SONETOS LUJURIOSOS Y DIEZ TRINOS

SONETOS LUJURIOSOS (I, II, III y IV) DE PIETRO ARETINO + DIEZ TRINOS

I
Amémonos sin taza ni medida,
puesto que para amar hemos nacido.
Adora mi gorrión, cual yo tu nido,
pues sin ellos, ¿valdría acaso la vida?
Y si aún después de ella, ya extinguida,
fuese posible amar, mi bien querido,
a gritos pediría el bien perdido
para seguir gozando todavía.
Gocemos, pues, cual lo hizo dulcemente
la primera pareja de mortales,
aconsejados por la audaz serpiente.
Que nos perdieron por amar ¿se dice?
Blasfemias son los dichos tales,
que solo aquel que no ama es infelice.
Calla, pues, y ama tú también, ¡Te digo!
Calla, y méteme ya hasta los cojones,
Jueces del amor, y del amor testigos.
II
Méteme, rey, un dedo en el trasero;
cuélame ahora la pieza despacito;
húndela toda bien, que no me quito
y gózame gozando, como quiero
¡Ay, qué placer! Me matas y me muero;
Si esto es pecar, pequémoslo infinito!
¿Quieres meter tu gloria en mi culito
Y en el chisme el dedillo traicionero?
Bien está ya ensartado en el chumino;
si es que no me equivoco en el camino,
¡Esto es vivir! Y no los insensatos
que lejos de la cama y de la mesa
pierden el tiempo como mentecatos.
¿Qué gozar es morir? ¡Bah! Estupideces;
Para vosotros la virtud, pazguatos,
Por una vez amar… ¡morir cien veces!
III
Déjame lo acaricie… ¡Oh, qué tesoro!
¿Cómo sin esta joya ser feliz?
Cuando me llena soy… ¡emperatriz!
¡Verga divina rica como el oro!
Húndete en mí sin miedo, te lo imploro:
Llégame de un envite a la matriz,
que no hay pieza que valga una lombriz
si en la ocasión observa ruin decoro.
Libro abierto es tu boca, amada mía.
Negarle a buena almena buen envite
es negarle a un enfermo una sangría.
Culos cate quien tenga leve falo:
mas quien goce, cual yo, de un buen retoño,
busque siempre en las vulvas su regalo.
-Dices verdad, que la ilusión del coño
son las vergas cual esta que me llena
el conducto que va del papo al moño.
IV
Levanta bien la pierna, vida mía;
quítame ya la mano del carajo,
y si quieres que te haga un buen trabajo
el culo has de mover, reina, a porfía.
Y si mi verga ves que desvaría
Y se te va por el postrero atajo,
Calma, que no tiene ojos el badajo;
Calma, y disculpa su trapacería.
-¡Por el cielo! Locura grande fuera
soltar ahora este ariete, y no apuntarle
donde tenerle siempre bien quisiera.
Que no dejarte por detrás colarle
tan solo tu persona gozaría,
y, sin goce, yo habría de aguantarle.
Cumple, pues, bien, o vete de mi lado.
-¿Irme sin ver y hacerte ver el cielo?
No haré, aunque pecador, tan gran pecado.
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Los anteriores sonetos (con ilustraciones de Giulio Romano), fueron tomados de un pequeño libro titulado Dieciséis Sonetos Lujuriosos, de Pietro Aretino, Arcadia Editores, Medellín. 1987.
Una breve nota, tomada de dicho libro:
“Aretino nace exactamente el año del descubrimiento de América (Arezzo, 20 de abril de 1492 – Venecia, 21 de octubre de 1556). Il Flagelo dei Principi fue el título que acogió con mayor satisfacción y honra. Nadie como él fue más denigrado, temido y odiado. A Venecia, en el palacete que fue escenario de su vida de gran señor, confluían las intrigas de la Europa renacentista, las consultas, las solicitudes sobre algún concepto literario. Se acuñó su efigie –honor poco común- en una medalla de bronce. Fue protegido y encomiado por el Papa León X, Medici, Francisco I, Carlos V, el Marqués del Vasto y el Duque de Urbino, se cuentan entre los que lo colmaron de adulaciones y honra. Miguel Ángel y Tiziano buscaron su protección y sus consejos. Y fue Ariosto, el gran poeta de Orlando Furioso, quien le llamó para la posteridad, Poeta Divino.
