UN DÍA NEUTRO



El día ha amanecido ni fú ni fá. Sin una canción en el alba o sin una nube en lo alto. Ni una nube que indique sol que viene o sin otra nube que nos traiga agua. El ambiente está quieto. Nadie corre en la calle ni los carros pitan azogados. Y, claro, uno se contagia del ambiente. El alma como que se encoge, se arruga y, como la oruga, se esconde bajo tierra.
La mañana ha avanzado triste. No ha abierto bien los ojos. Todo está muy quieto. Hay un runrún en la trastienda diciendo que no todo está bien. ¿Qué pasará? Que los frenos fallan, que el carro no arranca, que la gasolina está escasa, que la vía está ocupada. Qué olorcillo rueda por la cuadra…
¿Qué habrá pasado hoy? ¿No estamos, acaso, en plena primavera después de un agudo invierno? Esto ya se parece a EE.UU. «Es este el último pedazo de invierno o nevada, dicen por allá… Por fortuna no es tan fuerte el vendaval.
Avanza el día y el sol en lo alto comienza a brillar. ¿Ha sonado el wasap. Quién rompe la quietud y distrae a la modorra? ¿Será una noticia buena? -Sí, es una voz de sirena negra. ¿Qué mar la trae a esta hora que no es de puja? Toda regla tiene su excepción. Se nos arregló el día, dije y me puse a escribir. No había motivo para sentarse a pensar. Pero ya la llamada calmó los silencios y amagos de lluvia, ya se despejó el día y se despejaron las dudas de un día con risas y caras contentas.
Así es la vida. No es monotonía. Esta palabreja tan incómoda en su significado tiene una música que dice lo contrario. Suena bonito y dan ganas de repetirla y volver el oído a ver cómo suena de nuevo. Se acabó el embrujo del día lento y neutro. Una simple llamada cambió la rutina y la calma chocha por el comienzo de dos caras alegres.
La cara es el rostro del alma, ¿lo sabían ustedes? Y de inmediato yo cambié la pequeña arruga que cruzaba por mi frente. Levanté las cejas, me erguí sobre el teclado y empecé a redactar con mucha energía. ¿Acaso no lo notan ustedes? Como que una corriente de agua caliente viniera corriendo detrás y me hiciera sentir azogue en las venas.
Tengo el presentimiento de que algo muy bueno me va ocurrir más tarde. Eh? me sobresalté ahora. Como que si hubiera incurrido en el uso de un dequeísmo. Volví atrás los ojos y quedó saldada la duda. Sí cabe el de que usado. Cosas del idioma al que respeto tanto como a una nube que amenaza lluvia.
La vida es un punto alargado que llega hasta Alaska y vuelve a empezar. Nada se repite y todo vuelve a la normalidad. Aquel ratoncito que inocente salió de su cueva y vió el ambiente gris ya encontró su queso y se está devolviendo a la madriguera madre que le da confianza. Así estoy yo ahora. Me llegó una nota. ¡Descuentos en León! Ah, qué le pasa a mi ordenador. Yo vivo en Leoncombia.
09-06-17 11:33 a.m.



