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viernes 15 mayo, 2020 a las 9:51 pm

Ser docente, una labor inacabada

profesor afro
Ser docente, una labor inacabada
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Ser docente, una labor inacabada

“Elige por maestro aquel a quien admires, más por lo

que en él vieres que por lo que escuchares de sus labios”.

Séneca.

Ser docente hoy, exige grandes desafíos desde lo personal hasta lo social. Ser docente implica hacer de lado algunas áreas de tu vida para cumplir a cabalidad con las exigencias de una profesión malagradecida y mal paga en un país donde poco o nada se reconoce al docente como parte fundamental en la creación de una sociedad más equitativa y educada. Ser docente es construir paz desde cada rincón del mundo, desde cada aula diversa y llevar a cuesta el presente y tal vez el futuro de muchos seres humanos, es enseñar desde el corazón y sentir miedo porque cada nuevo reto implica arriesgar un poco.

Es mi deber moral reconocer a quienes hoy ejercen esta labor con vocación y dedicación total, porque estar en un aula de clases con 20, 30 y hasta 40 estudiantes, cada uno con necesidades diversas no es fácil, es un desafío diario y en muchas oportunidades frustrante porque en ocasiones llegas a casa con la incertidumbre de haber sido o no el maestro ideal, por lo menos haber tocado con tus enseñanzas la mente y el corazón de alguno de tus estudiantes. Pensando si cada una de tus enseñanzas fueron propias para aquel estudiante que acudió a clases porque no quiere estar en su casa, porque ve el colegio como el lugar seguro donde no recibirá maltrato, tal vez esté pensando en cómo ayudar a mamá a salir de sus problemas, o siente culpa por ser una carga más, quizá es el típico estudiante desinteresado porque no ve en la educación su proyecto de vida, ese estudiante contaminado que quiere ser traqueto o quiere ser prepago, y tal vez con entusiasmo el que sabe hacia dónde va y necesita herramientas, y esta es la educación. Existe un reto tan grande porque soñamos en las aulas cuando nos preparamos para esta profesión pero nunca nos dijeron que la educación es un reto inacabado y que jamás serás tan bueno como pensabas en tu época de universitario despistado.

Reconozco a los que hoy son docentes y nunca estudiaron para ello, en el fondo no era lo que querían hacer pero en un país falto de oportunidades decidieron aventurarse en este gremio y lo han logrado, con muchas dificultades porque aunque sean profesionales no fueron formados para ser docentes, admirable verlos desempeñarse en algo para lo cual no estudiaron. Han aprendido en la práctica y muchos son excelentes, dedicados e inclusive admirables, tienen la vena de enseñar, porque en cada ser humano hay un maestro, un guía, alguien que desde sus vivencias enseña y deja legado.

Los hay también locos, divertidos y soñadores, esos que visten aun como universitarios y cada día creen ser un estudiante más, esos me encantan, y es que eso somos los “profes”, los locos por cada libro que hemos deshojado, divertidos porque aun con nuestra cara amarga e inmutable solemos reír con cada ocurrencia de nuestros estudiantes y ¿soñadores?, educar es soñar con un mundo mejor para nuestros chicos, queremos verlos desarrollar sus talentos, felices, victoriosos, que entiendan que pese a su circunstancias de vida ellos serán el orgullo de sus padres, abuelos o familiares. Llevan consigo el sueño de muchos que anhelamos que la próximas generaciones no cometan tantos errores y sean honestos, empáticos y muy fuertes.

Reconozco a mis profes del colegio, de la escuela, siempre me pregunto por ellos. Mi profesor de primer año, un hombre tan altruista y dedicado que solo tengo para él una palabra: ¡gracias! siempre me defendió de esos niños peleones que me regaban la lonchera, la verdad no les quería compartir porque habían dos compañeras que esperaban esos manjares de mamá. Admiro mi profesora de primaria, lidiar con tantos locos y traviesos no era fácil, la recuerdo sentada en su escritorio tomando una aromática, creo que era lo único que la calmaba para no cogernos a palo o gritarnos en un momento de “no soporto más a estos hijos ajenos”, recuerdo con mucho cariño mi profesor de educación física, porque nunca entendió que no sentía interés por los balones y luchó conmigo hasta que pudo entrar en razón y me sentó con los flojos a aprender a jugar ajedrez, mi profesor de ciencias sociales fue maravilloso, excelente en su área, hoy día reconozco que esas enseñanzas me han hecho más culta y sabia, también recuerdo a mi profesora de ética, en sexto grado me escribió en el cuaderno: “las cosas son a la medida de las personas”, en ese entonces no comprendí el mensaje pero elevo una oración al cielo por ella y le doy gracias porque sí, nuestras acciones y hechos son a medida de lo que somos como seres humanos, lo que creamos es un sello personal, propio de cada uno.

