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jueves 19 octubre, 2017 a las 11:05 pm

¿POR QUIÉN VOTAR… SIN SENTIRME CULPABLE?

Crepitaciones
CREPITACIONES 2017
¿POR QUIÉN VOTAR… SIN SENTIRME CULPABLE? / Lic. Javier Enrique Dorado Medina

Siempre recuerdo con nostalgia, sin sentirme culpable, una anécdota sobre el tema de las elecciones y que hoy quiero compartirla con mis amables lectores, de manera imperiosa.

Una vez en que estaba muy de moda la famosa UNO, sigla de la Unión Nacional de Oposición, entre 1972 y 1982, que fue una coalición que intentó agrupar a las diferentes fuerzas de la izquierda, entre ellas el Partido Comunista Colombiano, anapistas disidentes, liberales disidentes, el MOIR, el Partido Demócrata Colombiano, con el fin supremo de contrarrestar a los partidos políticos tradicionales, entre ellos el conservador con Misael Pastrana Borrero a la cabeza (1970-1974) y estando en mi pueblo del alma, mi gran Bolívar (Cauca), me presenté a votar en las elecciones de “mitaca” (intermedias o parlamentarias) por algunos de sus representantes más significativos.

Mi señor padre José Antonio Dorado (Q. E. P. D), quien era un godo a ultranza, un conservador de los de raca mandaca, de los superfinos, de los tradicionales, de los buenos (no como de los de ahora, estilo Andrés Pastrana o camaleones), no sé cómo se dio cuenta de mi posible traición a sus ideales políticos sinceros y con su férreo modo de ser y sobretodo, de sus convicciones personales, me acompañó a la mesa de votaciones, me entregó una papeleta de las de su partido y voté en su presencia, ante su sonrisa plena y de júbilo partidista y filial. Ya al regresar a casa, me colocó su brazo en mi espalda y con su humor característico me dijo: “gracias hijo, por colaborar con mi causa”. Me sentí muy feliz al escucharlo y sobre todo, no defraudarlo en esa ocasión tan especial.

Esos eran los tiempos en que se sentía una verdadera pasión cada vez que los colombianos acudíamos a votar, sin prevenciones de ninguna índole, con una seguridad partidista a flor de piel (como en el caso de mi señor padre), sin contradicciones ni incertidumbres marcadas, sin espejismos ni ambientes sombríos, como sucede hoy en día, cuando la cosa política luce extremadamente complicada y muy difícil, con muchos nubarrones y panoramas hostiles, empañados con actuaciones deficientes de los mismos mal llamados políticos, que no lo son el verdadero sentido de la palabra y que los mismos ciudadanos se han encargado de desvirtuar, convirtiéndolos en politicastros o incluso, personajes sin credibilidad ninguna, así tengan los apellidos que tengan o se muestren en las fotos muy orondos y con la sonrisa Pepsodent a flor de cara.

Entre esos nubarrones que empañan ese difícil mundo político de hoy en día y que nos hacen perder la fe en la democracia colombiana (si es que la hay), están: el avance de la corrupción en todos los niveles y poderes, la polarización y el populismo, la violencia verbal entre los políticos, el olvido olímpico de las regiones de parte de los mismos (para muestra un botón: ¿dónde están los políticos del Cauca, en la actual coyuntura social, a punto de estallar como un polvorín?), en fin, pare de contar.

Hasta ahora, como está la situación colombiana, la acción de votar se convierte en un estigma, como una misión imposible, porque no existe esa garantía que nos permita vislumbrar al fin un horizonte libre de verdadera paz. No hay credibilidad en la cosa política de hoy.

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