde disfrutaban de buena comida en las antiguas mansiones de los terratenientes. Observó que también para ellos eran los lujosos teatros y salas de conciertos, y que se levantó una Aldea para que pasaran los veranos.
Cuenta Reed, que las casonas antes de millonarios, pasaron con sus lujos a ser centros vacacionales para trabajadores de las ciudades, los cuales recibían sus salarios completos en sus vacacionales. El observador no tasa los males acosadores de aquellos primeros tres años de la revolución: El hambre y las enfermedades cundían, dice, por todas partes a consecuencia de la guerra, los ataques enemigos, y del cruel invierno. El transporte se detuvo, no permitiendo la distribución alimentaria por el país, que conjuntamente con la falta de combustible para la calefacción hacían la vida insoportable.
A todo esto se le unía la desorganización y el sabotaje: “Los obreros se desmayaban de debilidad junto a las máquinas”… Cuenta el cronista en: “La Rusia soviética actual”. Donde también narra cómo los comités de fábrica de toda la región de Serpukov, después de cantar: “La Internacional,” lo invitaron a hablar en nombre de los trabajadores y comunistas norteamericanos, de los cuales transmitió un saludo. Y al terminar un obrero de la fábrica expresó: “Un saludo para los hermanos en América”. Añadiendo: “Durante tres años los trabajadores rusos estuvieron derramando su sangre por la Revolución. No sólo por la propia sino por la revolución mundial. Si es necesario moriremos por el socialismo al que tal vez jamás veamos” (…)
La falta de sal y la inanición producto de dos años de bloqueo de los imperialistas contra el país soviético, socavaban la salud de miles de personas por falta de medicinas. No obstante señala Reed, el Comisariado del pueblo organizó el servicio de atención sanitaria en todo el país, llegando a sitios remotos donde nunca hubo médicos. Y que en los hospitales las mujeres contaban con servicio gratuito antes y después del parto, recibiendo integro su salario.
Refiriéndose al Ejército Rojo, dice Reed, que se les alfabetizaba e instruía en contra de la guerra, señalándoles, que: “… Tan pronto la revolución internacional haya puesto fin definitivo al imperialismo, arrojaremos nuestras armas y espadas. Se abolirán las fronteras y olvidaremos el arte de la guerra”. Se les impartía a los soldados cultura: El arte y el teatro iban al frente para interpretar las obras de autores clásicos rusos. Se les mostraban cuadros de grandes pintores, realizando exposiciones y dándoles conferencias de arte, poesía y literatura. Como resultado de esto, se creó un movimiento teatral en el Ejército Rojo, para representar las propias obras creadas por ello.
Todo el colosal esfuerzo en la tarea de reconstrucción económica de la nueva nación, precisó de la movilización laboral del ejército a las áreas donde se requiriera, como eran las de levantamiento de los puentes y vías férreas destruidos por la contrarrevolución
Dice el corresponsal de guerra gringo, que cuando la revolución rusa logró por fin aprovisionarse de víveres y madera para enfrentar el invierno, solucionando en parte el transporte, para que llevara los granos a todo el país, los polacos respaldados por los aliados imperiales se abalanzaron sobre Rusia, impidiendo la reconstrucción económica del país… Cualquier parecido con Cuba Socialista y Venezuela Bolivariana, en muchos aspectos es coincidente.




