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Domingo, 4 de octubre de 2026

Resequedad

Resequedad
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Resequedad

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

A veces, como hoy, se encuentra uno con sequedad en la escogencia de un tema sobre el cual escribir. Cavila uno, esculca en los rincones de la mente y de su curiosidad periodística y no encuentra un tema nítido. Mira uno por la ventana, y hoy martes, observo que está lloviendo muy fuerte allá afuera. El cielo, sí, tiene llenas sus nubes. Y nos regala su lluvia de modo generoso.

Llevo muchos años, – no sé cuántos -, escribiendo. Y, sí. Pasa uno por sequías: vacila uno y mira a lado y lado nervioso porque no encuentra rápidamente un tema. Hoy me vi obligado a escoger éste de la resequedad mental para poner un título a este tema y empezar a teclear. Confieso que eso es raro. Generalmente el tema llega sin dificultad a mis dedos. Ensillo el caballo, tomo las riendas y empiezo a conducir este lebrel.

Como ven, ustedes caros lectores, escribir tiene sus encantos y también sus sorpresas. No es “soplar y hacer botellas”. Hay que tener temple. Disciplina. Responsabilidad interior. Y la lluvia, afuera, me lo dice: hay que llover fuerte de vez en cuando y seguir mojando a la ciudad, a su tierra, plantas y sembrados.

Estar seco por dentro lo experimenta uno como la tierra, el ambiente, y como ahora, aparece casi con rabia la lluvia impetuosa. Es necesaria a veces una sed intensa para tomarse una tanda de cervezas y calmarla.

En estos días he estado pensando que nunca he tenido problemas para escribir. Al principio me tomo unos minutos para pensar sobre qué tema lo voy a hacer. Muchas veces ya llego con el tema listo. Hoy no tenía y tuve que exigirme por unos instantes y estar de acuerdo con mi talante sobre este tema que de repente me llegó a la mente.

Una vez lo escribo allá arriba, en lo alto de la hoja en blanco, ya me aquieto y sin vacilar tecleo la primera línea y…sigo. La costumbre hace lo demás: las ideas van llegando solas y se ponen en fila para que yo escriba y escriba. Es algo casi mágico. Pensaba con algo de preocupación antes de sentarme frente a la pantalla. ¿De qué escribiré hoy? Y no venía la palomita blanca a soplarme en el oído.

Esas son las graves peripecias del escritor: que le cunda la resequedad. Uno es humano. La lluvia de afuera me lo está confirmando: No llueve todos los días. Hoy no lo esperaba, pero, miren, ahí llegó la lluvia y se está exigiendo una de esas largas y abundantes que hace días no caían.

Sí, la resequedad solo es un título y un tema. No hay que voltearle la cara. La resequedad para el escritor puede llegarle de vez en cuando. Pero eso no quiere decir que el ingenio por dentro se extinga. Ahí está el fuego latente. Hay que darle la vuelta al botón y empieza a calentar la estufa y uno a escribir.  

28-05-19 – 8:01 a.m.

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