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Se llama poesía todo aquello que cierra la puerta a los imbéciles

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Se llama poesía todo aquello que cierra la puerta a los imbéciles
Se llama poesía todo aquello que cierra la puerta a los imbéciles
León Gil

«El DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA, celebrado cada año el 21 de marzo, conmemora una de las formas más preciadas de la expresión e identidad y lingüística de la humanidad. La poesía, practicada a lo largo de la historia en todas las culturas y en todos los continentes, habla de nuestra humanidad común y de nuestros valores compartidos, transformando el poema más simple en un poderoso catalizador del diálogo y la paz.

La UNESCO adoptó por primera vez el 21 de marzo como Día Mundial de la Poesía durante su 30ª Conferencia General en París en 1999, con el objetivo de apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética y fomentar la visibilización de aquellas lenguas que se encuentran en peligro.

El Día Mundial de la Poesía es una ocasión para honrar a los poetas, revivir tradiciones orales de recitales de poesía, promover la lectura, la escritura y la enseñanza de la poesía, fomentar la convergencia entre la poesía y otras artes como el teatro, la danza, la música y la pintura, y aumentar la visibilidad de poesía en los medios. A medida que la poesía continúa uniendo personas en todos los continentes, todos están invitados a unirse».

Ese texto aparece en la página oficial de la UNESCO… Pura paja, pura demagogia, pura mierda política. La poesía es, ha sido y será siempre la astrosa, despreciada y marginada Cenicienta; sólo que, a diferencia de la chica del cuento, esta no será salvada por ningún príncipe. No, inclusive se ha prostituido, y sólo encuentra en su “fiesta” y en su día a día a impostores, mercachifles, timadores, gigolós y proxenetas.

A continuación, comparto algunos de mis postrinos relacionados con la pobresía; perdón, con la poesía:

1

SE LLAMA POESÍA TODO AQUELLO QUE CIERRA LA PUERTA A LOS IMBÉCILES

Por Aldo Pellegrini
Publicado en Poesía Nº 9,agosto de 1961, Buenos Aires

     La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta cerrada con llave o con cerrojo, pero su estructura es tal que, por más esfuerzos que hagan los imbéciles, no pueden abrirla, mientras cede a la sola presencia de los inocentes. Nada hay más opuesto a la imbecilidad que la inocencia. La característica del imbécil es su aspiración sistemática de cierto orden de poder. El inocente, en cambio, se niega a ejercer el poder porque los tiene todos.

     Por supuesto, es el pueblo el poseedor potencial de la suprema actitud poética: la inocencia. Y en el pueblo, aquellos que sienten la coerción del poder como un dolor. El inocente, conscientemente o no, se mueve en un mundo de valores (el amor, en primer término), el imbécil se mueve en un mundo en el cual el único valor está dado por el ejercicio del poder.

     Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad: el dinero en primer término, y toda la estructura del estado, desde el poder de los gobernantes hasta el microscópico, pero corrosivo y siniestro poder de los burócratas, desde el poder de la iglesia hasta el poder del periodismo, desde el poder de los banqueros hasta el poder que dan las leyes. Toda esa suma de poder está organizada contra la poesía.

     Como la poesía significa libertad, significa afirmación del hombre auténtico, del hombre que intenta realizarse, indudablemente tiene cierto prestigio ante los imbéciles. Es ese mundo falsificado y artificial que ellos construyen, los imbéciles necesitan artículos de lujo: cortinados, bibelots, joyería, y algo así como la poesía. En esa poesía que ellos usan, la palabra y la imagen se convierten en elementos decorativos, y de ese modo se destruye su poder de incandescencia. Así se crea la llamada «poesía oficial», poesía de lentejuelas, poesía que suena a hueco.

     La poesía no es más que esa violenta necesidad de afirmar su ser que impulsa al hombre. Se opone a la voluntad de no ser que guía a las multitudes domesticadas, y se opone a la voluntad de ser en los otros que se manifiesta en quienes ejercen el poder.

     Los imbéciles viven en un mundo artificial y falso: basados en el poder que se puede ejercer sobre otros, niegan la rotunda realidad de lo humano, a la que sustituyen por esquemas huecos. El mundo del poder es un mundo vacío de sentido, fuera de la realidad. El poeta busca en la palabra no un modo de expresarse sino un modo de participar en la realidad misma. Recurre a la palabra, pero busca en ella su valor originario, la magia del momento de la creación del verbo, momento en que no era un signo, sino parte de la realidad misma. El poeta mediante el verbo no expresa la realidad sino participa de ella misma.

     La puerta de la poesía no tiene llave ni cerrojo: se defiende por su calidad de incandescencia. Sólo los inocentes, que tiene el hábito del fuego purificador, que tienen dedos ardientes, pueden abrir esa puerta y por ella penetran en la realidad.

     La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.

