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Viernes, 2 de octubre de 2026

EL SALTO DE LA LIEBRE

Teatro Tunia (3)
Phánor Terán - Gestor Cultural - Tunía - Cauca
Por Phánor Terán, desde Tunía, patrimonio cultural del Municipio de Piendamó

El resultado más visible del programa de SALAS CONCERTADAS, es el haber convertido los grupos teatrales en FAMIEMPRESAS.

Saltará la liebre oficial para ponderar el programa como un avance significativo en la democratización de las arcas estatales culturales, la descentralización de recursos a lo largo y ancho del país, la transparencia en la adjudicación, la racionalidad en el control a través de intermediarios, operadores.

Razones pero no realidades.

Con sus contadas excepciones, el teatro en Colombia, se realiza con la participación de buen número de voluntarios. Los ingresos, generalmente se destinan a la producción misma teatral y, en menor medida, para el sustento de los directores que ejercen una actividad profesional o de dedicación exclusiva. Tal es la realidad y verdad de los llamados GRUPOS TEATRALES, antes, o COLECTIVOS TEATRALES, en esta postmodernidad que nos agobia.

Esos grupos constituyen el 90% de la actividad teatral, conformados, en promedio, por una decena de entusiastas, unidos y motivados, para el desarrollo del “chicle” que los anima en esta vida.

Como si fuera poco el esfuerzo, a fin de realizar una actividad más o menos estable, cada grupo, ya de sus ingresos personales, ya de alguna que otra colaboración, ya del poco producido por la venta de lo que hacen, han visto encomiable reunir todos aquellos pesos para tener un local que permita sin sobresaltos realizar el entrenamiento, y el producto de sus sesos, recibir a los amigos del teatro y contribuir como siempre reza su afán, al desarrollo artístico y la difusión cultural.

Así que si de lógica se hablará el estímulo, que no es más que una bonificación extra por el trabajo realizado, sería para que ese espíritu colectivo, de voluntariado se consolidara o se replicara en beneficio de este Estado miserable para la inversión científica, investigativa y artística.

Pero, como no se trata de lógica, el tal estímulo, ha devenido en ser la punta de lanza que pretende convertir estos grupos y colectivos en EMPRESAS CULTURALES, desbarajustando su principio vital: por doquier, los directores se han vuelto propietarios, los voluntarios han devenido en actores o colaboradores a destajo, la trampa en juego, la rimbombancia estatal en requisitos demagógicos. Sea.

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