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Sábado, 3 de octubre de 2026
miércoles 21 octubre, 2009 a las 7:40 pm

SIN LA VENDA EN LOS OJOS

POR: LUIS ALFONSO HURTADO MINA

En algunos círculos sociales de La Ciudad de los Samanes, se percibió un leve malestar por el documental televisivo que sobre la drogadicción presentara el valeroso periodista PIRRY en sus ESPECIALES RCN, incrementándose cuando nuestro coterráneo y también periodista ANTONIO JOSE CABALLERO V., pusiera otro dedo en la llaga que esta carcomiendo como un cáncer a nuestra juventud.

La causa del malestar dicen unos, es la estigmatización del pueblo y de sus gentes; para otros, es simplemente la cuota inicial a un reto que se debe asumir para hacerle frente a la cruda realidad, pero en resumen, son muchos los ciudadanos que concluyen y tienen muy presente que las «verdades en la cara arden, pero satisfacen», solo en la medida que los ciudadanos de bien no asuman actitudes timoratas y tengan el valor civil de reconocerlas, como también la firme intensión de superarlas por negativas que estas sean, ya qué nos hemos acostumbrado a evadir; a no aceptar o no enfrentar nuestras propias realidades .

De nuestra parte, ya expresamos al comunicador de la televisión, el más profundo sentimiento de admiración y respeto por quitarle la venda de los ojos a tanto Quilichagüeño que no quería visualizar la magnitud de «lo que nos viene corriendo pierna arriba»; es lo mínimo que podemos ofrecerle a personas meritorias y bien intencionadas, capaces de hablar con claridad sin maquillar sus argumentos ni sus comportamientos, aunque tales características no sean de buen recibo en los medios viciados por el servilismo o quizás, con soterrados compromisos.

Nos corresponde hacer lo mismo con el insigne amigo ANTOI\lIO JOSE CABALLERO V., quien con dolor de Patria Chica, reclama por la desprotección a que está sometida su «Tierra de Oro», la que lo vio nacer, y hoy parece ser «tierra de nadie».

En su columna dominical titulada «Caballerías» del periódico El País, el connotado, periodista inicia recordando que hace mucho tiempo se advirtió del problema y tiene mucha razón cuando expresa que nadie hizo caso; que todo se sabía pero nadie lo decía; que por no aplicar el remedio a tiempo, ya está el bazuco y la heroína, en cantidades sorprendentes, en esta ciudad y disponible para .todas las clases. Nos recuerda que a pesar de ser conocedores del tema, jamás se ha hecho nada para evitar que el «comercio maldito» de los «mercaderes de la muerte» conviertan a esta localidad en el centro de abastecimiento y el consumo de la droga.

Afirma que «hoy tampoco se quiere hacer caso» y deja al descubierto el evasivo y acostumbrado proceder de los Servidores Públicos (Alcalde, Gobernador y Comandante de la Policía) quienes tienen el deber y la obligación Constitucional de velar por la protección del menor y de los adolescentes contra el uso de sustancias que producen dependencias.

Frente al «escozor» causado por los comentarios de Caballero y de Especiales Pirry, pregunto entonces ¿dicen mentiras en sus informes? ¿En «Quilichismes», perdón, en Quilichao quién no sabe del diario acontecer en su ciudad? ¿Quién no sabe que el fenómeno de la drogadicción existe en la ciudad de manera alarmante y como perro por su casa, campea cogida de la mano con la inseguridad?.

Lo que pasa es que con infundado orgullo nos hemos acostumbrado a vivir de las apariencias, a esconder nuestra pobreza física, y lo que es peor, la mental, al punto que de tanto oler y tapar las embarradas de nuestros amigos, también hemos enfermado al igual que el drogadicto y no queremos reconocer los graves problemas que afrontamos.

Es tal la paranoia y tan latente el afán de «tapar y no dejar ver», que algunos «periodistas», en los medios hablados y escritos de la ciudad, pretenden descalificar a los verdaderos profesionales en este oficio, quieren echarle el agua sucia a quien no deben, como si fuera el causante de nuestros males y tuviera que suplir las deficiencias de nuestros gobernantes, lo cierto es que muchos lo hacen por ignorancia de lo que es esta actividad y otros, por profesar una ciega y baja adhesión a la autoridad, es decir, por convertirse en serviles.

A propósito de servilismo, el médico siquiatra CARLOS E. CLlMENT una vez, en su columna de El País sobre el Comportamiento Humano, comentaba: “Los mediocres, que además suelen ser hipócritas, encuentran en el servilismo el camino hacia el éxito con sorprendente frecuencia. Estos personajes compensan su falta de carácter con gran capacidad de acomodarse a cualquier circunstancia que les sea propicia. Los métodos y comportamientos utilizados por el servil para lograr sus objetivos, siempre son los mismos: escoge cuidadosamente a sus «amos» y se pone a su servicio. Olvida sus propios valores fundamentales (si alguna vez los tuvo), y se acomoda a lo conveniente, sin el más mínimo pudor. Si percibe contradicciones, se calla y jamás se revela contra ellos. Si aparece una voz contraria que manifiesta criticas al sistema, se encarga de «proteger» a sus jefes y, con disimulo, lleva la información (mejor llamada chisme o intriga) a quien corresponda”.

La razón fundamental por la cual, el espíritu servil prevalece, perdura y se enquista en muchas instituciones sociales «es la necesidad de adulación de quien detenta el poder”. Nadie con pensamiento independiente es admitido en el sistema pues ellos significarían una amenaza insoportable para el equilibrio del mismo. Así se establece la alianza entre los manipuladores y los «Iambones y de paso el sombrío triunfo del servilismo».

Los planteamientos del profesional en Comportamiento Humano, nos deben servir para reflexionar sobre el papel de los medios de comunicación en la localidad cuyo sagrado deber es el de informar sin tapujos, de manera imparcial y objetiva; tratando los temas públicos con profundidad sin apelar al chisme; sin colocar «cortinas de humo»; sin adular tanto para no quemar el santo y es en esta medida que se contribuye para que la radiografía sobre la drogadicción y la inseguridad presentada por los periodistas foráneos, tenga un fin deseado: Un diagnostico acertado y un remedio para los grandes males.

No sigamos viendo la viga en el ojo ajeno, preguntémonos más bien, de ahora en adelante cuál es el rol y la responsabilidad que cada uno de nosotros debe asumir para salvar nuestro capital humano….. nuestra juventud.

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