Solo un sabio o maestro tiene el poder de invocar a los espíritus


Solo un sabio o maestro tiene el poder de invocar a los espíritus.
A lo largo de la historia, mitos y leyendas han mostrado que a los humanos nos excita la idea de andar buscando poderes que no sabemos manejar. Y es indiscutible que poco caso hemos hecho de sus advertencias. Refiero dos ejemplos, el mito de Faetón y el poema de Goethe.
En la mitología griega Faetón, hijo de Helios, es recordado por ser el desdichado conductor del carro del sol. Presumía ante sus amigos que su padre era el Dios-Sol, cosa que no le creían. Para demostrarlo, pidió a su padre conducir por un día su carruaje (sol). Helios intentó disuadirlo diciéndole que era demasiado peligroso, Faetón no accedió.
Con tanta insistencia su padre le permitió hacerlo, Faetón condujo el carruaje, pero perdió el control de los caballos que lo llevaban. Subió tanto que la tierra se enfrió y después bajó tanto que el bosque se secó y se encendió. Faetón convirtió en desierto la mayor parte de África, carbonizando la piel de los etíopes hasta volverla negra. Al final, el dios Zeus se ve obligado a intervenir para evitar una tragedia mayor deteniendo el carruaje con un fuerte rayo. En consecuencia, Faetón cayó a las aguas del río Po y se ahogó.
En 1797 Goethe escribió el poema “El aprendiz de brujo” (en 2010 Disney lo llevó al cine). Un viejo hechicero deja en su taller a su aprendiz encargándole varias tareas, una de ellas traer agua. Agotado y colérico de tener que ir varias veces a traer agua en un balde, el aprendiz encanta una escoba para que haga el trabajo por él, aunque no conoce la magia.
Es tal la energía de la escoba trayendo agua que el taller comienza a inundarse. El aprendiz que no sabe cómo parar la escoba, coge un hacha y la parte en dos, pero cada parte se convierte en otra escoba que sigue trayendo agua. El taller se inunda. Cuando el agua rebosa el taller, el viejo hechicero regresa y ágilmente rompe el hechizo.
En ambas tradiciones, un único hombre adquiere un poder enorme, pero la soberbia y la codicia lo corroen.
Nuestra psicología individual imperfecta provoca que abusemos del poder. Hoy el desarrollo de Inteligencia Artificial -IA- ocupa el centro de atención.
Lo que quiero llamar la atención es que esta tecnología es un ultimátum sin antecedentes para la humanidad. Una tecnología que puede tomar decisiones y generar nuevas ideas por si misma.
Si nuestras vidas dependen cada vez más de las decisiones de una herramienta cuyo perfeccionamiento queda por fuera del conocimiento de los ciudadanos, las consecuencias para la humanidad son impensables.
Tal vez muchos de ustedes crean que estoy en las drogas y estoy alucinando. No lo estoy. Más temprano que tarde entenderán mi llamado.
Por ahora les dejó una analogía: imaginen un aprendiz en la bolsa de valores cansado de la monotonía financiera y que quiere ser billonario de la noche a la mañana y crea por medio de una escoba de IA que no puede controlar ¿qué podría pasar?
Estamos dejando nuestras vidas a merced de desconocidos y eficaces agentes que son más sagaces que nosotros, y que no entendemos ni controlamos del todo. Si los humanos no encontramos una manera de cooperar y resguardar nuestros intereses simultáneos, seremos presas de la IA.
Les convido a no pasar por alto este asunto. Seamos conscientes y tratemos de entender lo que hay detrás de este nuevo agente que nos deja obnubilados.
Seamos más sabios, maestros y ciudadanos y así tendremos el poder de invocar nuestros propios espíritus.




