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Domingo, 4 de octubre de 2026
miércoles 31 julio, 2013 a las 11:05 am

Un papa que hace milagros

Papa Francisco
Diógenes Díaz Carabalí
Diógenes Díaz Carabalí
http://www.diariodelhuila.com

Este papa Francisco, un hombre venido del Sur, ha causado revuelo en su reciente visita y encuentro con los jóvenes en Brasil. Ha dicho a los jóvenes que se rebelen, que causen lio; los ha invitado a que dejen lo mediático, lo suntuoso, el apego a la idolatría del dinero; ha dicho a los jóvenes que vayan contra contracorriente. Y los más importante, ha hecho el milagro de reunir en torno, 3’500.000 muchachos venidos de todo el mundo, algo que los estudiosos de la psicología de masas no comprenden porque ven a los jóvenes desde la perspectiva del vaciamiento mental, de lo suntuoso de la moda, del goce momentáneo de los conciertos, del alejamiento de la realidad que trae consigo la droga, de la satisfacción superficial del sexo desbocado.

Sin duda, este papa, ha señalado los problemas que padece el mundo de hoy: el mundo de la globalización, de los medios de información, de la tecnología; pero que no ha podido resolver problemas tan radicales como la inmersión social de la gran mayoría, que no provee empleo a muchos hombres y mujeres, que no ha resuelto el problema del hambre de muchos de sus habitantes en muchas de sus regiones. Ha de preocupar su presencia y su voz a quienes defienden el inmediatismo, porque no se trata de un loquito que se detiene por ahí a gritar verdades, si nos atenemos que los locos y los borrachos dicen la verdad, el papa es un hombre que tiene valor para señalar dificultades de nuestra moderna sociedad, aprovechando la audiencia que le prestan millones de jóvenes, y tras ellos sus padres y sus familias. Sin duda pronto se verán los efectos de sus exhortaciones, lo que constituye el milagro más importante de un hombre que habla en nombre de Cristo.

Y no es solo lo que el papa ha dicho, también sus gestos de acercamiento a los débiles, de trato cariñoso a las gentes, de estrechamiento con las manifestaciones espontaneas de los jóvenes. Difícil ocultar esos cuadros donde aparece con los ojos humedecidos por la emoción en Aparecida, el fundirse en un abrazo con un joven víctima de las drogas en su visita a un hospital de recuperación, el levantar a tantos y tantas muchachos y muchachas que se hincan para saludarlo, el trato afectuoso dado a los niños, a los limitados físicos. Quedan grabados esos cuadros en la retina de hombres y mujeres de todos los credos, con el vivo sentimiento de que alguien es solidario con sus sufrimientos, con sus dificultades, con sus preocupaciones.

Sin duda es esa la iglesia de los pobres, el milagro moral que intentara construir su fundador. La iglesia para la periferia, para quienes son víctimas de la ceguera con que es perturba al hombre de hoy —me refiero al hombre y la mujer—, porque lo que menos necesita la sociedad contemporánea son cargas de comportamiento, discursos obligantes, sermones señaladores. Esta sociedad, el hombre y la mujer de hoy, lo que necesita es una oportunidad; los jóvenes claman la oportunidad para ser auténticos, para ser ellos mismos, para ser libres. Lo que menos quieren los jóvenes es que les impongan modelos vacíos; los hombres y las mujeres de hoy desean tener esperanza, un mundo donde sus hijos puedan crecer y realizarse. Ése es el milagro que ha hecho el papa Francisco en el encuentro de Río, un milagro no solo para los católicos, sino para todos, creyente y no creyente.

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