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sábado 27 agosto, 2016 a las 10:31 am

¿SI? O ¿NO?

paz

Paula Adriana Espíndola Villegas

Paula Adriana Espíndola Villegas
Paula Adriana Espíndola Villegas

En el transcurso de estos últimos cuatro años en los que hemos venido conociendo el desarrollo de un proceso de paz, para nadie ha sido fácil asimilar el profundo significado del perdón, a través del cual, si bien es imposible olvidar el dolor, la incertidumbre, el pánico, las tragedias y toda la avalancha de situaciones que Colombia ha padecido durante más de cincuenta años… las perdidas, los desplazamientos, las muertes, etc., etc., etc., que sucedieron con las manifestaciones violentas de grupos armados e ilegales, también es cierto que todo tiene su tiempo y que este no es el momento de hurgar las heridas del alma ni de eternizar resentimientos, rencores ni odios que, en vez de contribuir al gran momento de cambio que nos trae la vida con el asomo de una paz que toca nuestra puerta esperando la oportunidad de por fin poder ser más potente que la guerra, sino el momento de aprender a salvar a Colombia para no seguir siendo esclava de un pasado tortuoso que ha marcado nuestra vida pero que no debe seguir marcando nuestro bendito presente ni nuestro promisorio futuro.

Cultivar la violencia basados en los hechos imposibles de borrar es prohibirle a la paz su derecho a primar sobre la guerra.

Todos los colombianos hemos sufrido pero si las propias víctimas, las más heridas, las más golpeadas o afectadas por la guerra han logrado la sabiduría interior de dejar de mirar hacia atrás descontaminando el alma de las penas y los odios, dándole la oportunidad a Colombia de ser una nueva patria y a nuevas generaciones llenas de esperanza, el poder liberarse de las marcas de un pasado liderado por otras filosofías, comandado por otras ideologías, no tan humanizadas como las que ahora nos retan al cambio, para renacer como el ave fénix, de entre las cenizas de miles de fuegos cruzados que solo sembraron llanto, desesperacion, angustia y demas frustraciones y desastres.

Dios mismo dice en la santa biblia: “no hagas memoria de cosas pasadas» y el deber lógico no es leer por leer los mensajes de un libro tan lleno de sabiduría, sino sentarse a pensar el por qué y el para qué de cada enseñanza que allí se plasma.

Juan Salvador Gaviota

¿Por qué seguir recordando aquello que nunca se podrá borrar de la historia? Y que al seguir recordando nada bueno va a aportar a la realidad actual, sino que por el contrario, entorpecería los agigantados pasos que se han dado en la noble lucha de encontrar el equilibrio y la armonía.

Un SI al plebiscito no es una impunidad a las tragedias el pasado, ni es un premio a la violencia, es una inmensa puerta que se le abre a millones de corazones y de colombianos que creemos que llorar a los muertos y maldecir de por vida a sus asesinos, jamás revivirá a ninguno de ellos, pero sí nos seguirá matando el alma, la fe, la esperanza y además, se deja un mensaje muy peligroso a la sociedad en el que querer rehabilitarse, querer ser un mejor ser humano, recomenzar por nuevos caminos en los que se respete la vida, perdonar y ser perdonados, cambiar las armas por los abrazos y ser de verdad compatriotas hermanos, no valdría la pena, porque entonces los errores de cada quien eternizarían el mal en un estancamiento enlodado del que nadie jamás se podria librar.

Ya no estamos frente a un grupo armado violento y sanguinario, sino frente a un grupo de colombianos, decididos y comprometidos a dejar la violencia, a pagar sus penas, a trabajar, a luchar por sus ideas pero sin más armas que la voz para dialogar, para constituir una nueva ideología renovada, ajena a la violencia, decidida a recuperar el amor patrio y a pertenecer a un país en el que siempre se ha luchado por vivir conforme al verdadero sentido de una democracia sin discriminaciones ni favoritismos, mucho menos comunismos ni socialismos malsanos, sino una democracia pura en la que absolutamente todos tengamos los mismos derechos de rehabilitarnos y aportar a nuestra patria lo mejor de nosotros mismos y de nuestro presente, quitándole las cadenas que la atan a un pasado al que ya debemos comenzar a enterrar y mejor nos dispongamos a dejar huellas de paz, sembrando semillas nuevas, buenas, humanizadas y más lógicas con base en las experiencias vividas.

Como es posible que estando a un paso de lograr la paz que Colombia tanto ha clamado, en nuestros corazones siga reinando el rencor las dudas y en vez de contribuir a un sueño de toda una nación con un ‘no’ al plebiscito nosotros mismos nos estemos condenando a seguir la guerra?

Los «NO» cierran las puertas, los «SI», abren los caminos.

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