REGION DEL PACIFICO


Puede parecer llover sobre mojado, sin embargo, acaecimientos en los departamentos del Choco, Valle del Cauca, Cauca y Nariño, en los asuntos de inversión presupuestal y de incidencia económica y social, como son los aplazamientos eternos de vías indispensables y los relacionados con los precios del café y el azúcar, que generan movilizaciones y tensiones sociales gremiales y sindicales, indican se debe insistir en la necesidad de actuar como región.
Estas afectaciones, igual, inciden en los departamentos del Huila, Caquetá, Putumayo, por los vínculos culturales, económicos y por las inmensas posibilidades de desarrollo de propósitos estratégicos de importancia a partir de la posición vital en el País y en el continente y que se aplazan indefinidamente.
Su atención debe ser punto de partida de una agenda regional compartida a partir, por ejemplo, del agua, cuando su racionamiento afectará la salud de los habitantes, su escasez va a elevar los precios del suministro de energía y amenaza la sostenibilidad de la agricultura y la ganadería.
Definir y terminar la estrategia vial del sur del País, de igual forma tiene relación directa con la superación de los cuellos de botella que obstaculizan el desarrollo de estos departamentos.
Urgente la conexión de Nariño, Huila, Putumayo y Caquetá y con el occidente, reciente información aplazo para otra generación, la urgente ampliación de la vía Panamericana para integrar a Nariño con el resto del País y para optimizar el comercio con Ecuador y América del Sur. Igual la integración con el Eje Cafetero.
Los últimos informes regionales muestran crecimientos significativos en el sector industrial y de servicios, de manera especial en el Norte del Cauca y en el Departamento del Valle, a futuro su sustentabilidad dependerá de su entrada a los mercados internacionales y de sus ventas en la región, pero, ¿cómo lograrlo si otros sectores, como el de la agricultura y la ganadería, a los cuales está vinculado más del noventa por ciento de la población, no logra siquiera recuperar los costos de producción?.
En la agenda soñada, bien se podría anotar la histórica constante de las escasas inversiones presupuestales como reflejo del criterio centralista que ha acompañado la visión del desarrollo y el crecimiento del País, acentuando el distanciamiento de los pueblos de estas zonas, imposibilitando la unidad cultural básica para la formación de un enlace político para gestar un posicionamiento y una presencia en las decisiones del Estado.
La guerra con el Perú, argumenta esta queja. En Colombia no se sabía en donde estaban sus límites y menos conocía de sus gentes en los Territorios que con desdén llamó nacionales, intendencias y comisarias, y la gran mayoría de las vías se construyeron con la pala y el pico de los colonizadores, no andaban por allá los contratistas del Estado.
La explotación de los recursos que han generado riqueza en estas regiones se ha adelantado con el modelo de ilegalidad tradicional, permitido por el Estado; en los colegios se incluía la lectura de la novela “La Vorágine” de Eustasio Rivera, pero no se trabajó el mensaje que exponía toda una tragedia social. Del caucho se pasó a la quina, de allí al bosque y del bosque a la coca, en la misma manigua que devoró sin dejar rastro al protagonista y sus acompañantes.
Primero caminaron en multitudinarias manifestaciones campesinos e indígenas, diciéndole a los gobiernos: mírennos que aquí vivimos en unos sitios en donde, por el abandono, sóo son rentables los cultivos ilícitos, se pedía sustitución con cultivos rentables que no se ha logrado, el gobierno dijo eran azuzados por la guerrilla y por los del negocio de la coca, más adelante caminan juntos patronos y trabajadores a la sazón víctimas de las mismas situaciones.
Riesgoso decirlo, pero en estos territorios la violencia se entiende en muchos casos como expresión del derecho a la supervivencia, como sobrevivir en ambientes saturados de amenazas, en donde no se conocen las funciones del Estado y los lazos de nación se pierden en la distancia del sálvese quien pueda, que termina propiciando organizaciones delincuenciales. Así lo afirman connotados criminólogos y sociólogos.
La agenda regional, desde luego, se supone empezara su ABC con el descubrimiento de los elementos que den forma al establecimiento de un reconocimiento en la cultura de los habitantes, de la comprensión en toda la nación de la importancia de integrar estas latitudes al desarrollo nacional, como decisión necesaria para el inicio de un proceso de paz, pues se trata de una región con territorio y población con grandes valores y oportunidades.



