
El pueblo negro sigue luchando por ser integrado y sujeto del crecimiento comunitario y social del departamento del Cauca.

Por: Luis Fernel Bonilla Rosero.
Por la defensa de una región y de un pueblo.
Nos causó sorpresa y tristeza leer el escrito del académico y profesional Marco Antonio Valencia Calle en El Nuevo Liberal, el pasado primero de mayo, por el desconocimiento de la apuesta de un gran número de caucanos que lucha por un Cauca diferente e incluyente, que sueñan con mejores opciones de vida y desarrollo para todos, con una educación de calidad pertinente y que responda a las lecturas desde la realidad para encausar un sendero de crecimiento social y entender la lógica de sus apreciaciones, frente a la gran movilización del pueblo negro del norte del Cauca, en defensa del territorio y el derecho a procesos productivos que cuidan el agua y la madre tierra, en palabras de una mujer afro: “Desde hace varios años venimos luchando contra la minería a gran escala legal e ilegal, porque están causando serios problemas ambientales y sociales en los territorios comunitarios del Norte del Cauca”[1]; además, en la entrega de títulos mineros a particulares, sin consulta previa a sus residentes en los territorios ancestrales afrocaucanos.
Pero nos detenemos a pensar que todavía existe un puñado de seres “humanos” anclados en un pasado que borró al esclavista y engrandeció al esclavizado por su significancia histórica de proyección de futuro; un puñado de hombres que se han quedado en la colonia, época que no podemos olvidar, mientras la esclavitud había perdido toda su vigencia económica en el resto del país y la había hecho insostenible. En el Cauca la aristocracia esclavista seguía promoviendo guerras para mantenerla. Son imaginarios individuales de mentes embreadas al pasado, producto del desconocimiento histórico de las otras sociedades diferente a la que ellos encarnan, borrando de un tajo a un grupo étnico-cultural que se la ha jugado, en el hoy y el ayer, por edificar un presente y futuro para un Cauca diferente, que retoma al ser humano en su esencia y engloba un sentido colectivo de comunidad caucana, este académico es el alfil de la invisibilización de un grupo humano (afrocaucanos), sujetos sociales que sienten, piensan y sueñan un mañana mejor para la nueva generación de caucanos.

Los negros latinoamericanos, hemos cargado sobre nuestros hombros un pasado ignominioso, e insultante de agresiones de todo orden, producto del desconocimiento cultural, propio de la época, de una minusvalía intelectual, de un puñado de hombres y mujeres ensimismados en su pobreza ideológica y política, con un gran propósito: borrar una historia, unas vidas y una cultura que se convirtió en el sustrato de un nuevo orden cultural y humano.
Estas voces y letras, sin compromiso social, engreídas en conocimientos obsoletos, son verdades reveladoras de una realidad de un mundo que ya no existe, enquistadas en mentes pobres que no trascienden más allá de los labios y dedos de quien lo escribe.
En un mundo que muta constantemente de acuerdo a la realidad que construyen los comprometidos con el futuro, independiente de otros actores, nosotros hemos superado adjetivos de todo orden, de incautos y mezquinos que se han convertidos en ancla de los procesos sociales y comunitarios de la Colombia de hoy para el mañana.
[1] Márquez Francia, lideresa afrocaucana ganadora del premio nacional de paz.