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Domingo, 4 de octubre de 2026
jueves 16 marzo, 2017 a las 8:01 am

SOBREVIVIENDO EN QUILICHAO

Crepitaciones

Es un sábado cualquiera en mi amada ciudad de Santander de Quilichao. Son las 9 de la mañana de un día hermosos y soleado. Día de mercado y de galería o “galemba”, como dicen por allí. Me dispongo como siempre a recorrer sus calles y carreras como antes lo hacía en mi Santander de antes, cuando nos dábamos ese lujo de salir, así tranquilos y despreocupados, saludando y conversando con los amigos y amigas de esos tiempos que nunca volverán.

Me aproximo al centro de la ciudad por la carrera 10, entre calle 10 y 5ª. Entonces observo una escena inusual, como de película, al estilo Hollywood: una cantidad enorme de motos y motociclistas jóvenes, algunos con mujeres como parrilleras quienes, alardeando de sus vehículos y a toda velocidad, hacen cabriolas y eses en medio de la vía, como mostrando su habilidad para manejarlas, desafiando el peligro. Y creo que así es, porque algunos de ellos, en contravía, se devuelven en medio del grupo general y muy felices, como si nada, en medio de gritos estridentes, se unen otra vez al grupo y continúan, dando vuelta por la calle 5ª. Desde luego que yo quedé atónito, tragando saliva y asustado ante el espectáculo tan tempranero de los motociclistas, al igual que el resto de quilichagüeños que transitábamos por esa carrera.

Esa escena tremenda y de impacto, me conmovió sobremanera y me puso a pensar y cranear esta columna de opinión. Fue como si un puñetazo se estrellara en mi conciencia de quilichagueño adoptado y me recordara de improviso que ahora son otros tiempos en mi Santander de Quilichao, más convulsionados, frenéticos y peligrosos, sobretodo en el tema de la movilidad y el tráfico vial. Es que ahora da físico temor salir a hacer cualquier vuelta a pie, por dos peligros latentes: el CAOS VEHICULAR QUILICHAGÜEÑO y LA INSEGURIDAD PÚBLICA. No hay autoridad en nuestra ciudad que sea capaz de colocar orden y solucionarlos de inmediato.

La anterior situación descrita, fue corroborada por los comentarios de varias personas, quilichagüeñas de nacimiento, quienes al regresar a nuestra ciudad, se mostraban preocupadas por el desorden y el caos de la actual ciudad, sobretodo en el tema de las motos y la falta de cultura ciudadana. Y ahora que me acuerdo, respecto al tema en cuestión, me contaron de un conocido personaje quilichagüeño, quien ante la disyuntiva de vivir en Santander de Quilichao o en Cali, optó por hacerlo en Cali, debido a ese caos quilichagüeño imperante en el tema vial (increíble, pero cierto).

Antes que nada, permítanme felicitar a todos los quilichagüeños valerosos, hombres y mujeres, niños y niñas, quienes día a día se atreven a cruzar las calles y carreras de nuestra caótica ciudad, desafiando al monstruo mecánico de mil cabezas ya por todos conocido. Los quilichagüeños nos merecemos vivir, “no sobrevivir”, en una ciudad más tranquila, sin sobresaltos a la hora de salir, darnos una vuelta, o simplemente cruzar una calle. ¿Será posible esta utopía?   

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