Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Sábado:
Popayán No aplica
Cali No aplica
Sábado, 3 de octubre de 2026

¡U-su-riaga… U-su-riaga!

Albeiro Usuriaga
Luis Enrique Delgado 2
Por Luis Enrique Delgado
periodista Acord-Valle

La muy alegre celebración de los 87 años del América de Cali, fundado el 13 de febrero de 1927, coincidió, tristemente, con el lamentado aniversario del fallecimiento de Albeiro «El Palomo» Usuriaga, asesinado por un sicario el 11 de febrero de 2004. Hace 10 años. Cuando él tenía 37 años de edad.

Albeiro fue, sin duda, uno de los mejores futbolistas de la historia colombiana entre mediados de los 80 y la mitad de la década de los 90.

Albeiro Usuriaga

De su fútbol disfrutaron seguidores del América de Cali, Deportes Tolima, Cúcuta Deportivo, Atlético Nacional, selecciones juveniles del Valle del Cauca y mayores de nuestro país. Internacionalmente estuvo en España, Brasil, México, Paraguay, Argentina, Venezuela, Ecuador.

Fue, pues, un trotamundos del fútbol. Y bueno es contarlo, para que lo sepan unos y para refrescar la memoria de otros.

Dos contrastes

Sus principales contrastes los vivió en 1989, cuando ganó la Copa Libertadores con el Atlético Nacional, después de una tarde espléndida marcándole cuatro goles al Danubio de Uruguay, en partido de semifinal, en Medellín. Momento de gloria.

Su frustración fue no haber sido tenido en cuenta por Francisco Maturana para la selección que nos representó en el Mundial de Italia-90, no obstante ser el autor del gol que nos clasificó, en el repechaje frente a Israel.

Rojo siempre

Sin embargo, tal vez donde mejor se acomodó y donde más rindió fue en el Independiente de Avellaneda, Argentina. El romance de «El Palomo» con la gente del rojo argentino fue de fantasía.

Veamos, a manera de homenaje a su memoria.

usuriaga

Usuriaga e Independiente, un equipo que tiene las vitrinas repletas de premios, parecieron ser el uno para el otro desde el 24 de marzo de 1994, a instancias del técnico Miguel Angel Brindisi. «El Palomo» andaba por Cali casi sin rumbo, como perdido. Independiente andaba por Avellaneda casi sin tiempo, como desconcertado.

Pero una noche en silencio llegó Usuriaga. Se puso la camiseta roja por primera vez, nada menos que para jugar frente a River. Y con sus zancadas de avestruz se metió en el bolsillo a una hinchada exigente, a fuerza de desbordes, gambetas y goles. Y diez meses después de aquella presentación en sociedad, Usuriaga fue uno de los puntales del equipo de Independiente que obtuvo la Supercopa de ese año, la única que le había dicho que no a los ganadores de todo.

«El Palomo» jugó bien, hizo goles, fue una tortura para los defensores rivales. ¿Para qué más? Y las tribunas ya no dudaban. Se hizo una tradición que, cada vez que Independiente salía a la cancha, el grito ¡U-su-riaga! retumbaba por todo el estadio.

Por el mundo

Sin embargo, la salida de Brindisi y la llegada de un técnico uruguayo (Gregorio Pérez) a Independiente, señalaron también el camino de la partida para el cotizado jugador vallecaucano. Fue a México, ganando un dineral, pero en el Necaxa, campeón de ese país, ni se adaptó ni se adaptaron a él.

Entonces volvió a Cali, a las callecitas de su barrio, hasta que el Barcelona de Ecuador se acordó de ese grandote de piel alquitranada, de zancadas largas y gambetas endiabladas y lo llevó a sus filas, de donde pasó, rápidamente aunque por pocos días, al Santos de Brasil. ¡Qué suerte tiene Usuriaga¡, dijimos todos.

Mientras tanto, Gregorio Pérez vivía con la soga al cuello en Independiente. Y, lo que era peor, nadie le perdonaba haber sacado al díscolo pero fértil futbolista colombiano. Se llegó a plantear el dilema: Pérez o Usuraga. Y se fue el técnico.

Feliz regreso

Entonces, «El Palomo» regresó a Avellaneda, nada menos que a «ponerse bajo las órdenes» de César Luis Menotti. Y fiel a su grandeza, como si Avellaneda y ese rojo púrpura fueran sus aliados indeclinables, en una reaparición de apenas 25 minutos volvió a echarse en el bolsillo a la exigente afición de Independiente. Dos fantásticas llegas suyas sobe el arco de Gimnasia y Esgrima de La Plata fueron suficientes para firmar la victoria. Y tuvo otra opción, sobre la que el presidente del club se refirió: «Si Usuriaga hace ese gol -de rabona- soy capaz hasta de cerrar el estadio para hacerle un monumento».

Usuriaga vino después al América de Cali y estaba casi en el olvido, inmerso en esa indiferencia que duele, en la que parece que es lo mismo hacer las cosas bien o mal.

Pero cuando pocos se acordaban de él, «El Palomo» volvió a ser noticia. Apostó fuerte: se fue a jugar a un cuadro grande de Argentina. Un equipo que se llama Independiente y que en eso de las copas internacionales tenía, o tiene, una tradición. Y otra vez se hizo figura. Lo llevó al título de la Supercopa, también al de Argentina y al de la Recopa Suramericana.

De Albeiro Usuriaga podrán decirse muchas cosas. Todas las que se quieran, como de cualquier mortal. Menos, eso sí, que fue un mal jugador de fútbol. Y mucho menos, que no tuvo de su lado toda la suerte del mundo para respaldar sus innegables condiciones. ¿Para qué más?

Articulos relacionados