Soberanía popular y democracia


En épocas preelectorales y electorales es común leer o escuchar discursos veintejulieros,- usados dos siglos atrás- por personajes que se les hace la ‘boca agua’ hablando de soberanía popular y de la necesidad de construcción de una nueva democracia; argumentando que para ello tenemos la posibilidad de recurrir a los mecanismos de participación ciudadana, consagrados en el orden constitucional colombiano.
Algunos precandidatos y candidatos se les escucha hablar del ‘pueblo soberano’, no obstante cuando han tenido la oportunidad de servir a ese pueblo que tanto ‘defienden’ y proclaman teóricamente, nunca lo han hecho, les ha importado un bledo.
Que el pueblo es el que decide en el momento de las urnas, dicen los apasionados “demócratas”; como si el pueblo se circunscribiera al instante electoral. Como si la ‘nueva democracia’ se materializara solamente con el voto. Insistimos en que el voto es indispensable en una democracia pero el voto por sí solo no la define. Se requiere que el pueblo en general, además de elegir, pueda experimentar unas condiciones socioeconómicas favorables y se logre disfrutar de un país más incluyente en una ambiente de participación y de convivencia civilizada.
En el devenir de la política nacional no faltan pregoneros de la democracia que no dan la talla y por ello demuestran incapacidad para configurar y concretar un proyecto político que permita emocionar a los potenciales electores. ¡Aire es lo que necesita nuestra democracia!, exclaman con un no disimulado cinismo. Olvidan que la democracia comienza a oxigenarse dando posibilidad a nuevas generaciones y no mediante la figuración de los mismos de siempre. De ahí que no faltan algunos reciclados de la política que despiertan pocas expectativas ante el afán de cautivar incautos y que actúan en medio de un clima de oportunismo que no pueden disimular.
Al referirnos al tema de la democracia y su relación con la soberanía popular nos parece oportuno citar algunas tesis extraídas del libro “El Contrato Social” de Juan Jacobo Rousseau, considerado el padre de la democracia moderna: “No siendo la soberanía más que el ejercicio de la voluntad general, nunca se puede enajenar, y que el Soberano, que es un ente colectivo, sólo puede estar representado por sí mismo: el poder bien puede transmitirse, pero la voluntad no”. “La voluntad general siempre es recta, y siempre se dirige a la utilidad pública; pero de aquí no se sigue que las deliberaciones del pueblo tengan siempre la misma rectitud. Queremos siempre muestra felicidad, pero a veces no sabemos conocerla: el pueblo no parece ser corrompido, mas se le enseña a menudo, y sólo entonces parece querer lo malo”. “Tomado el término en todo el rigor de la acepción, jamás ha existido una verdadera democracia, ni es posible que jamás exista. Es contrario al orden natural que gobierne la mayoría y que la minoría sea gobernada”. Cabe resaltar que Rousseau desconfía de la democracia representativa y se convierte en un apologista de la democracia participativa.
Nuestra Constitución Política enfatiza la democracia participativa, sólo falta que muchos de sus postulados se materialicen. Como es difícil que entre seres humanos exista una verdadera democracia, habría que pensar en la posibilidad de lograr una democracia moderada, es decir, en la posibilidad de construcción de una nueva sociedad donde los ricos no sean tan ricos que tengan la posibilidad de comprar a otros, ni los pobres tan pobres, que se vean en la necesidad de venderse. Una especie de término medio, al estilo aristotélico.
Es importante que en el ejercicio del proselitismo político se le hable a la gente con la verdad, para evitar despertarles falsas expectativas. Que las personas entiendan que la participación democrática no está limitada al voto. Que en la atención a las profundas desigualdades socioeconómicas como resultado de hacer vigentes planes de desarrollo incluyentes se puede democratizar la sociedad. Que es necesario configurar una nueva clase política en muchos escenarios de la geografía colombiana, conformada por nuevos liderazgos caracterizados por el conocimiento de la realidad nacional, por la sensibilidad social y por la ética. Que es necesaria la formación de auténticos ciudadanos para que no sólo voten sino que elijan. Con conciencia política y con responsabilidad social.
Coletilla. Felicitaciones para el senador caucano Luis Velasco Chaves, del Partido Liberal, por su merecida designación como nuevo presidente del Congreso de la República. Sin duda su aporte a la paz será evidente en momentos en que se desarrollan los diálogos en La Habana. No se puede discutir que Velasco como figura pública y como congresista ha ejercido un papel destacado en la política nacional. Según datos de las empresas encuestadoras, siempre ha figurado entre los mejores congresistas de Colombia. Pensamos que desde su nueva y destacada posición podrá hacer mucho por el país y por el Cauca. ¡Suerte, senador!




