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ORGULLO, IRA Y MIEDO DAN RESULTADOS OCULTOS

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Bulevar de los Días
ORGULLO, IRA Y MIEDO DAN RESULTADOS OCULTOS / Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

 

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Imagen de: https://historiasquetransforman.wordpress.com/category/7-emociones/orgullo/

Quién pensara que la ira, ese corcel indómito y que derrama babaza por su boca pudiera, pasado el acceso, servir de reflexión tiempo más tarde. Y lo mismo se podría decir del terror ante un peligro, del miedo a obrar o a ser descubierto o a ser herido o sufrir una agresión por un ser que amenaza… ¿Y, qué del orgullo? De él más se puede esperar cuando el oleaje de la propia importancia baje y se aquiete el ánimo.

¿No lo ha experimentado usted pasado el efecto de estas tres actitudes del ser humano en momentos de obnubilación que impiden razonar y tomar decisiones? Se opaca el ardor del fuego, se alisan las arrugas de la ira en la frente y se merma el temblor en las manos. Es toda una orquesta de malestar que entra en sala de reposo y se distienden los ánimos.

¿Qué queda de todo aquello? ¿Un campo de batalla con heridos, sables aquí y acullá, virutas que salieron de la refriega cuando no se sabía si había fuego o hielo o volaban cenizas del volcán que erupcionaba?… Quedaba sudor en la frente, la cara pálida y cansada y sin ganas de tomar limonada.

Y, en dónde quedó el orgullo, dónde la rabia, y… dónde el miedo a perder los estribos? No. En la pataleta nadie se acuerda de subir en ellos. Hay peligro de caerse de la silla. Todo es inseguridad, se obnubila vista, se ponen rojos los ojos y se ahogan las palabras en la garganta…

Si algo se estaba armando, si un proyecto se estaba delineando, si uno y otro estaban aportando, vino el fuego, se fue extendiendo, subió por las caderas, el estómago, el tórax y la garganta. Ésta se secó y solo un grito se oyó: «cállese, y no me diga más. No quiero oír una palabra. Ni cuente conmigo para nada».

Margaret McMillan, en El País de España de hoy jueves*, pone los puntos sobre las íes. No. De la ira a gritos, del orgullo de satán o del miedo a que el otro tenga más razones o argumentos en un momento dado, pueden salir grandes soluciones e ideas. No todo se perdió en el diluvio, dice un aforismo muy recorrido. Falta que un tercero o que pasados esos momentos de confusión, se recapacite para mirar hacia atrás y ver quedó de la quema.

Ahh, no es que hay que tener ira, orgullo o miedo para que las ideas nazcan fecundas de la discusión y tirarse los pelos. No. La conclusión es que grandes hombres y en momentos memorables han parado la historia. Se han opuesto y han perdido la ocasión de dejar huella imborrable o han acarreado siniestros. La McMillan en su libro Las personas de la Historia: Sobre la persuasión y el arte del liderazgo cita a Hitler, a Julio César, a Churchill y al archiduque Francisco Fernando al hacer presencia en Sarajevo en junio de 1914: una sola actuación produce consecuencias.

19-10-17                                                4:20 p.m.

* https://elpais.com/cultura/2017/10/17/actualidad/1508254889_178844.html

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