«SOMOS POLVO BAJO EL SUDARIO DE PÉTALOS»


«SOMOS POLVO BAJO EL SUDARIO DE PÉTALOS»

Caemos al vacío
como pedazos de una flor
Fragm. Viaducto
Tomo como título hermoso el último verso del poema Viaducto del poeta Julián Chica de la vecindad de Dosquebradas en su libro Protocolos de Misericordia. Quizás la vida nos vapulea y el poeta halla un consuelo para preparar nuestra sepultura.
Sí. Esa es nuestra condición. También lo dijo Quevedo afortunado en Amor constante, más allá de la muerte: al morir seremos «polvo, mas polvo enamorado». Qué leve condición la del mortal humano. Llegar a ser, al fin del tránsito por este mundo, un suave polvo. Un manojo, apenas, un liviano fardo de cenizas. Mas, por misericordia, vive ese polvo recogido provisionalmente mientras dure la vida – y a discreción – en la piel y la osamenta que nos sostiene.
Ahora, viene Chica – bajo el pseudónimo ingenuo de «Ju Chi» -, a emular con el monstruo émulo de Góngora y Argote a revivir con acierto la metáfora famosa de que el ser humano llega a ser polvo, bajo el sudario de los pétalos en que duerme ya difunto. Sí. No obstante que el vivo ya no vive y estará bajo tierra, primero yace bajo unas sábanas o manojo de flores que lo apartan de las miradas de curiosos.
El poeta utiliza la realidad del Viaducto y la desafortunada racha de suicidas que se descolgaron desde su altura y las coronas de flores que traen los amigos como la metáfora de «sudario de pétalos».
Introducen y ambientan el poema las tragedias del lanzamiento al vacío desde arriba y enumera tres conocidas flores – lo que después apellidará sudario -.
El poema es corto, como han sido rápidos los vuelos y caídas en vilo desde la empalizada de hierro que sirvió de túmulo hasta terminar en triste golpe mortal con agua receptora.
El poema es bello y es como una lección que deja la historia del puente-viaducto que une a Dosquebradas con Pereira.
Cruzan por él miles de usuarios que viajan por la vida. Van y regresan en busca de su domicilio o para conseguir los medios para sobrevivir o para divertirse. Mientras otros, – poquísimos -, lo usan para estrellar su humanidad contra el cauce del inocente río que los recibe con los ojos sorprendidos.
El Via-ducto es eso. Una vía que nos conduce a donde tenemos un destino. Por supuesto que es ir de compras, por diversión o de visita o, simplemente, de paseo. Era la unión de dos ciudades, era el cordón umbilical que se cortó cuando ambas sintieron que podían valerse por sí mismas.
Hoy es un recuerdo, es un tramo de unión de la vía que corta la hondura del abismo sobre el Río y un testigo de una vecindad compartida de historia y de familias. Quienes llegamos de fuera admiramos su esbeltez y gozamos por unos dos minutos del paisaje. Y echamos a nadar la vista por entre las aguas abajo, sin mojarla.
02-05-18 5:33 p.m.



