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viernes 28 febrero, 2014 a las 9:14 am

Semana Santa, anécdotas y memoria de ciudad

Semana Santa Popayan

Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad / UNESCO

Por JORGE MUÑOZ FERNANDEZ jorgemuñozefe@hotmail.com
Por JORGE MUÑOZ FERNANDEZ
jorgemuñ[email protected]

“La anécdota, quiebre irónico e ingenio punzante, como despliegue perspicaz, agudo e inteligente con que los habitantes de esta ciudad establecen, con admirable lucidez, visibles diferencias y contrastes en los escenarios de la cultura nacional”.

Los conversatorios semanales que se llevan a cabo en la Casa de la Cultura de Popayán, orientados por Darío Noguera Montilla, han colocado en la agenda de los conversatorios semanales, en esta oportunidad, la temática de las anécdotas y leyendas en el contexto de la Semana Santa de nuestra ciudad, como un proceso de reconstrucción hermenéutica y antropo-ética del relato histórico que perdura y renueva en la memoria lúdica y solemne del imaginario cultural de nuestra la ciudad.

Múltiples son los argumentos históricos, éticos, culturales y sociales que justifican recopilar y divulgar en el Cauca, el país y la comunidad internacional, la memoria alterna que subsiste en la historia procesional de Popayán.

Realizarlo, como un proyecto que incorpore a la municipalidad, el departamento y la nación, significaría restaurar una reliquia cultural que puede perderse en los laberintos de la postmodernidad, donde nuevas razones moralizadoras, incorporadas en las tecnologías virtuales, desechan la memoria histórica de los pueblos y fomentan, con arrolladoras motivaciones ideológicas, la extinción de los relatos populares como consecuencia de la desterritorialización a que son sometidos globalmente nuestros pueblos.

Semana Santa Popayan
Fotografía: http://jorgebonilla1492.files.wordpress.com/2013/03/dsc0662.jpg

En el relato, en la anécdota y la leyenda hay poderes relacionales continuados, que perpetúan recuerdos familiares, vecinales y sociales como tiempo pasado y vuelto a vivir. Tiempo que no se ausenta.

Anécdotas que no fueron silenciadas, aún en las épocas de las guerras nacionales, que pasaron por los confesionarios, el arreglo de los pasos, los secretos honrosos de los síndicos, las procesiones y el pundonor de que hacían gala, hombres y mujeres, artesanos, comerciantes, militares de Popayán.

No de otra manera se entiende la verdad narrada, como epistemología que reconstruye realidades y asume el reto de sostener la fragilidad del presente y del futuro, en un país en crisis, donde vivir y morir es todavía tan desastroso como en las épocas romanas en que pronunciar palabras como fe, milagro y redención alteraban la ética religiosa dominante y conducían a privaciones materiales, desnudeces, el flagelo, la tortura y la cruz.

Escuchar a personajes de nuestra ciudad, sus experiencias subjetivas y personales, son todo un acontecimiento que le dan sentido al tiempo y a la comunidad que las produjo, narraciones que se traducen en memoria redimida, vivencias de personajes rescatados, que vivieron con fruición religiosa el proceso semanasantero.

Son ellos, los que reclaman perpetuar la historia, contada con gracejo, con garbo y donaire otra vez.

La anécdota, quiebre irónico e ingenio punzante, como despliegue perspicaz, agudo e inteligente, con que los habitantes de esta ciudad establecen, con admirable lucidez, visibles diferencias y contrastes en los escenarios de la cultura nacional.

En la anécdota de los payaneses y habitantes de la ciudad se observa nuevamente la presencia de los protagonistas idos, porque en la narración, hecha de manera espléndida, pareciera que sus autores volvieran fugazmente a vivir.

Anécdotas que al ser escuchadas reivindican el humor, ingenioso, agudo y sutil, forman ciudadanía y multiplican el amor por Popayán, en una práctica reflexiva y lúdica, a la manera de catarsis subjetiva renovadora de nuestra devoción por la ciudad.

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Foto: http://tecnoautos.com/wp-content/uploads/2011/03/semana-santa-en-popayan1.jpg?fb01da

Son narraciones que no pueden extinguirse. El ellas pervive una hermenéutica antro-poética hecha tiempo, memoria e imaginación, que fortalece la conciencia histórica de la región, pero, sobre todo, de la ciudad, que invita al abordaje de la convivencia y defensa de la tradición. Anecdotario que nos cuestiona, transforma y nos involucra en un darnos cuenta de los cambios temporales, mas no sociales, que hemos padecido.

Son ellas un medio para darle testimonio al mundo, incluso para confróntalo. Suscitan, así mismo, actos que comprometen, que recrean, como un ejercicio de belleza estética. Anécdotas que existen en el imaginario del pasado y que, paradójicamente, se salvan del pasado.

Rescatar la narración oral y escrita tiene una importancia magistral para el pasado, el presente y el futuro de la ciudad y la región, es rehacer caminos transitados, biografías fugaces de católicos, creyentes, incluso ilustres ateos, y turistas preocupados solamente en viajar por placer.

En las historias guardadas, muchas de ellas en los anaqueles del olvido, proliferan personalidades excepcionales, de procederes éticos ejemplarizantes, que nos dicen quiénes eran y qué hicieron por la bienandanza de la ciudad.

Anécdotas que, contadas con exquisito humor, consolidan los principios éticos de la memoria, se tornan en pedagogía moral que fortalece lo que somos y debemos ser. Tiempo y narración que, como entidad dialéctica, hacen de la narrativa de los payaneses y habitantes de la ciudad una síntesis que sorprende, deleita y contribuye a darle sentido a la ciudad. Hasta pronto.

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