DE SOLEADA POR SAN CIPRIANO



Salir de la ciudad, alejarse del lugar donde uno pareciera abrir un hueco para enterrarse en el trabajo, las labores de hogar y ver las mismas noticias del acontecer colombiano, es un acierto en nuestras decisiones. Cambiar de paisaje, ver otras caras, vestirse de camiseta roja gorra, sudadera y zapatos tenis es bueno para los propios ojos y la conciencia de ser otro de vez en cuando.
Conocer sitios, visitar árboles y parajes, montar en brujitas que rechinan dientes cuando vuelan, atravesar el río con piedras en los pies, sentir el frío del agua en el estómago y el vientre… mientras el sol, arriba, llena con su lengua de fuego la cara y las orejas. Eso es vida, es salir de la monotonía y competir con la novedad y el asombro.
Hay lugares en el mundo tan singulares, tan dignos de conocer, tan desconocidos y tan cerca, que basta alargar la mano y saludarlos. Esa es la Reserva natural de San Cipriano, al lado de la carretera junto a Córdoba o Zaragoza, muy cerca del puerto más floreciente de Colombia: Buenaventura. Toma uno la van, bien cómodo y en un dos por tres se descuelga y camina un poquito por la calzada de piedra y llega a la carrilera donde hay decenas de brujitas esperando.
Las “brujitas” son pequeños tablados con ruedas de tren que se mueven con motocicletas que solo utilizan su motor para impulsar la vagoneta con seis o diez pasajeros por encima de los rieles. Se paga el pasaje de ida y regreso y en cinco o siete minutos llega uno a la entrada mágica donde una unión de ríos y vertientes forman una serpiente que se mueve alargándose y reptando por entre meandros y sombras de árboles seculares con flores y frutos salvajes. Yo iba escoltado por las contadoras Ruby y Gloria Amanda y el guía turístico Jamir que nos libró de un tábano.
Los Ríos Dagua, San Cipriano y Alderete estaban crecidos por las lluvias de la noche anterior pero sus aguas limpias nos estaban esperando. Contrastaba el calor exterior que sofocaba y el frío de las aguas juguetonas que aliviaban los cuerpos y las entrañas calientes con la caminata por entre senderos como La Tortuga, La trompa del Diablo o la Cascada sonora o del Amor Escondido.
Familias enteras visitaban el lugar en este puente festivo. Me recordó el recorrido por los meandros que hay que recorrer para llegar hasta las cataratas de Iguazú. Un poquitico de inversión haría de este lugar un emporio del turismo porque es un sitio paradisíaco. Se aprecia la presencia de aves que emiten sonidos exóticos aunque es notoria la ausencia de los animales propios de nuestras selvas y bosques. La atención de los sanciprianences es suntuosa en la mesa y en la generosidad de su trato al huésped visitante.
Sobre la mesa llegaron los camarones, la piangua, el bagre, el pollo, las empanadas de camarón, las tostadas vallunas, el arroz blanco, el sancocho de gallina, las chancacas, la aguadepanela con limón, el viche y la cerveza. Qué día tan rico en experiencias y naturaleza. Al comienzo de la noche regresamos cómodos y rápido en Expreso Arauca.
21.03.17 9:42 a.m.
Ver: https://www.youtube.com/watch?v=7tijIhN0w74
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