La teoría a la inversa de la prosperidad



El expresidente Álvaro Uribe Vélez volvió a aparecer con una de esas frases que solo pueden surgir del laboratorio político de la extrema derecha: «si suben el salario mínimo, la gente será más pobre».
Una afirmación tan absurda que haría sonrojar a cualquier estudiante de economía… pero que dicho desde el altar mediático que aún lo protege, intenta pasar como “reflexión seria”.
Durante el foro virtual “Por una canasta familiar asequible”, Uribe sentenció que los aumentos del salario mínimo bajo el Gobierno Petro no han traído alivio, sino más dificultades. Que “a pesar del incremento, al pueblo le está yendo mal”.
La conclusión implícita es evidente: darles más a los trabajadores es un error según el expresidente.
Lo curioso es que jamás escuchamos esa teoría cuando los aumentos favorecen a los poderosos.
Ahí sí, silencio absoluto.
Porque si el argumento fuera coherente, entonces los 5 millones de pesos que se sumaron los congresistas tendrían al país llorando en las esquinas.
Pero no: esos incrementos jamás dañan nada.
No golpean la economía.
No generan pobreza. No levantan alarmas. Más bien parecen un “derecho natural” de quienes viven del erario sin representar a nadie.
La extrema derecha sostiene una teoría a la inversa de la prosperidad:
Cuando el pueblo recibe un poco más, “la economía peligra”.
Cuando las élites reciben muchísimo más, “la economía respira”.
No lo dicen así, pero lo practican cada día.
Y aún, se atreven a asegurar que los trabajadores están peor pese a los incrementos salariales.
¿Peor para quién?
¿Para la clase trabajadora, que finalmente ha recuperado algo de poder adquisitivo perdido durante décadas?
¿O para las élites que, acostumbradas a explotar, sienten pánico cuando el pueblo deja de ser sumiso y hambriento?
La verdad es otra, aunque intenten maquillarla: Si tan malos fueran los incrementos para el bolsillo de la clase trabajadora, ¿por qué la ultraderecha se ha enriquecido a costa del Estado durante años sin que eso nunca les parezca un problema?
¿Por qué los salarios de congresistas, magistrados y altos funcionarios pueden crecer sin que ellos mismos digan que eso empobrece al país?
La respuesta es sencilla: Para ellos, el hambre es pedagógica cuando la sufre el pueblo. Pero intolerable cuando amenaza su propio banquete.
Uribe lanza esta teoría absurda porque sabe que el país está cambiando. Que el pueblo ya no come cuento.
Que los trabajadores entienden que su pobreza no proviene de los aumentos del salario mínimo, sino de un modelo económico que durante décadas convirtió el trabajo en servidumbre y la riqueza en privilegio hereditario.
En realidad, lo que les molesta no es el salario.
Lo que les molesta es que el pueblo ya no está dispuesto a vivir con las sobras que dejan en las mesas de las élites que durante décadas se adueñaron del país.
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