¿QUÉ POR QUÉ SOY LIBERAL?


Mi papá era conservador activo, es decir de esos que pontificaron su sectarismo en plaza pública, en púlpito con rebaño y cartilla ideológica en mano. Mi abuelo materno en cambio, sin ser activista de directorio no cesaba de profesar su fe liberal, y una vez, en medio de un sancocho de gallina con mazorca y aguacate los viejos enfrentaron sus ideas en una jornada de antología. Fue tan dura la batalla verbal, que determinó que a sus descendientes nos diera temor decir si éramos liberales o conservadores por miedo a defraudarlos o hacerlos enojar.
De eso ya casi nadie se acuerda, porque la gente pasa, pero las ideas quedan. Mi abuelo sospechando (equivocadamente) que mi padre me induciría tendencias conservadoras, se dedicó a alfabetizarme en los principios del liberalismo para que cuando fuera a votar no lo hiciera por caritas bonitas, ni camisetas o regalos, sino por ideas, por principios, por liderazgos de verdad.
Los liberales, decía el viejo Sigifredo, defendemos la libertad del hombre como el derecho fundamental más preciado. Una libertad custodiada por un Estado que nos permite desarrollar nuestra personalidad individual, porque la libertad de pensamiento de los liberales nos deja tener creencias personales sin meterse a cuestionar las creencias de los demás.
Cuando uno es liberal, decía, es para toda la vida, y no por sectarismo, ni por ceguera, sino porque cree en el ideario de la libertad, del librepensamiento y el libre desarrollo de la personalidad. Los liberales no creemos en una libertad de papel, ni fanática, jurídica o arrodillada, creemos en la libertad como una situación natural y propia del hombre que debemos defender y mantener.
Para ser liberal, hay que creer en el ser humano, y en las posibilidades que tiene como persona si se dedica al trabajo honesto, al desarrollo de su intelecto y su creatividad para bienestar económico y político de sí mismo, de su familia y de su comunidad.
Ser liberal implica entender que mis limites llegan hasta dónde van los límites de los otros, que puedo hacer todo lo que quiera para ganarme la vida siempre y cuando no sea ilegal, no dañe al otro, no corrompa con mis actos a la sociedad en la que vivo. Y la libertad como un derecho que se ejerce de manera auto-regulada, es decir, sin que me lo dicte la ley, ni me lo imponga la policía.
Para los liberales, la gente debe ganarse económicamente lo que se merece de acuerdo a su trabajo, intelecto o creatividad. Y de esa manera creemos en el libre comercio y la libre empresa regulados por la oferta y la demanda. Igualmente, en que la gente debe tener la oportunidad libre de escoger la forma de ganarse la vida a través de creación de empresa, escogencia de empleo, una carrera universitaria, un oficio o actividad profesional.
Y es así que los liberales creemos que la gente puede tener bienes ilimitados siempre que se los gane de manera honesta y legal con su trabajo, de la misma manera como el que tiene dinero tenga la opción de gastárselo en lo que le de la real gana.
Se dice que el liberalismo como doctrina no siempre ha sido bueno para la humanidad y consideran sus postulados económicos como el motor del debacle social en el que vivimos porque permite la explotación económica del hombre por el hombre. Me explico: mucha gente considera que el liberalismo ha permitido forjar riqueza para unos pocos, y empobrecido a muchos, y que por lo tanto, admite la desigualdad social como algo normal. Y claro, no ha faltado quien diga que el liberalismo es egoísmo puro, utilitarismo vil y se burlan llamando a quienes lo profesan como burgueses. Algo de razón tienen, pero ninguna doctrina es perfecta y entre todas, el liberalismo me parece la más democrática, la más sana.
Ahora bien, el Partido Liberal Colombiano se fundó en 1848, siguiendo a Francisco de Paula Santander, y desde entonces ha tenido vocación de poder, sus líderes ha tenido la oportunidad de gobernar la nación favorecidos en el juego de la democracia por el voto popular, siendo además siempre mayoría en el Congreso para sacar adelante muchas reformas y leyes, que desde los principios liberales, le sirven al país.
Da un poco de grima ver que ya pocas personas crean en los principios políticos de los partidos, y ni siquiera las conocen. Que algunos líderes anden por ahí queriendo ganar votos o puestos sin importar el partido político que avalen sus candidaturas. Que la gente se mete a un directorio político para ver que puede pescar. Y en esa dimensión, una persona sin principios políticos, o un partido político sin principios ideológicos, es además de sospechoso un tema que produce incertidumbre.



