TRUMP DESCERTIFICÓ A COLOMBIA


TRUMP DESCERTIFICÓ A COLOMBIA (I)

Sin conocerse aún el pronunciamiento oficial de la Casa Blanca, el presidente Petro informó que Estados Unidos descertificó al país, aunque sin sanciones. Estamos sin duda alguna ante un golpe político y moral del «principal aliado y socio comercial» de Colombia, que tiene por lo menos tres lecturas: la primera, que Trump entra a jugar duro en las elecciones de 2026 como aliado de la derecha uribizada; la segunda, el gringo le envía un mensaje al candidato presidencial que finalmente prometa continuar con el proyecto político progresista, incluida las maneras de afrontar la fallida lucha antidrogas: la extensión de la descertificación está garantizada si resulta electo. Y la tercera, se trata de una inamistosa y cuestionable decisión que hace retroceder las relaciones entre Bogotá y Washington a los aciagos años 90 y en particular a las sostenidas con el gobierno de Ernesto Samper Pizano. Cada una de esas lecturas tiene unos desarrollos que a continuación presento:
La descertificación al país constituye un espaldarazo a la derecha colombiana que cuestiona la dignidad con la que el gobierno Petro quiso reconstruir las relaciones con los Estados Unidos. Y es así porque el sometimiento de los mandatarios anteriores a los caprichos de las autoridades estadounidenses históricamente se asumió como una condición natural. De allí que para mandatarios como Uribe, Pastrana, Santos y Duque comportarse como cipayos no les demandó ningún esfuerzo. Les salía natural.
Así las cosas, los precandidatos y finalmente los candidatos presidenciales de la derecha ya deben estar alistándose para gritar “vamos a recuperar la relación con los Estados Unidos« prometiendo abrir más bases militares como ya lo hizo Paloma Valencia, de volver al uso indiscriminado del glifosato para acabar con los cultivos de pan coger y por supuesto perseguir al campesinado que cultiva la mata de coca obligado por los grupos al margen de la ley. Volver a la aspersión y a la forzada erradicación de los cultivos de uso ilícito guarda el doble propósito de criminalizar al campesinado y echar para atrás la incipiente reforma agraria del gobierno Petro.
Con la descertificación a Colombia en su lucha contra las drogas, el gobierno del convicto presidente de los Estados Unidos acaba de poner a la administración Petro en el mismo nivel de inmoralidad y de ilegitimidad que en su momento Bill Clinton puso al gobierno de Ernesto Samper Pizano por haber sido elegido con los dineros del cartel de Cali. Al «Samperizar» las relaciones con Washington, el gobierno republicano de Donald Trump pone al jefe del Estado colombiano en el mismo nivel de animosidad que se profesa desde la tierra del Tío Sam hacia presidentes como Nicolás Maduro Moros y Lula Da Silva.
De acuerdo con lo que trascendió desde la Casa de Nariño la descertificación llegaría sin sanciones políticas. Petro señaló: «La descertificación no implica sanciones, hasta ahora no es oficial, pero sale así, sin sanciones. Vamos a medir el efecto. Esto tiene implicaciones, porque los Estados Unidos han dicho que todo lo que hicimos, incluidos los 13 policías muertos en Amalfi, se acabó eso”.
Si los Estados Unidos logra incidir en las elecciones de 2026 y poner en la Casa de Nariño a cualquiera de los cipayos que saldrán a gritar a voz en cuello que están dispuestos a cumplir con lo ordenado por Washington, el país regresará a los tiempos del Plan Colombia, Plan Patriota y su naturalización con la política de seguridad democrática. Al final, volverán los masivos desplazamientos de campesinos, marchas de cocaleros y la respuesta militar del Estado. En materia económica, cesará la persecución a los narcos que de tiempo atrás siempre tuvieron relaciones con agentes económicos y políticos de la sociedad civil. Y no volveremos a escuchar a «empresarios del campo» decir que «el gobierno no está dejando trabajar» en alusión directa al presidente Petro. Volverá el contrabando y las otras mafias legitimadas por la crema y nata de la sociedad colombiana. «Hay personas ligadas al narcotráfico que habrían hecho ‘lobby’ en EE. UU. para que Colombia fuera descertificada”, señaló el jefe del Estado colombiano.
TRUMP DESCERTIFICÓ A COLOMBIA (II)

Conocidas la inamistosa, irrespetuosa, arbitraria e ilegítima decisión del gobierno norteamericano y la fuerte reacción del presidente Petro, es fácil concluir que la descertificación de los gringos no se produjo por la falta de resultados positivos en la lucha de Colombia contra los cultivos de coca y la producción de cocaína, sino por la postura crítica del presidente colombiano frente a temas como el genocidio israelí en Gaza que los Estados Unidos viene legitimando, la limpieza étnica que viene haciendo Trump en la tierra del Tío Sam persiguiendo y expulsando migrantes latinos y por supuesto frente a la lucha antidrogas que no es otra cosa que la patente de corso de los gringos para someter a pueblos en donde se cultiva «la mata que mata» con su hipócrita y fallida política con la que su sistema financiero se sostiene a través del lavado de activos.
El no haber impuesto sanciones económicas a Colombia permite pensar que en el fondo los gringos reconocen la lucha librada por el país, con todo y sus víctimas y costos económicos, pero por estar en la Casa de Nariño un hombre crítico de la inmoral y fallida política antidrogas lo mejor es descertificar y de esa manera mandar un mensaje político que sea usado por la derecha en la campaña electoral para generar miedo en agentes económicos y políticos que necesitan del mercado norteamericano.
Por supuesto que también le están cobrando a Petro sus acercamientos con China a través de la firma del acta de entendimiento en el marco de la Nueva Ruta de la Seda. Los gringos ven en el gigante asiático como un peligro para mantener y extender su política exterior en las Américas, pensada para expoliar recursos genéticos y mantener las sempiternas relaciones de dominación sobre gobernantes cipayos que negocian las soberanías popular y estatal con visas para visitar a Mickey Mouse, con el compromiso de jamás atreverse a criticar las políticas de la inmoral potencia militar del norte del continente americano. Uribe, Duque y Santos fueron y son lacayos que cuentan con el respaldo de las autoridades gringas. Ahora que se vienen las elecciones en Colombia, a esa lista se suman ya Abelardo de la Espriella, Juan Carlos Pinzón, Santiago Botero, Vicky Dávila, Paloma Valencia, María Fernanda Cabal, Sergio Fajardo y Alejandro Gaviria, agentes serviles de los gringos.
Pero hay quizás un factor que para Trump y Marco Rubio, entre otros les resulta molesto: el reclamo de respeto por la soberanía de Colombia y el trato digno que viene exigiendo el presidente colombiano. Para el Secretario de Estado de USA esa postura de Petro le resulta «errática» porque están acostumbrados a manosear a los jefes de Estado colombianos, que de manera subordinada asienten todas las acciones que el decadente país del norte desee emprender en el territorio nacional. Nunca antes como hoy actuar con dignidad, valor civil y con sentido de humanidad se asume como una apuesta política inamistosa por quienes como los Estados Unidos promueven y ejecutan guerras, genocidios, invasiones y el sometimiento de pueblos a sus caprichos imperiales. Y aunque no se trata de ser de izquierda o de derecha, los acomplejados cipayos locales reducirán toda actitud soberana y digna de los «zurdos» o «rojos» a una postura altanera, grosera y equivocada frente al poder hegemónico.
Adenda: la decisión del presidente Petro de no comprar más armas a USA constituye una respuesta digna. Eso sí, habrá que buscar otros proveedores.
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