Tipografía La Linterna: gesta, resistencia y leyenda


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Tipografía La Linterna: gesta, resistencia y leyenda
Por: Carlos Fajardo Fajardo
Tipografía la Linterna. Afuera, en sus paredes, se observan los múltiples carteles de colores que la han convertido, quizás, en la más conocida en Cali y en Colombia. Entré a ella en búsqueda del emblemático y polémico manifiesto que Andrés Caicedo pegó en las calles de Cali exaltando a Richie Rey y rechazando el sonido de la música paisa, cartel que el escritor caleño hizo imprimir en 1971 en dicha tipografía. En su interior me llené de olor a tinta, de color, vitalidad y de pasado al ver funcionar aquellas inmensas máquinas de finales del siglo XIX que todavía asombran y alegran la mirada de turistas, paseantes y compradores, constituyéndose en el testimonio de una época, símbolo de la memoria tipográfica de Cali, pues en sus espacios guarda legendarios recuerdos desde los años treinta del siglo XX cuando la empresa fue fundada por los Sinisterra.

Para algunos su historia inicia hacia 1934 en el barrio Santa Rosa. Hoy sus máquinas conservan el mismo sonido de hace más de cien años: una Marinoni francesa de 1870 y la Reliance, neoyorquina de 1890, máquinas tipográficas de formato pliego. Todavía imprimen no sólo carteles, sino alegría y gracia poética. Las cuitas de esta mágica y fabulosa imprenta están relatadas por Jaime García Calderón, uno de sus actuales propietarios, en el breve y extraordinario libro Historia de un tipógrafo (2022), autobiografía que narra su llegada a Cali en 1970, su infancia en los barrios Obrero y Alfonso López, las peripecias de sus trabajos de adolescente en la plaza de mercado Alameda, como también en una fábrica de muebles metálicos, hasta emplearse, en febrero de 1981, a los 16 años, en La Linterna, situada en esos momentos en el barrio Santa Rosa. Estremecedora historia de vida, de superación personal y familiar, de sacrificios y resistencia en aquella tipografía donde fue operario desde adolescente.

Jaime García en su libro dice que La Linterna se instaló en un local del barrio San Antonio cuyo dueño era Mateo Gamboa, pariente de los escritores, educadores y poetas Isaías (Cali 1872, Callao, Perú, 1904) y Francisco Antonio Gamboa (Cali 1866, San Salvador, 1908), representantes de la intelectualidad caleña. Su fuerte era el cartel callejero que anunciaba espectáculos de cantantes, discotecas, campañas y protestas políticas, circos, bingos. En Bogotá se hicieron carteles ilustrados para el Teatro Nacional la Castellana, la Orquesta Filarmónica, Fanny Mickey, el Teatro Libre, Galería Café Libro y para los conciertos de Pavarotti, Plácido Domingo, Eros Ramazotti, Facundo Cabral, Vicente Fernández, Elton John, y grupos de Rock como Metálica y Guns N’ Roses.
La empresa pasó por varios dueños; tuvo épocas de esplendor económico gracias a los contratos provenientes de Cali, Bogotá, Medellín, Manizales, Pereira, Bucaramanga, Armenia y de otras ciudades colombianas, pero también padeció fracasos y abismos financieros como el sufrido en el 2016 debido a la prohibición por parte del alcalde de Bogotá Enrique Peñaloza de fijar carteles en la ciudad. Tal normativa fue asumida por otras ciudades. Ello unido al auge de la impresión digital, hizo que La Linterna sufriera el destino de muchos oficios que van desapareciendo del mapa de nuestros barrios en esta época de globalización tecno-virtual.
En el mes de abril de 2017, en medio de la crisis, Fabián Villa y Patricia Prado, dos jóvenes diseñadores, se unieron a La Linterna. Llegaron allí porque deseaban hacer un cartel en esa vieja imprenta para su proyecto Casa Ternario, una galería donde exponían artistas gráficos. “Como dos clientes más, necesitaban que le hiciéramos un cartel para presentar la marca de un diseñador amigo de ellos, Juan Pablo, más conocido como ‘Eslabón Perdido’. Ellos quedaron asombrados con lo que encontraron en este lugar. Mientras les elaboramos el cartel nos pusimos a conversar y a contarles la situación por la que estábamos atravesando; ellos nos dijeron que esto que había aquí es un tesoro con mucho potencial y que ellos tenían la gente para ayudarnos a salir adelante”, relata Jaime García en su libro.
Desde ese momento se hicieron cómplices en el trabajo, lo que facilitó que La Linterna tomará otros aires con propuestas de una colección de carteles titulada “Tipos, tintas & Rock and Roll”, como también la colección “Flashback” sobre películas de los ochentas y otra sobre personajes de la salsa, a la vez que se impulsó la campaña “Salvemos la Linterna”, la cual fue todo un éxito mediático y publicitario. “Y así iniciamos una nueva aventura con este grupo de jóvenes diseñadores”, escribe Jaime. Y prosigue: “Con esta nueva propuesta era hacer impresiones sobre impresiones a la cual en el campo de la tipografía se le llaman máculas, que para nosotros era un error, para esta nueva generación era arte”.
De modo que los operarios más antiguos, que habían resistido los cataclismos y vendavales, negociaron las antiguas máquinas con el dueño de la empresa Andrés Berón Sinisterra. Así lo cuenta Jaime García en su libro: “Estábamos en la composición del calendario 2018 cuando nos llegó una carta de desalojo por parte de la Alcaldía. Para nosotros fue como un baldado de agua fría y una frustración muy grande ver que todo lo que estábamos logrando se venía al piso. Le mandamos la orden de desalojo a Andrés que estaba en Bogotá quien nos manifiesta que no sabía qué hacer. Lo primero que pensó fue en chatarrizar las máquinas y lo que dieran por las máquinas repartirlo y hasta luego, que todo había acabado ya. De antemano nosotros ya sabíamos que íbamos hasta diciembre no más, porque meses atrás así nos lo había manifestado Andrés. Fue aquí donde tomamos la decisión de recibir las máquinas que ya en dos ocasiones nos había ofrecido”.

Entonces, Olmedo Franco, Héctor Otálvaro y Jaime García recibieron las máquinas como pago de la indemnización y se hicieron propietarios de esta maravillosa labor. De allí en adelante las ventas de los carteles se dividían unas para el artista, otras para los dueños y lo demás para pegar en la calle. Abrieron una tienda donde venden stickers, camisetas, agendas, libros. Sus propietarios comenzaron a ser invitados a Ferias de Libros, Universidades y eventos. La moda retro de la globalización postmoderna los ha favorecido, puesto que actualizó todas aquellas técnicas tradicionales como son el linotipo, el grabado y el linóleo, trabajadas artesanalmente figura por figura, letra tras letra en los moldes.

Jaime García y Olmedo Franco

Al llegar a su puerta lo primero que me impacta son los carteles, los cuales sirven de fondo para las respectivas fotos y los vídeos de turistas, locales y transeúntes. Luego está la amabilidad de sus propietarios y trabajadores, el abrazo de Jaime, los saludos de Olmedo y de Héctor; más adelante, el hechizo de todo este taller-tienda y museo que se ha vuelto un ícono histórico, patrimonio y guardián de la memoria, tanto del cartel artesanal, como del barrio San Antonio y de la ciudad, siendo tal vez la última imprenta de éste tipo en Colombia.



