Sobre defenestrados y Mancusos


Foto: El bogotano.
Sobre defenestrados y Mancusos

Envalentonado por la concurrida marcha en la plaza de Bolívar, mal momento escogió el coronel (R) John Marulanda, expresidente de la principal asociación de oficiales en retiro ACORE, para, siguiendo el ejemplo del Perú, invocar la defenestración del presidente Petro, así como junto a los congresistas, militares y empresarios le hicieron al presidente Castillo: “En Perú, las reservas fueron exitosas al lograr defenestrar a un presidente corrupto. Aquí, vamos a tratar de hacer lo mejor por defenestrar a un tipo que fue guerrillero”-
Y es que, así al gobierno de Petro no le haya ido bien en las recientes semanas, tanto en las encuestas como en la intensificación de la Reforma Rural Integral, el trámite de las reformas a la salud, laboral y pensional y en la implementación de la paz total, con una escalada de violencia, narcotráfico, extorsión, reclutamiento de menores, etc, desbordada por las variopintas guerrillas, el Clan de Golfo y otras bandas de narco-paramilitares reciclados que quieren llegar fuertes a las negociaciones, mientras las FF.AA no actúan en su combate; la solución planteada en la W radio por el coronel Marulanda, asusta. Cuando al mismo tiempo, desde la cárcel de Georgia, Atlanta, donde paga los últimos días de condena después que Uribe lo extraditó a los Estados Unidos, virtualmente conocemos las declaraciones de Mancuso ante la JEP, en las que con pelos y señales nos cuenta la íntima alianza que tuvieron las altos mandos de las Fuerzas Armadas de Colombia, (Ejército y Policía, muchos de ellos ahora militares retirados), sus organismos de inteligencia, el DAS, la Fiscalía, la AEROCIVIL, algunos jueces, notarios, alcaldes, gobernadores, congresistas, ECOPETROL, la carbonera Drummond, embotelladoras como Bavaria y Postobón, los bananeros, azucareros, etc., en la financiación, capacitación, dotación y transporte de las cooperativas Convivir, convertidas en las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, que a finales del siglo XX e inicios del XXI, en conjunto con hombres de varias brigadas, batallones y puestos de policía, ejecutaron numerosas masacres a lo largo y ancho del país, buscando sembrar el terror entre comunidades campesinas, supuestas o reales colaboradoras de las guerrillas, y de paso quedarse con sus tierras para construir lujosas fincas de recreo, laboratorios de cocaína, meterles ganado, más banano y palma aceitera, haciendo una “reforma agraria” al revés.
Es que, como lo hemos sufrido desde la época de las Fuerzas Armadas aliadas con los Chulavitas y Pájaros en los años 50, para combatir a las guerrillas liberales surgidas después del asesinato de Gaitán; el remedio sugerido por el coronel Marulanda aterra, pues ya sabemos la clase de “ley y orden” que les gusta a algunos aventajados discípulos de Jack el Destripador, en este país de descuartizadores sin hígados que hasta matan y comen del muerto para templarse, y se inventaron el corte de franela para ponerles la lengua de corbata a los campesinos que asesinaban después de ensartar con bayonetas a sus esposas embarazadas; y de innovar, cuando desde los gobiernos de Samper, Pastrana y Uribe, (como lo contó Mancuso) reinaron las AUC, despresando a sus víctimas con motosierra, para jugar fútbol con sus cabezas mientras calmaban su sed de sangre con ron a ritmo de vallenatos y los 9 helicópteros que tenían, y en sus horas libres les enseñaron a pilotear oficiales del ejército y policía, los abastecían y protegían mientras volaban en conjunto con las naves del gobierno.
En este jardín de psicópatas draculescos, adictos a la sangre, y con psiquiatras como el “Dr Ternura”, Luis Carlos Restrepo, quien, como Comisionado de Paz en el gobierno de Uribe, alcahueteó la supuesta desmovilización de paramilitares entregando armas inservibles. Antes que más violencia, necesitamos que aprendamos a vivir sin ella, sembrando las bases de convivencia, entre todos y las nuevas generaciones: empezando por las clases dirigentes, empresarios y militares retirados, que, si aún tienen remordimientos de conciencia, antes de seguir invocando defenestraciones, apoyando golpes de estado y a más grupos paramilitares, -que al igual que las guerrillas bandolerizadas masacran las comunidades y líderes que no les marchan, justificándose en “luchar por su liberación”-; deben ayudar a emprender con seriedad el proceso de paz total, ayudando a fortalecer las precarias instituciones democráticas y lánguidos poderes públicos que permanecen, e impulsar la construcción de una sociedad más justa y equitativa, mediante la aceptación de reformas negociadas en el Congreso, que aunque les merman el porcentaje de sus multimillonarias ganancias, les permitirían vivir en mejores condiciones materiales y espirituales, a millones de ciudadanos que sobreviven del rebusque y en medio de la inseguridad e incertidumbre.
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