Salvar al Mundo a Través de la Degeneración


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«Podría significar poner fin a la guerra para siempre. Podría ser la clave de la paz eterna»
«Cuando estaba gastando ya las suelas de mis botas hasta ser una simple lengua de caucho sobre las viejas aceras de baldosas del Barrio Francés, en mi febril empeño de ganarme la vida en una sociedad despreocupada e indiferente, me saludó un apreciado y viejo conocido (invertido). Tras unos minutos de conversación, en la que yo dejé demostrada fácilmente mi superioridad moral sobre aquel degenerado, me quedé cavilando una vez más sobre la crisis de nuestra época. Mi inteligencia, indomable y exuberante como siempre, me susurró un plan tan majestuoso y audaz que me estremecí ante la idea misma de lo que estaba oyendo. «¡Alto!», grité implorante a mi divina inteligencia. «¡Esto es locura!» Pero, aun así, escuché el consejo de mi cerebro. Se me ofrecía la oportunidad de Salvar al Mundo a Través de la Degeneración. Allí, en las piedras gastadas del Barrio Francés, solicité la ayuda de aquella marchita flor de ser humano, pidiéndole que reuniese a sus compañeros de fatuidad bajo la bandera de la fraternidad.
Nuestro primer paso será elegir a uno de ellos para un cargo muy elevado: la Presidencia, si Fortuna nos es propicia. Luego habrán de infiltrarse entre los militares. Como soldados, estarán todos tan continuamente consagrados a confraternizar entre sí, confeccionándose los uniformes de modo que ajusten como tripas de salchicha, inventando trajes de combate nuevos y variados, dando fiestas y cócteles, etc., que no tendrán nunca tiempo de combatir. El que al final hagamos Jefe del Estado Mayor, deberá ocuparse sólo de su elegante guardarropa, un guardarropa que le permitirá ser, alternativamente, Jefe de Estado Mayor o jovencita en el día de su puesta de largo, según sus antojos. Al ver los éxitos que obtienen aquí sus camaradas uniformados, los pervertidos del resto del mundo también se agruparán para controlar los estamentos militares de sus respectivos países. En aquellos países reaccionarios en que los invertidos puedan tener problemas para hacerse con el control, les enviaremos ayuda, les enviaremos rebeldes que les ayuden a derribar sus gobiernos. Cuando hayamos derribado al fin todos los gobiernos existentes, el mundo no tendrá ya guerras sino orgías globales realizadas con todo protocolo y con un espíritu verdaderamente internacional, pues estas gentes superan las simples diferencias nacionales. Su inteligencia sólo tiene un objetivo; están verdaderamente unidos. Piensan como uno solo.
Ninguno de los pederastas en el poder será, por supuesto, lo bastante práctico para saber de artilugios como bombas. Esas armas nucleares se pudrirían en sus lugares de almacenaje. De vez en cuando, el Jefe de Estado Mayor, el Presidente y demás, vestidos con plumas y lentejuelas, divertirán a los dirigentes, es decir, a los pervertidos, de los demás países con bailes y fiestas. Cualquier tipo de pleitos o disputas podrían resolverse en el salón de caballeros de unas Naciones Unidas redecoradas. Por todas partes florecerán ballets y comedias musicales a lo Broadway, y entretenimientos de este género, que probablemente hagan mucho más feliz a la gente común que las proclamas lúgubres, agresivas y fascistas de sus anteriores dirigentes.
Casi todos los demás han tenido una oportunidad de regir el mundo. No veo por qué ellos no han de tener también la suya. Es evidente que han sido mucho tiempo las víctimas. Su toma del poder será, en cierto modo, sólo una parte del movimiento global en pro de oportunidades, justicia e igualdad para todos. (Por ejemplo, ¿puede usted, lector, nombrarme un travestí militante, y bueno, que esté en el Senado? ¡No! Esa gente lleva ya demasiado tiempo sin representación. Su desgracia es una desdicha nacional, mundial.)
La degeneración, más que indicar la decadencia de una sociedad, como en otros tiempos, indicará ahora paz para un mundo atribulado. Hemos de dar soluciones nuevas a nuevos problemas.
Yo actuaré como una especie de mentor y guía del movimiento, pues mis conocimientos, nada desdeñables, de la historia del mundo, la economía, la religión y la estrategia política constituirán una reserva, como si dijéramos, de la que esos individuos pueden extraer reglas de actuación práctica. El propio Boecio jugó un papel bastante similar en la Roma degenerada. Como dijo Chesterton de él: «Sirvió así justamente a muchos cristianos como guía, filósofo y amigo; precisamente porque si bien su época era corrupta, él tenía una cultura completa».
Ignatius Reilly, el protagonista de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole.
23 PosTrinos
- El hombre verdaderamente sabio sabe conformarse, aunque sólo sea con beldades a medias.
******* - Las tres etapas del entendimiento humano: niño idiota, joven necio, viejo estúpido.
******* - Lesbia y Catulo

