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miércoles 2 octubre, 2013 a las 5:26 pm

REGRESION

regresion

Reinel Gutiérrez.-

Devolviendo la memoria, podría decir que yo era bobito en la niñez, porque cuando me llevaban a una casa de visita, no era capaz de quebrar un florero, un vidrio de la ventana, o un cenicero.

Pudiendo colgarme de las cortinas y columpiarme en ellas, tampoco lo hacía. Solo trataba de acariciar el perro y jugar un poco con él. Cuando pasaba a la mesa, me comía todo, y si era posible, indiscretamente pedía más, para recibir de pronto un regaño por esa osadía.

Tal vez mi actitud era así, porque en la época para los niños no había estimulación temprana, ni despertar, como ahora.

Los niños de hoy son avispados, hiperactivos, van de visita y quiebran las materas, mojan el piso, prenden el televisor, y de una vez se ubican en el computador. Si entran al templo, no se arrodillan ante el santo para orarle, sino que lo derriban.

No se les puede llamar la atención porque se traumatizan, y además, esa es la expresión de su inteligencia y talento. Este niño va a ser un “berraco”, echado para adelante, dice la madre.

No sé si tenga el reflejo de mi infancia, y no haya desaparecido lo de bobito, pues estoy creyendo que los senadores, representantes, diputados y concejales son honorables.

Que la corrupción es una especie de fantasma, que con solo rezar una oración desaparece. Que los sacerdotes son unos santos, y que eso de la pederastia tal vez es una epidemia como el «carranchil» que con una pomada se quita. Que los generales son impecables y correctos.

¿Será que hay despertar y estimulación temprana para adultos?.