TRINAR O NO TRINAR

TRINAR O NO TRINAR. ¿ES ÉSTA ES LA CUESTIÓN? / Por Jaime Cárdenas
3 a.m. En la fría Santafé de Bogotá. El presidente de Colombia madruga a protestar por el trato a sus conciudadanos cuando son deportados.
4 a.m. Se enfurece el déspota no ilustrado.
6 a.m. Ruge el periodismo prepago.
6 a.m. Los que también madrugaron, a buscar visa, se enfurecen con Petro.
Matador dibuja a Uribe dándole el beso negro al blanco Trump, Fico está atrás echando codo para que el señor de la Escombrera le dé el gustico. La verdad es que, encuestados los colombianos, muchísimos no dudarían en darle a Trump esta prueba perversa de amor a cambio de una residencia en USA. En Colombia, si se permitiera ir a vivir tranquilamente a Estados Unidos, las ciudades quedarían desocupadas. El sueño ha sido alimentado de tiempo atrás, desde los años dorados de Hollywood, playas, bellas rubias como la Marilyn Monroe, autos descapotados y como Dios, siempre presente Washington mirando sardónicamente en los billetes verdes del dólar.
El sueño americano no está muerto, así se sepa que un millón de personas no tienen casa, que la salud es costosísima, que el clima hace la vida cada vez más dura y que si se es afro, mestizo o latino, un policía puede disparar con garantías de impunidad.
Claro está que Estados Unidos es un país grande: artistas, arquitectura esplendorosa, escritores grandes en todos los tiempos, músicos, científicos, bosques, formidables lagos, en fin, ha sido el imperio del presente.
Volviendo al trino antimperialista, no pasó de ahí, justo, pero sin mayor continuidad. Seguramente después se midieron las palabras. Latinoamérica no se levantará por Petro llegado el caso. Sólo Cuba y Venezuela protestarían ante la ONU, – no son parte de la OEA, ministerio de colonias-. Milei aplaudiría en público, Novoa, la Boluarte, Bukele en privado, Lula saldría con dos frasecitas, rehén como es de la cancillería brasileña diseñada por los Estados Unidos para ser funcional a sus intereses, del Paraguay, de Uruguay no se puede esperar nada, menos de Panamá y en Bolivia ya no está Evo. Es posible que Honduras saqué un comunicado. Habría que ver hasta dónde irían los términos del comunicado de Méjico que está enredado con la amenaza de los aranceles. Y Boric en Chile es tan tibio o más que Fajardo y tan falso como César Gaviria. La unidad latinoamericana en torno a Petro es un sueño de una fría madrugada de enero.
Y Colombia tampoco se levantaría. Por obvias razones no hace falta referirse a la oligarquía que ha sido dueña del país, para este grupo hay que agradecerle al señor de la Escombrera que por fortuna intervino por la patria. La clase media, sea quien sea el presidente de los Estados Unidos, añora siempre ir a Miami y a Disneylandia. ¿Cómo entonces probar que no se es pobre? Por su parte, quienes se reclaman propulsores del cambio en el Congreso sibilinamente harían mutis por el foro, se encuentran preocupados por sus negocios y pensando en su reelección, calculando a qué candidato se unirán para las elecciones de presidente. Hay allí unos dos payasos que se definen como defensores de los campesinos, uno se disfraza como agricultor, otro saca títulos de París, pero lo que es un movimiento campesino organizado que defienda a Petro es inexistente, así como es dudoso que las organizaciones indígenas se metan de lleno con sus chivas y sus guardianes a defenderlo. En el Putumayo donde hay elecciones a gobernador los dirigentes indígenas se han aliado con la derecha quedando con el pacto histórico un digno e íngrimo taita entrado en años. Y los amigos afros sufren la maldición del helicóptero de Francia Márquez que, antes que convertirse en una verdadera líder del movimiento afro, siguió los pasos de la tradición politiquera del Cauca. Los sindicatos, ya sabemos, la CUT y homólogos, cero, disfrutando de los privilegios, protestando sólo cuando sus intereses estomacales los lleva a pronunciarse. Queda la juventud, los estudiantes, siempre dispuestos a entregar la vida en las calles. Se les dijo que se les condonaba las deudas del Icetex, que no se les cobraría matrícula, etc., etc. Lo mínimo que cuesta un posgrado en una universidad pública son seis millones de pesos, ahí están colgados con sus deudas y cuando salen de la universidad quieren irse a Australia a trabajar como obreros donde tengan trabajo, con la esperanza de algún día regresar. Esta vez no saldrán a las calles.
Y quedan unos cuantos colombianos respetables y convencidos de las grandezas de lo que ha producido el cambio. Aireadamente protestarán un día y al siguiente, el que sigue lo harán por internet en sus grupos cerrados, finalmente esperarán que un nuevo mesías sea nuestra salvación.
Olvidaba a Gustavo Bolívar. Sin embargo, es difícil pensar que esté dispuesto a dejar su mansión en Miami, desde donde le gusta salir retratado como en sus tiempos no lejos de ahí lo hacía en la suya Hugh Hefner.
Entretanto se continúan con los planes de los Estados Unidos de apropiarse, hoy más que nunca, de los recursos de la Amazonia, continúan los convenios para que se la militarice bajo la excusa de la lucha contra el narcotráfico, siguen las bases militares gringas en nuestro país gozando de las prerrogativas de no acatar nuestra ley, son un insulto a la soberanía, sigue en firme la construcción de la base militar gringa en Gorgona frente a lo cual la ministra del medio ambiente nada dice, seguimos pagando una ominosa deuda externa, se viene un nuevo plan Colombia diseñado por Estados Unidos para combatir el narcotráfico que continuará la guerra en las regiones para su saqueo.
Valdría la pena trinar sobre estos tópicos. Y no pensar que las cosas se pueden arreglar con un fraterno whisky con un criminal como Trump. La historia, la experiencia de los pueblos indica el camino a seguir.
Créditos de la imagen destacada: https://www.facebook.com/matadorcaricaturista
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