
Paloma Valencia habría sido la perfecta conejilla de indias de Sócrates, el filósofo. De seguro la habría reprendido por su débil carácter, rasgo que la candidata desnuda cuando le preguntan por Álvaro Uribe. Ella lo tiene claro: “Uribe es mi papá”.

Si Uribe es el papá de Paloma, ¿Quién gobernaría en caso tal? Por ahora, Álvaro Uribe encabeza el comité político de la candidata, aunque no sepamos lo que eso signifique.
¿A ustedes no les preocupa la falta de carácter de la candidata Valencia?
Hay quienes piensan, yo entre ellos, que ahora que Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo son fórmula para llegar a la Presidencia, ambos estarán sometidos a la voluntad del mismo amo: Álvaro Uribe Vélez.
Sócrates, el pensador griego, sabía que la mayor virtud del ser humano no era ni el dinero, ni la belleza, pero sí el carácter, ese rasgo de la personalidad que se tiene o no se tiene. Y si no se tiene, decía el filósofo, podemos forjarlo. La voluntad propia: pensar y actuar por nosotros, sin esperar que una voluntad ajena nos gobierne, como quien tiene un control remoto que prende o apaga a su antojo.
El carácter de Paloma Valencia se percibe débil o, quizás, impostado. Varias veces le hemos visto arengando a todo pulmón en tarima, alzando la voz para no parecer dócil, queriendo posar de montañera, en el término paisa de la expresión, para parecerse a su jefe inmediato, el expresidente Álvaro Uribe. No son ganas de fregar mías, ahí están los videos.
Tengo amigos caucanos, la mayoría son periodistas. A uno le pregunté qué tan caucana es en realidad Paloma Valencia, después de ver otro video donde la candidata habla de caucanidad.
“Ella no conoce el parque Caldas, a pesar de que la Casa Valencia queda a una cuadra”, me dijo uno de ellos.
“Lo interesante de esa casa –me respondió otro colega, vía WhatsApp- es que Álvaro Pío Valencia Muñoz, tío abuelo de Paloma, el más destacado intelectual de la familia, fue un abogado, pensador, escritor, conferencista, académico, historiador, educador y político, considerado el precursor del pensamiento marxista en Colombia. Fue rector de la Universidad Santiago de Cali y de la Autónoma de Occidente”.
Indagando, encontré que este intelectual fue un fervoroso militante del Partido Comunista y luego de la Unión Patriótica durante los años 80. Parte de las tierras que recibió como herencia, las donó a los indígenas caucanos.
Paloma Valencia al ser educada en Bogotá, no tiene la culpa de esa falta de sensibilidad con la gente indígena, negra y campesina de su tierra, porque ella ciertamente pertenece al bando contrario, al de la élite, y creo que se le hizo tarde para asumir falsamente las banderas de la caucanidad.
En este trino, la socióloga y escritora Olga González expuso el carácter racista de su abuelo, el expresidente Guillermo León Valencia.
Guillermo León Valencia fue racista no solo contra los indígenas, también contra los hijos de inmigrantes. Sus declaraciones contra Gabriel Turbay (de origen libanés) eran horribles. Cuento todo esto en mi libro. pic.twitter.com/7SjdZMakha
— Olga L Gonzalez (@blou) March 10, 2026
La senadora tuvo tres periodos en el Congreso para hacer gestión en favor del Cauca, ¿y lo hizo? Molesta con los indígenas, por los paros y mingas que promueven para reclamar sus derechos, ella propuso partir al Cauca en dos, como queriendo convertir a las comunidades ancestrales en un gueto. Creo que es una mirada clasista, incluso xenófoba, de la realidad, pero insisto: pueden ser las consecuencias de criarse en la metrópoli bogotana.
Volviendo al asunto del carácter, está ese otro video donde Uribe la mandó a regañar en plena tarima por distraerse chateando; ella, obediente como es con él, hace caso, luego de que una influenciadora le transmite la molestia del expresidente. Todo ocurrió el mismo día en que Uribe ordenaba que hicieran llorar en las redes sociales a la activista de izquierda María José Gómez.
Esa escena nos devuelve dos siglos en el tiempo cuando las mujeres no podían cruzar la raya marcada por los hombres. La literatura decimonónica muestra ese universo en el que se arreglaban matrimonios para intercambiar la dote por el sometimiento de ellas. En política ese tipo de matrimonio disfuncional existe y funciona bajo las mismas lógicas. Si Paloma Valencia gana la presidencia, es probable que Uribe gobierne en cuerpazo ajeno, y no necesariamente desde la Casa de Nariño; quizás se sienta más cómodo dando órdenes a distancia desde cualquiera de sus haciendas.
El problema de Paloma Valencia es su inocultable fanatismo uribista.
Lo que trasluce un rasgo débil de su personalidad.
En campaña Uribe ya ha dicho: “No cometan el error de atacarla por mis errores”.
A Paloma no la atacan por los errores de Uribe. Uribe tiene que pagar los suyos si la justicia así lo determina. El error de Paloma es mantenerse fiel al hombre que gobernó dos veces a Colombia, la segunda de ellas volteando un articulito de la Constitución, no olvidemos.
Las frases que ha venido repitiendo la delatan: “Uribe es mi papá” o “Yo no me voy a separar de Uribe, me voy a morir uribista”.
Ahora entiendo porque la senadora María Fernanda Cabal y el uribismo partieron cobijas. Cabal ha enfrentado en más de una ocasión a Uribe y, que yo sepa, no hay evidencia de ningún comportamiento que la conviertan en apéndice de él. Aunque no es santa de mi devoción, a la Cabal autoritaria hay que reconocerla que, frentera como es, le sobra el temple que la falta a la mansa Paloma.
¿Hay un costo político de la sumisión? Yo creo que sí, especialmente en esta era de redes sociales en que todo lo que un político diga no solo se usa en su contra, sino que se repite las veces que sea necesario para ridiculizarlo. La expresión “Uribe es mi papá” desnuda una actitud infantil de dependencia, que nada tiene que ver con el respeto entre pares. La mujer que aspire a ser presidenta de una nación debe demostrar autosuficiencia a lo largo de su vida pública, un modelo a seguir, en vez de usar un modelo prestado, menos si ese modelo representa al patriarcado.
Daría mayor confianza una mujer con sentido de la autonomía, porque gobernar una nación de 50 millones de personas implica en primer término autoridad. Y creo que la autoridad y el carácter se forjan como hermanitos a lo largo de la vida. El presidente de la República debe tener el control, no ser controlado; ustedes entienden de lo que hablo.
Una mujer sin carácter se convierte en una criatura fácilmente gobernable, manipulable, maleable. Si Paloma Valencia gana la presidencia, el dicho podría ser al revés: detrás de toda mujer, hay un hombre que manda. Se llama Álvaro Uribe y de sobra hemos conocido y padecido su carácter belicoso.
Un país que empieza a civilizarse, apenas diez años después de la firma del Acuerdo de paz, no puede darse el lujo de abrir esa compuerta que nos arroje de bruces al pasado. Colombia no puede quedar expuesta otra vez a los caprichos de un hombrecito de 1,65 metros de estatura, ya en su ocaso político. Si queremos abrazar el futuro con esperanza, no hay de otra que darle una patada al pasado antes de que el pasado nos alcance.
Publicación original de esta columna en https://blogs.elespectador.com/author/a_velasquez/
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