Sus obras, que sobrepasan muchas veces el erotismo, se catalogan entre las más valiosas de la literatura universal: los Diálogos amenos, las comedias El Mariscal, La cortesana, El hipócrita, Talanta y el filósofo. Su tragedia Orazia se señala como uno de sus textos esenciales. Un libro sobre el Génesis. Otro sobre la Humanidad de Cristo. Y sus Dieciséis sonetos lujuriosos” (Los Sonetti lussuriosi de Pietro Aretino fueron escritos para acompañar los grabados de Marco Antonio Raimondi a partir de dieciséis dibujos de Giulio Romano, los Modi (posturas). Ese libro conjunto debería haber sido publicado en Venecia hacia 1527, pero sólo pervive un ejemplar de una edición clandestina, denominado “Toscanini”. Existen varias versiones contemporáneas de estos sonetos en español”.
Otra breve nota, tomada de Wikipedia:
“…fue un poeta, escritor y dramaturgo italiano.
Conocido principalmente por sus escritos licenciosos (sobre todo por sus Sonetos lujuriosos), también firmó obras moralizantes que le congraciaron con el ambiente cardenalicio que frecuentó. Es uno de los intelectuales más representativos del espíritu renacentista italiano y una de las figuras que mejor muestran la superación de la visión teológica y ética medievales. Sus escritos sobre arte y sobre Tiziano especialmente, propiciaron múltiples encargos e incidieron en el prestigio internacional de este pintor.
Se desconoce cómo fue su infancia, salvo que nació la noche entre el 19 y el 20 de abril de 1492 y que era el hijo de un zapatero llamado Luca (su apellido quizá era Del Tura) y de una prostituta, Margherita dei Bonci, llamada Tita, que también servía de modelo para pintores y escultores. El apellido de Aretino con el que es conocido en realidad es el gentilicio de su ciudad natal, Arezzo. De hecho, a menudo se le nombra simplemente como El Aretino.
A Pietro Aretino le gustaba definirse así: Figlio di cortigiana, con anima di re («Hijo de cortesana con alma de rey»).
Escribió en su Correspondencia:
Me dicen que soy hijo de cortesana; esto no me vuelve malo; sin embargo tengo el espíritu de un rey. Vivo libre, me divierto y por tanto puedo llamarme feliz. Mis medallas están fundidas con todos los metales y todos los materiales. Mi efigie está expuesta frente a los palacios. Se esculpe mi cabeza en bustos, en medallones, sobre el marco de los espejos, como se hace con Alejandro, César, Escipión. Algunos vasos de cristal se llaman vasos aretinos. Una raza de caballos ha tomado mi nombre porque el papa Clemente me regaló uno de ellos. El arroyo que baña parte de mi casa se llama el Aretino. Mis mujeres quieren que las llamen Aretinas. Finalmente, se dice «estilo aretino». Los pedantes pueden morir de rabia antes de alcanzar tanto honor.
Algunos historiadores de la literatura aseguran que Pietro Aretino ordenó (sin que se le obedeciera) grabar sobre su tumba la siguiente inscripción:
Aquí yace Pietro Aretino, poeta toscano,
que de todos hablaba mal, salvo de Dios,
excusándose diciendo: «no lo conozco».
P.D.: próximamente, en tanditas de a cuatro, les compartiré los otros doce Sonetos Lujuriosos de Aretino.
DIEZ TRINOS / @LeónGil2011
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