ROJO MUNDO


Hola, ¿me oyes? Tu rojo mundo me atrae, es sangre de vida, sangre escuchando un aleluya. Estás distante, casi como una efigie griega, absuelta de toda tragedia con ese rojo incendio de tu magnífico vestido. ¿Realmente te viste así en vida, un día saludaste al sol y no le dio envidia, no salieron nubes volcánicas en el cielo donde casi mirabas lela? Enamoraste al pintor, ¿acaso fue contigo de brazo al lugar donde la luz se saborea en ayunas para que no la contamine ninguna palabra? Es que estás muda; ¡pero qué delicia estar frente a ti, así sea yo un entrometido, incapaz de cerrar los ojos que vienen a decirme todo, casi todo! Haberte encontrado es como una fuente de delicias, un espejo donde el arte del retrato es la lírica realidad de la belleza.
¡Qué esplendor!; descansamiento en un acto, sedente pensamiento ensimismado; como las querencias de un alma en el recodo de una paz; porque hay una paz que sólo se toca con el espíritu ensimismado, como tú en ese cuadro que señala una realidad: la que no se obtiene casi nunca porque es idealidad absoluta.
En este cuadro hay seriedad pero no tristeza; hay espera pero no cansancio; hay rigor pero no aburrimiento; hay silencio pero no culpa; hay tarde y felicidad extática; de modo que es existencia para contemplar en poesía. Y entonces me digo: Has vivido plenamente, porque has llegado a la cumbre de los éxtasis sensuales, y así la vida es tanto un sueño como una realidad. ¡Una diciente realidad!
Envidio esos rubores más allá de las miradas comunes; son epifanías picassianas de alta realidad, son el virus de un contagio delicioso.
RVQ.



