SANTANDER DE QUILICHAO: TIERRA DE NADIE


No quisiera creer que todavía existen en el mundo los muertos de primera categoría y los otros muertos.
Luego del asesinato de los caricaturista de Charlie Hebdo, la solidaridad de gremio de los medios masivos de comunicación privados, ha pretendido llevar a la opinión pública mundial a la errónea posición de creer que; sólo lo que pasa en el primer mundo (el desarrollado), merece toda nuestra atención.
En mi pasado escrito titulado YO SOY CALOTO, pretendí hacer notar el contraste entre esa inmensa reacción de rechazo ante la violencia, que causó el atentado acaecido en París y, la casi inhumana indiferencia que predomina en nuestra cotidiana tragedia y que no nos llama ni siquiera a la reflexión, refiriéndome en especial a los crímenes cometidos en contra de varios funcionarios de la actual administración del vecino municipio de NUEVA SEGOVIA DE SAN ESTEBAN DE CALOTO, en el norte del Cauca. En ese momento, mi sentimiento de solidaridad para con el equipo de gobierno del vecino municipio, me distrajo de mi necesidad de hacer notar que esas diarias y desafortunadamente desconocidas tragedias, también ocurren en Quilichao, Tierra del Oro.
En el Parque de las “Palomas Caídas” es diaria la noticia de al menos un muerto, llegado a ese estado por vías violentas. Sin embargo el mundo sigue girando y el hecho de constatar que esa desdicha no nos tocó, nos ha vuelto seres recubiertos de una coraza de indiferencia aterradora. A diario nos llegan los rumores de que en tal o cual barrio se siguen matando entre muchachos de tal o cual bando, nos llegan ecos difusos de retaliaciones entre pandillas, oímos, sin prestar mucha atención, historias de vendettas personales de vieja data o los siniestros relatos del posible retorno a la época del toque de queda impuesto por los ilegales.
Insisto, no creamos en la falacia de los muertos de primera y los otros. El respeto por la Vida es en lo único que tenemos y debemos creer. La construcción de la Paz parte por instaurar el imperio de la justicia, la legalidad y la legitimidad, que aunque parecidas; no son lo mismo, requiere además de la cohesión de un cuerpo social, capaz de mostrar hechos de solidaridad ante cualquier embate y capaz de imponerse mediante la fuerza de las ideas a unos pocos que aún persisten en la violencia.
Este ambiente de zozobra, sumado a la acentuada percepción de desgobierno y desorden, ya generalizada en Santander de Quilichao, nos debe llevar a cuestionarnos profundamente sobre nuestra responsabilidad por acción u omisión. Es necesario entonces, empezar a reflexionar sobre el papel que debemos desarrollar como componentes de este colectivo llamado “Sociedad Quilichagüeña”. Propongo, a manera de insumo para el debate y la acción, intentar resolver algunos interrogantes.
Ante la casi permanente ola de actos de violencia y el clima de inseguridad que padece Santander de Quilichao: ¿por qué la ciudadanía Quilichagüeña no ha reaccionado en masa?, ¿será acaso que el miedo que imponen unos cuantos violentos es capaz de amedrentar a miles de ciudadanos y ciudadanas de bien?, ¿los problemas de: violencia e inseguridad son solo asuntos de percepción?, ¿han sido eficaces las medidas adoptadas por las autoridades para imponer la soberanía de la ley, el respeto y la sana convivencia?, ¿impera en Quilichao la ley del más fuerte, rezago o renacimiento de oscuras épocas del reinado de los ilegales?, ¿tenemos los habitantes de esta comarca, sentido de pertenencia por nuestro municipio? , ¿ y nuestros elegidos…dónde están, qué dicen, qué hacen? Y finalmente: ¿nosotros…los electores, el soberano…qué vamos a hacer?, Reitero éstas; son sólo preguntas, son solamente insumos para una reflexión, si acaso un llamado de atención.



