Un panorama desolador

Por: Guido Germán Hurtado Vera.
Historiador y Politólogo.
En mi última reflexión del 2024 le comparto diez ideas de lo que nos deja este año y lo que probablemente enfrentaremos en el 2025.
Primera. Las elecciones estadounidenses consolidaron al “negacionismo” como la posmoderna forma de hacer política. De tal manera que el 20 de enero del 2025 se instala en la Casa Blanca la fábula del vencedor ególatra. Y al lado del petulante presidente un nuevo actor: Elon Musk, el hombre más rico del mundo, con el altavoz más poderoso de la sociedad digitalizada. En Colombia no será año electoral, pero a mediados del 2025 se conocerán los nombres de los candidatos que aspiran a la presidencia. Así mismo, se irán perfilando las listas a las elecciones del Congreso. Se caldeará el ambiente político y el negacionismo será la narrativa política.
Segunda. El 2024 ratificó las “figuras antisistema”. La antipolítica se afianzó frente a unos partidos políticos rancios, corroídos y cada vez más rechazados por sus votantes. Para la muestra cuatro botones: el argentino Javier Milei, el ultraderechista rumano Calin Georgescu, el español Alvise Pérez y el youtuber chipriota Fidias Panayiotou. El concepto de figura antisistema incidirá directamente en las elecciones del 2025 en Alemania y Francia, y en las de Colombia del 2026, tres países con liderazgos enfermizos y poder legislativo rotos.
Tercera. El 2025 es el inicio de la “era del individualismo robustecido”. Sin duda lo anterior muestra que asistimos a un mundo más emocional y menos institucional. El miedo y la rabia se han transformado en el pinchazo movilizador determinante del voto, una progresiva emoción de incredulidad que crece entre los jóvenes. Según el Global Solidarity Report, en las elecciones europeas de 2024, se produjo un descenso de la participación electoral entre los menores de 25 años. Solo el 36% de ellos votaron. Entre los jóvenes que no votaron, un 28% invocó, como causa primordial, la falta de interés en la política; un 14% indicó la desconfianza en la política, y el 10% opinó que su voto no cambiaría nada.
Cuarta. El temblor geopolítico cierra el 2024 con el derrumbe del régimen sirio de Bashar al-Assad y con el encuentro, en París, de Trump, Zelenski y Macron en la reapertura de la catedral de Notre Dame. Y por allí mismo la fuerte pero diplomática respuesta de Putin, señores no se olviden que lo que pase en Siria y Ucrania deberá pasar también por Moscú. En medio oriente no se avizora un desescalamiento del conflicto. En Colombia la paz total de Petro fracasó. Se avizora entonces un 2025 de negociaciones a medias, un posible alto el fuego, pero no un año de paz.
Quinta. El regreso de Trump aumenta “la provocación al orden global”. Si en junio del 2017 anunció el retiro de su país de la OMS y del Acuerdo climático de París, ahora ha declarado de una enérgica guerra comercial: elevar los aranceles hasta el 60% sobre los productos chinos; hasta un 25% para Canadá y México; y entre el 10% a 20% para el resto de sus socios. Ante tal escenario, para el 2025 retornan las fórmulas de disciplina fiscal: Reino Unido, Brasil, Argentina y México se preparan. Mientras tanto en Colombia el déficit fiscal cabalga en las nubes.
Sexta. Entre noviembre y diciembre del 2024, Joe Biden contribuyó a reforzar el escenario de choque entre Beijing y Washington, lo que marcará el nuevo ciclo político, por ello en el 2025, la carrera tecnológica entre Estados Unidos y China se acelerará aún más. Los países más pobres, entre ellos Colombia, sufrirán las consecuencias.
Séptima. El 2024 fue el año más cálido del que se tenga registro. También fue el primero en el que la temperatura media superó en más de 1,5°C los niveles preindustriales, lo que marca una nueva escalada de la crisis climática y el fracaso de los intentos por mantener la temperatura global por debajo de ese umbral. En Colombia el Plan Nacional de Desarrollo 2022-26 que nos convertiría en una potencia mundial de la vida, aún no despega.
Octava. El 2025 será un año de deportaciones, al menos en el nivel del discurso. La inmigración es la piedra angular de la carrera política de Trump y en la campaña electoral del 2024 prometió ejecutar la mayor deportación de la historia. Ahora bien, no estoy tan seguro de que lo sea en lo operativo. En Colombia el Urabá seguirá siendo un paso obligado en la ruta hacia el norte del continente. El Clan del Golfo recibe grandes utilidades por este negocio. Esperemos a ver qué pasa.
Novena. En este mundo de “instituciones enfermizas”, se reproducen las grietas por las que se filtra y propaga el crimen organizado. Las redes que articulan y regularizan la delincuencia componen negocios multimillonarios, transnacionales, con jerarquías y alianzas estratégicas. Según el Índice Global de crimen organizado, por lo menos el 83% de la población mundial vive en países con niveles elevados de criminalidad, cuando en 2021 era el 79%. En Colombia, un país con una pobreza del 42.5%, las instituciones estatales están en estado de coma, y no hay guerrillas sino crimen organizado.
Décima. “El mundo se rearma”. Con el aumento de la conflictividad, como las guerras en Ucrania y Oriente Medio, también crecen los ingresos por ventas de armas y servicios militares. La guerra es el mejor negocio del mundo y eso lo saben tanto las elites políticas y económicas como los grupos criminales.
En este contexto, la aceleración geopolítica aumenta la incertidumbre tanto para los analistas como para los propios actores. El 2025 pinta como un año de grandes tensiones políticas y económicas.
En suma, un panorama desolador.



