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Domingo, 11 de octubre de 2026

Salario mínimo y fabricación de miedo preelectoral

Salario mínimo y fabricación de miedo preelectoral
Salario mínimo y fabricación de miedo preelectoral
Imagen: https://x.com/i/grok
El pánico económico es una estrategia de manipulación mediática
para proteger privilegios, no para cuidar el empleo.

Alfonso Luna Geller

El despiadado bombardeo de opiniones personales disfrazadas de información ha desvirtuado el ejercicio del periodismo en Colombia. Una parte significativa de los grandes medios de comunicación, al servicio de la hegemonía económica, abandonaron hace tiempo su función de control crítico para asumir el rol de oposición política.

Se trata de una operación conocida: opinión reiterada convertida en sentido común, repetida hasta volverse incuestionable, casi simultáneamente, en cadena radial. En vez de análisis técnico riguroso se impone la insistencia, en lugar de contraste real, coreografía. Bajo la apariencia de diversidad, se impone una sola lectura de la realidad.

Criticar este fenómeno no es atentar contra la libertad de expresión. Al contrario: es denunciar una afectación directa a la libertad de información, un derecho fundamental del ciudadano que queda sometido a una narrativa cerrada, interesada y persistente.

El reciente anuncio de aumento del salario mínimo decretado por el Gobierno reactivó esta maquinaria. Una vez más, los grandes medios no informaron: editorializaron la noticia. Y lo hicieron con el mismo libreto de siempre: advertencias apocalípticas, diagnósticos sin contexto y los mismos portavoces de siempre.

Presidentes gremiales, exministros de Hacienda de gobiernos anteriores y representantes de intereses empresariales legítimos —pero parcializados— ocupan diariamente los micrófonos como si fueran árbitros neutrales del país. No lo son. Representan intereses específicos. El problema no es que hablen, sino que hablen solos.

No aplican el concepto de equilibrio informativo, de simetría. No se invita con la misma frecuencia a académicos independientes, investigadores públicos, técnicos del Estado o economistas con enfoques distintos al de la hegemonía económica propietaria de los medios. La divergencia no entra al estudio: se caricaturiza o se excluye. Un pluralismo donde todos piensan igual no es pluralismo. Es alineamiento estructural.

Esta práctica tiene consecuencias. Produce fatiga informativa, instala miedo político y reduce la capacidad ciudadana de decidir con información real. En consecuencia, si hoy este acoso, supuestamente informativo, es intenso, calculo que durante la campaña electoral será asfixiante.

El salario mínimo: menos ruido, más realidad

En este escenario, el salario mínimo se convierte en chivo expiatorio. El salario mínimo legal no aplica a toda la población colombiana. Solo rige para trabajadores formales bajo contrato dependiente. En un país con alta informalidad, presentar su ajuste como un terremoto económico generalizado es, como mínimo, impreciso.

Los datos son claros: el salario promedio real en Colombia ha sido superior al mínimo legal, aunque profundamente desigual. Existen sectores donde los ingresos superan ampliamente ese umbral, y otros donde millones de personas ganan menos del mínimo o carecen de cualquier protección laboral.

A pesar de la exorbitante corrupción evidenciada en todos los niveles de la administración pública de manera permanente, de los exorbitantes sueldos oficiales, por ejemplo, de congresistas, los más escandalosos, la economía colombiana ha demostrado capacidad de absorción frente a aumentos salariales recientes, sin desbordes inflacionarios ni colapsos del empleo. La solidez del ajuste y su no lesividad macroeconómica contrastan con el discurso de catástrofe que se repite en los medios.

El verdadero debate no es técnico, es ideológico. Durante décadas se nos dijo que había que enriquecer más a los de arriba para que algo “rebosara” hacia abajo. Esa teoría fracasó, como explicó el senador Ariel Ávila. La desigualdad persiste, el empleo no mejoró y la promesa nunca llegó.

Hoy se ensaya otra lógica: fortalecer el ingreso de quienes consumen, trabajan y sostienen la economía real. Hasta ahora, esta apuesta ha producido ruido, que es la reacción desproporcionada de quienes ven amenazado un modelo que los ha favorecido durante años.

Ignoremos el coro de las viudas del poder. La dignidad salarial sostiene la democracia; la concentración de riqueza la destruye.


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Alfonso J. Luna Geller[email protected]

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One comment

  • Elizabeth Pérez

    martes 30 diciembre, 2025 a las 11:57 am at 11:57 am

    Encuentro muy coherente su análisis. En realidad es menor la cantidad de empleados que ganan el salario mínimo y así mismo debería hacerse la proyección de su afectación en la economía. Además tiene mucha razón en que los grandes medios solo muestran las opiniones de los mismos, sin darle cabida a otros expertos que puedan dar otra mirada a la situación. Bueno, amanecerá y veremos…

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