La semana santa en Popayán, todo en historia, tradición y religiosidad/
Recopilando historias y anécdotas sobre la fe y la cultura que se vive en la Semana Santa en Popayán, que son un atributo que magnifican el arte religioso de las procesiones, el festival de la música, los monumentos, las exposiciones y el encanto de una ciudad histórica por excelencia, que a muchos poetas y pintores a inspirado; orgullosos de tener procesiones que son toda una tradición imperecedera, que se dieron comienzo después de la fundación de la ciudad en el año 1537, representando un símbolo, un culto; magnificando siempre las procesiones que plasman la historia de la comunidad payanesa; los de fino oído pendientes en el desarrollo del festival de Música Religiosa que enriquece la erudición semana santera, además de grandes conciertos populares y grandes audiciones vocales y orquestales transportándonos a un mundo de la estampa de la leyenda. Dentro de nuestras investigaciones conocimos que don Jaime Arroyo, contaba que en el año 1558 ya se celebraban en esta capital del departamento de Cauca, las noches de jueves y viernes santos, procesiones de disciplinantes, en las cuales desfilaban devotos cargados de cruces, azotándose las espaldas y ejecutando otros actos de penitencia, castigo a la carne pecadora y agrega que maravilla pensar como los castellanos sometieron de pronto a su ley y a su fe el mundo recién descubierto; mientras las espadas se batían en la selva y el desfiladero, por la mar inmensa llegaban los bastimentos de la colonia, las armas, las carabelas, las sedas, los vinos; la cruz había asomado la primera, gobernando las carabelas del genovés, no teniendo rumbo dentro de la jornada ni trance donde no se la viera, soberana y misericordiosa entre la floresta de las tizonas.
Es así como en la Villa de Popayán, fundada por don Sebastián Moyano o de Belalcázar, adelantado del conquistador del Perú, prospero rápidamente, logrando que el catolicismo y la religiosidad se arraigaran en sus habitantes, ocupando en la colonia un lugar de preminencia, que con asombro de altares y artesonados y retablos salen de las manos de sus primeros habitantes. Colgadas ya las armas de la conquista, todo el nervio de la raza se aplica a vaciar columnas y volutas, a tender arcos, a levantar cúpulas, a cincelar piedras y metales y los ricohomes gastan las peluconas en traer de la lejana España y de Quito, donde floreciera una brillante escuela de talladores y pintores, las imágenes y los ornamentos para el culto sagrado; la ciudad era inmensamente rica; se cuenta que un hidalgo le mezcla oro a la campana mayor del templo de San Francisco para que cubra los campos vecinos, y hay una Dolorosa que llora lágrimas de diamante; en ese entonces no pasaban de diez mil los pobladores de la ciudad, sin embargo celebraban sus romerías y fiestas religiosas, las procesiones desfilaban en hombros de su pueblo todas las noches de la semana de pasión, magnificas, entre un vasto rio de luces y de silencio; aún no se recuerda ninguna fecha en que fueran suspendidas, ni siquiera por causa de las guerras civiles. En este pasado hermoso comparto este poema de Francisco Paz Medina.
A POPAYAN
Nadie había visto el esqueleto
de tu polvorienta arquitectura
ni la argamasa de tu hechura,
ni tu talante colonial completo.
Están sin carne, eres un amuleto
de bienandanza, no; si de amargura.
El sol ya no realza tu figura
y está tu recinto de dolor repleto.
Parpadean de luces tus escombros
y en tus mismos rescoldos hay fulgores.
Eres un paso lastimero en hombros
de nosotros tus liricos cargueros:
patético desfile de dolores,
de polvo surgirás entre luceros.
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