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Sábado, 3 de octubre de 2026

REFLEJOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO

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Bulevar de los días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano.
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Águila cienaguera en Yondó, Ant. Foto Héctor Fabio Zamora, El Tiempo*

El cambio climático se ha vuelto una manoseada frase. Pero es un monstruo fatídico, un feroz efecto de la intervención de hombres malvados y comunidades en la Naturaleza virgen. Es un feminicidio sobre la madre Tierra y lo que ella nos brinda. Ríos caudalosos, manglares, selvas con especies centenarias, fauna única, flora única. Y la intromisión ataca hasta los mares que nos bañan.

Parece que la dermis humana cambiará, que llegará ser la piel como de rinoceronte para aguantar la inclemencia del sol y el calor. Pero hoy no lo alcanzamos a imaginar así. Parece un imposible. No es verosímil para el hombre común sino para los científicos y los estudiosos. La Naturaleza con sus riquezas se está transformando y el tiempo que la acompaña se reacomoda. Cambian los períodos de siembra y el sol llega a su cenit de fuego más temprano. El medio día ya no es a las 12, pues se ha corrido a dos horas antes.

El apocalipsis no es como lo pinta el evangelista. No es “al fin de los tiempos” y es ahora. Los inversionistas extranjeros lo han puesto en marcha en Colombia y el gran capital es su máquina de muerte. En solo el año 2015, en el gobierno Santos, Colombia se ha desdibujado en su mapa. Han desaparecido inmensas riquezas en las selvas del Sur, Norte, Oriente y Occidente. Ríos, árboles, aves, peces y animales exóticos están desapareciendo bajo las concesiones legales y las explotaciones llamadas ilícitas. Pero con el mismo efecto devastador y peligroso. Pues no hay diversidad en la economía.

Nos lo han registrado en varias crónicas El Tiempo* y el Espectador y esta columna lo ha denunciado. Parecen hermosos los lugares con las fotografías, pero llega ser apenas un recuerdo de lo que había y ya está borrado del mapa. Solo los campesinos y los indígenas que, en su lejanía, lo viven, lo ven y retroceden o abandonan su terruño ancestral ante la crueldad y el despojo de los nuevos colonizadores con sus máquinas.

Su terruño, digo, una palabra tierna que retrata la vejez y el apego del que ama su pedazo de hectárea o su parcela y su paisaje con su fuente de agua, sus pájaros y los cantos y sonidos del agua y de la arboleda en las noches y las mañanas. Ya no tienen la frescura en el amanecer con el canto cercano del gallo y los chillidos inocentes de los micos, las guacharacas, los loros o el levantar el vuelo de los flamencos que salen a buscar comida para sus hijuelos. Ya no pueden ir a bañarse a la cascada o al río porque las fuentes desparecieron.

Piensa uno con terror cómo será este país dentro de diez años. Si en un solo año se legalizaron tantos estropicios a nuestra Naturaleza, a nuestro Territorio en el que nacimos. No tenemos ya el acento ni las gargantas ni el amor por la tierra que aún conservan nuestros indígenas que están llorando a la Madre que está muriendo frente a todos.

* http://www.eltiempo.com/multimedia/especiales/efectos-del-cambio-climatico-para-colombia/16746572/1

* http://www.eltiempo.com/multimedia/especiales/pesca-del-rio-magdalena-afectada-por-el-cambio-climatico/16746573/1

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