2

La prosa, decía Juan de Mairena a sus alumnos de Literatura, no debe escribirse demasiado en serio. Cuando en ella se olvida el humor -bueno o malo-, se da en el ridículo de una oratoria extemporánea, o en esa que llaman prosa lírica, ¡tan empalagosa!…

—Pero –observó un alumno– los Tratados de Física, de Biología…

—La prosa didáctica es otra cosa. En efecto: hay que escribirla en serio. Sin embargo, una chispita de ironía nunca está de más. ¿Qué hubiera perdido el doctor Laguna con pitorrearse un poco de su Dioscórides Anazarbeo…? Pensaríamos de él como pensamos hoy: que fue un sabio, para su tiempo, y hasta intentaríamos leerle alguna vez.

* * *

     No hay mejor definición de la poesía que ésta: «poesía es algo de lo que hacen los poetas». Qué sea este algo no debéis preguntarlo al poeta. Porque no será nunca el poeta quien os conteste.

     ¿Se lo preguntaréis a los profesores de Literatura? Nosotros sí os contestaremos, porque para eso estamos. Es nuestra obligación. «Poesía, señores, será el residuo obtenido después de una delicada operación crítica, que consiste en eliminar de cuanto se vende por poesía todo lo que no lo es». La operación es difícil de realizar. Porque para eliminar de cuanto se vende por poesía la ganga o escoria antipoética que la acompaña, habría que saber lo que no es poesía, y para ello saber, anticipadamente, lo que es poesía. Si lo supiéramos, señores, la experiencia sería un tanto superflua, pero no exenta de amenidad. Mas la verdad es que no lo sabemos, y que la experiencia parece irrealizable.

     ¿Se lo preguntaremos a los filósofos? Ellos nos contestarán que nuestra pregunta es demasiado ingenua y que, en último término, no se creen en la obligación de contestarla. Ellos no se han preguntado nunca qué sea la poesía, sino qué es algo que sea algo, y si es posible saber algo de algo, o si habremos de contentarnos con no saber nada de nada que merezca saberse.

     Hemos de hablar modestamente de la poesía, sin pretender definirla, ni mucho menos obtenerla por vía experimental químicamente pura.

Antonio Machado, en su Juan de Mairena: sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo, Madrid, España, 1936

3

La poesía es como la fotografía digital: todo mundo tiene acceso a ella, a pesar de no ser fotógrafo.

4

«La poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre», afirmaba Luis Cardoza y Aragón… Es el mal, aseguraba Roberto Arlt.

5

La poesía es más importante para la vida que para el arte, la literatura o la misma poesía.

6

La poesía no es un oficio, y mucho menos una profesión: es la reina de las ociosidades.

7

La poesía te puede llevar muy lejos: de la familia, del amor, la cordura, el dinero, la sociedad; inclusive, de la misma poesía.

8

La poesía; al igual que el amor o la revolución, es una pasión (o embeleco) casi que exclusivamente juvenil.

9

Poema y poesía son una misma y única cosa: asombro.

10

Poeta, artista o escritor mediocre jamás acepta el fracaso; buscará la inspiración, el talento o el culpable hasta la muerte.

11

Poeta, no abrumes al lector con tu ‘Obra completa’; cuando ni siquiera conoce unos versos de tu obra imperfecta.

12

Poetas y escritores saben que solo unos cuantos de sus colegas merecen ser leídos; no obstante, todos creen pertenecer al selecto grupo.

13

Poética: el más hermoso poema es aquel que lo sea aun despojado de toda poesía.

14

El poeta como el humorista: todo chiste original y bueno es un verdadero milagro.

15

El poeta debería pedir perdón por todo el asco y la rabia que ha esparcido   sobre el mundo.

16

¿El poeta nace o se hace? respuesta: por mucho que se entrene un burro, jamás logrará ganar un Derby.

17

El poeta, como el guayacán: sin hojarasca, desnudo para florecer.

18

Un auténtico poeta no debería extrañarse ni resentirse de las ruindades de sus colegas: son sus hermanos del alma, sus semejantes.

19

Un autor de poemas destacables es, con frecuencia, un poeta detestable.

20

Un poeta “comprometido” políticamente siempre será un sospechoso para la policía; perdón, para la poesía.

21

Un poeta es alguien que se ha propuesto muchas metáforas en la vida.

22

Un poeta es alguien que sueña sin estar dormido, y delira sin tener fiebre.

23

Un poeta subió a la red una foto de su gato y el poema que le escribiera. La opinión fue unánime: ‘me gusta… el gato’.

24

Un poeta importante debe considerar la espantosa posibilidad de que un día le den su nombre a una escuela, un salón del congreso, etc.

25

 Un buen poema es como un buen truco de magia; solo que no es truco, es magia. 

FIN

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Otras publicaciones de este autor en Proclama del Cauca y Valle:

León Gil

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