Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Jueves:
Popayán 5 y 6
Cali 5 y 6
Jueves, 1 de octubre de 2026

Retroceso

Gloria Cepeda VargasGloria Cepeda Vargas.

Rueda en Internet un excelente ensayo del poeta venezolano Armando Rojas Guardia titulado El chavismo y la memoria subversiva de Jesús, uno de cuyos apartes dice: “Llevo semanas sintiendo un profunda nostalgia de la modernidad y del espíritu crítico del pensamiento ilustrado. El exceso de religión, de manifestaciones rituales, de ceremonias sacras y discursos devotamente homiléticos que sobreabundan en la vida pública venezolana desde hace meses, viene a mostrarse incompatible con una de las más indispensables conquistas del mundo moderno: el Estado laico”.

Ya que el Estado laico o Estado secular opuesto al Estado confesional tan común en el mundo antes del siglo XX, supone la neutralidad del Estado en materia de religión, fundamentado en la autonomía de cada una de las partes, el escrito de Rojas Guardia debe ser leído por quien desee conocer lo letal de la alimaña que corroe hoy el ingenuo corazón del pueblo venezolano.

Sin entrar en honduras cuya complejidad está fuera del alcance de una simple enredadora de palabras, arguyo que la importancia de este ensayo reside en la trascendencia dada por el autor a la saludable distancia que debe existir entre el accionar de la Religión y del Estado. Ambos son plataformas cardinales en la armonía sostenible de la vida civilizada. Por lo tanto, cualquier injerencia del uno o el otro en el espacio que no le corresponde, es motivo de preocupación.

Desde que el ex presidente Chávez se enfermó, una horda de santeros, paleros, brujos y rituales venidos de dimensiones oscuras, invadió a Venezuela. Era común ver multitudes invocando la ayuda de deidades extrañas en pro de la salud del comandante. Desde la india María Lionza hasta Bolívar y Jesucristo, danzaban entre hordas de hombres y mujeres que aullaban, lloraban y reían en estado paroxístico. A eso no escapó Chávez. Después de irrespetar en forma grave a las más altas autoridades del clero venezolano, terminó llorando con un Cristo en la mano. Al estado de postración en que hoy yace Venezuela, se une la indotación mental de sus dirigentes. Demostración de ello es la construcción de una pequeña capilla en el barrio 23 de Enero a pocos pasos de las barracas utilizadas por el entonces joven comandante Chávez en el fallido golpe de estado del 4 de febrero de 1992. Un techo de zinc cobija la imagen de “San Hugo” entre montañas de girasoles, velas, gotas de cera, esquelas y tazas de café (el difunto era consumidor empedernido de este brebaje) con la imagen de Chávez uniformado al lado de Jesucristo. Ya la iglesia protestó inútilmente. Esto, a más de ridículo y doloroso, demuestra la fragilidad de la línea cerebral que fracciona el campo de la razón y la locura.