Mi primer amor profesor, también lo tuve, mi profe de filosofía (espero no lea esto), una sonrisa amable y buen conversador, era el profesor que siempre tuvo algo que enseñar, algo interesante que contar, también estaba la profesora de español, siempre pensé en que no quería ser como ella, despeinada, descuidada en su vestir, siempre me aburrí porque sentía que no nos quería y dictaba sus clases con ese desinterés que caracteriza a algunos (espero que si ella lee esto no sepa a cual de mis profesoras de español me refiero). Recuerdo con alegría a mi “profe” de dibujo técnico, el de las maquetas, en ese entonces nos enseñó mucho, construir la maqueta de nuestra casa hoy es la parábola de quien construye sus sueños, un hombre riguroso pero genial, el mejor de todos. Frente al tablero pasaron muchos profesores más, los que conquistaban a las niñas de la clase, se creían un adolescente más, los que no enseñaban nada y se la ganaron fácil, las profesoras amargadas que solo gritaban, la profesora que nos hacía repetir mil veces la misma tarea, la de informática que siempre mostró sus pechos y era la Venus de mis compañeros. Ser profesor no es para todos porque es una de las profesiones más complejas de desempeñar aparte que como profesor no tendrás muchas cosas materiales, pero sí un corazón blandito por la satisfacción de ver a tus estudiantes crecer y ser mejores personas.

Todos los días estamos expuestos a nuevos retos en una sociedad gastada y que ya poco se asombra, unos estudiantes que exigen nuevos cambios en el sistema educativo, que necesitan más que cuatro paredes, un tablero y un marcador, ellos, los jóvenes del futuro requieren orientaciones desde nuestras experiencias de vida para ser mejores seres humanos, que les enseñemos a pensar y recrear sus pensamientos a través de la escritura, el arte, la danza, el deporte, la música, las ciencias; que los aceptemos por lo que son y no pretendamos cambiar sus maneras de ser, solo orientarlos en el camino que deben elegir para ser mejores cada vez.

La educación es nuestra herramienta de trabajo, la herramienta intangible que pocos valoran y se atreven a emitir juicios desprestigiando nuestro quehacer, como si los años que hemos aprendido a ser maestros no fueran suficientes. Nosotros somos los profesores, y sabemos lo que hacemos y a donde queremos llegar, no necesitamos al papá o mamá que no sabe de pedagogía, didáctica y no se ha enfrentado en un aula de clase a dictar un tema, necesitamos el coequipero, el que nos apoya en el proceso de fortalecimiento y desarrollo de habilidades en los chicos. Déjennos orientar a sus hijos desde lo que somos, maestros, y permítanles a ellos volar solos y ser libres, descubrir que pueden transformar una sociedad vacía y alentarlos a aprender cada día más, no nos vean como las personas que solucionamos las goteras de sus hogares, no somos nosotros los llamados a solucionar sus problemas, somos profesores, no niñeros y merecemos respeto y que cuando requiera estaremos para sus hijos porque los amamos y respetamos, son nuestra razón de ir a laborar desde el amor y la paciencia. No podemos solucionarles sus vidas pero si podemos sembrar semillitas de conocimiento que germinarán en los seres humanos más maravillosos y sabios de todos los tiempos.

Gracias profesores, que la llama de sus mentes nunca se apague, que el universo conspire para que cada día desde las aulas forjemos la sociedad que queremos y hemos soñado desde que llegamos a la escuela, somos la luz que enciende la mente de aquellos chicos locos, nuestro reto es nunca dejar de aprender y entender que cada ser humano es diferente y permitirnos el delicioso gusto de orientar y enseñar desde el amor, no olvidando crear tejido social, empoderar desde los derechos y engrandecer cada vez nuestra profesión porque somos maravillosos y grandiosos, también erramos y cada día intentamos ser mejores.

A ti que leíste esto, te aprecio y reconozco. Te invito a dar gracias a tus profesores, ellos se sienten orgullosos de ti.

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