XVII
Mi poesía ha sido ignorada
Y cayó al fin el Imperio;
¿cómo esperabas, Lesbia,
Que mi amor fuera eterno?
Jaime Alberto Vélez, Breviario, Ed. El Propio Bolsillo, Medellín, 1991
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- Un poeta es alguien que se ha propuesto muchas metáforas en la vida.
******* - La envidia es la forma en que expresan su admiración las personas mezquinas, vulgares, mediocres.
******* - Para construir un buen poema (o una buena prosa) hay un “imperativo categórico”: ¡hágalo con ritmo, con música!
******* - El verdadero poeta ignora; él mismo, hacia dónde se dirige. ¿Cómo diablos va a saber el sentido o el “mensaje” de lo que escribe?
******* - He escuchado muchas veces la pregunta: «y usted, ¿qué piensa en la vida?». Pero jamás he escuchado respuesta alguna.
******* - Los animalistas reclaman lenguaje inclusivo también para las mascotas. Ejemplo: “los perros y las perras policías”.
******* - A tu pareja le entra por un oído y sale con el otro.
******* - La vejez no debe considerarse como una desgracia o una enfermedad, sino como todas a la vez.
******* - El suicidio puede ser tan natural e inevitable como un cáncer. Imbéciles quienes lo juzgan y condenan desde la religión o la moral.
******* - Un estúpido comentario sobre poesía

El mundo de los sueños es tan real que, ahora; dos horas después de haberme despertado, aún me sonrojo por un estúpido comentario sobre poesía que le hice al poeta Juan Manuel Roca.
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14. El suicidio es homicidio, en la persona del enemigo más cruel.
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15. A algunos poetastros la poesía los hace adinerados y afamados. A muchos grandes poetas; miserables y desgraciados.
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16. A un viejo nada le sorprende ni le importa. Por eso; ante cualquier novedad, simplemente se encoge de escombros.
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17. A una persona infiel, desleal, falsaria o mentirosa sobra decirle «Nunca cambies».
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18. El papá: —O eres buen poeta o escritor, o te vas de gestor cultural o director de talleres literarios.
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19. A los meros machos: también a los gallos de pelea se les pone la piel de gallina.
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20. Subida alabanza de Dios

Decía Marcel Proust: «La más subida alabanza de Dios está en la negación del ateo, que encuentra la Creación bastante perfecta para pasarse sin creador». Una prueba de que también los genios dicen y escriben sandeces.
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21. Todo sucede por alguna razón en esta vida
Quienes dicen «todo sucede por alguna razón en esta vida», parecen ignorar que en la vida; como en el universo, no existen razones o propósitos; sólo causas y efectos.
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22. Falsos profetas y falsos poetas
Como a los profetas, también a los poetas se les ha intentado dividir en dos clases: poetas mayores y poetas menores.
Y tanto en unos como en otros, el conjunto de los menores resulta ampliamente más numeroso que el de los mayores: profetas y poetas menores son la inmensa mayoría.
La diferencia estriba en que los profetas; tanto mayores como menores, son todos excelentes profetas (se les clasificaba así por la mayor o menor extensión de su obra): no existe la medianía. Se es profeta o no se es. No hay profetas mediocres; y menos aún, “profetastros” (el término ni siquiera existe): a todos estos se les llama; simple y llanamente, falsos profetas.
Si procediéramos igual con los poetas mediocres, con los poetastros, los falsos poetas superarían con creces a los falsos profetas: son casi que incontables, «como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar» (Génesis: 22:17)
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23. «Supongo que le gustaría convertirse en un triunfador, un hombre de éxito, o algo igual de ruin». John Kennedy Toole
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ÑAPA:
Sobre los bodegones: Avelina Lésper:
https://www.youtube.com/watch?v=ZRQbOTefx7s
Naturaleza muerta, vinilos sobre bandeja de madera, 35×60 cm. (2001)
Otros artículos de este autor publicados en www.proclamadelpacifico.com:




