Tom Jones (II)


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Tom Jones (II)
«Este libro se lee como se bebería un vino sano y generoso»

Hay una intencionalidad didáctica, una auscultación psicológica, un ingenioso uso de lo cómico para hacer reír y pensar, que invitan a seguir el camino de esta vivaz prosa de Henry Fielding. Y un manifiesto tono filosófico que deja sin razón cualquier propósito moralizante. El concepto de ‘virtud’, por ejemplo, no tiene el significado llano de ‘rectitud’ o ‘bondad’, sino que es configurado por las circunstancias y contingencias del sujeto social.
Moralizar es hacer que alguien crea o se comporte de determinada manera; en tanto que la pedagogía y la didáctica buscan que el individuo piense, y mediante el discernimiento tome decisiones autónomas. En suma, que aprenda a pensar. El narrador de esta novela apela reiteradamente a la ‘mayoría de edad’ del lector, y sugiere: «el lector puede implicarse con lo que sucede, emocionarse y reírse, y también pensar». Antes ya ha advertido: «no es nuestro deseo engañar a los lectores».
En una referencia a Séneca, el narrador subraya la intención de dar un giro a la ‘virtud’, a fin de que, más que moralidad y perfección, tenga alcances de sabiduría; esto implica el crecimiento personal desde el conocimiento y la experiencia, acendrado en el buen juicio de la sensatez. La sabiduría nos conmina a hallar el ‘justo medio’ entre juicios que, aunque opuestos, no son ajenos a nuestra naturaleza; de un lado, lo próxima que parece estar la felicidad: «…en tu carácter hay mucha bondad, generosidad y honor. Si a semejantes cualidades añadieras la prudencia y la religiosidad podrías ser feliz»; y del otro lado: «La propia naturaleza humana ha traído la confusión a nuestras mentes, siendo difícil de entender que el Supremo Hacedor haya creado un animal tan vil e imperfecto». Como ves, apreciado lector, la técnica es “hacer creer” que discutes con el narrador, que te involucras.
El humor, en sus distintas variables, es parte esencial de la técnica y el estilo en esta novela; innúmeros recursos de comicidad están allí. La ironía y la sátira son hilos conductores de la narración. Algunos recodarán haber leído sobre lo peligrosos que eran los caminos de Europa en aquellos siglos; todo viaje era una zozobra, por la presencia imprevista de salteadores; reflejo además de las precarias condiciones económicas del ‘pueblo bajo’. Uno de esos incidentes es expuesto así por el estilete satírico: «…declinó proseguir la acción judicial contra un salteador de caminos que le había robado no solo el dinero que llevaba encima, sino que, además, al quitarle los pendientes se había burlado de ella, diciendo: “Dama tan bella como usted no precisa de joyas para destacar su hermosura”».
Termino la reseña con sentencias, tomadas textuales de Tom Jones.
- Los hombres verdaderamente sabios y benévolos toman a las personas tal y como son, sin quejarse de sus imperfecciones ni intentar enmendarlas.
- Las palabras “nacimiento innoble” no tienen ningún sentido, de no ser que la palabra indigno se aplique a los padres, ya que los hijos no pueden ser deshonrados por un hecho del que son absolutamente inocentes.
- Siempre he pensado que es signo de suma crueldad aprisionar a nadie. Parece estar contra el derecho natural, pues todos debemos ser libres.
- He oído explicar a cierto autor dramático que prefería escribir un drama a un prólogo. […] el mérito primordial de prólogos y capítulos es el de que sean breves.
- Lo único que pido es que un hombre sea capaz de conocer previamente el tema sobre el que va a tratar.
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