¿Qué pasa con los negros en Colombia?


Son muchas las expresiones de solidaridad y hasta adulaciones las que recibe la población afro en días como este, es común escuchar la palabra negrota o negrote, que en ocasiones causa orgullo para quien recibe el “elogio” que a veces puede ser o no un estereotipo, el manejo de los temas afro, suele ser supremamente delicado para quienes hemos criticado algunos comportamientos, pero que a la vez hemos sido víctimas en carne propia del racismo; sin embargo, independientemente de cualquier observación, estamos claros en que a los negros en Colombia, no solo nos han discriminado, sino que pretenden que nos creamos la mentira de que estamos en igualdad de condiciones.
Frases como “los más racistas son los mismos negros”, hacen carrera, y el negro al que nadie se le sabe el nombre porque siempre es llamado por su color de piel entre su grupo de compañeros, se ha vuelto tan común, que es muy posible que el lector esté descalificando de entrada esta apreciación asegurando que es normal. Es cierto que los negros como todos los colombianos nos hemos equivocado muchas veces, pero nuestros errores no son intrínsecos a la raza negra sino al ser humano.
Una población que lleva escasamente 164 años de libertad y que ha tenido que sobrellevar la pesada carga de estar oculta en los lugares más recónditos del país, de donde hemos tenido que salir para buscar nuestro futuro, no puede ser medida con el mismo rasero que los demás, más si se tiene en cuenta que adicional al esfuerzo físico, tenemos que sumarle la hipócrita manera con la que se mide nuestra capacidad, dejándonos en desventaja, a pesar de que se diga que no hay racismo.
La lucha ancestral ha tenido que enfrentarse a enemigos muy fuertes, el aparato estatal, económico y social en nuestra contra, han sido la gran muralla que no nos ha permitido dar el gran salto, el manejo atrevido de los monopolios, muchos a disposición de quien o quienes nos han querido desaparecer desde el uso subliminal de la opinión pública, ha sido inclemente, tanto que los espacios que ganamos hace años hoy los hemos perdido.
El panorama para los negros es desolador, engrosamos los índices de pobreza en Colombia, nuestros departamentos y municipios viven arruinados bajo la amenaza de la desaparición como entes territoriales, muchos de nuestros gobernantes terminan injustamente en la cárcel o sancionados, fiscal o disciplinariamente, con la muerte política a sus espaldas, como es el caso del Norte del Cauca, donde hoy no hay un solo afronortecaucano que pueda pelear con posibilidades, cargos regionales de elección popular, porque los que no están condenados temen que meterse en el sonajero los lleve directamente a la cárcel.

¿Dónde están los negros en el congreso? ¿Dónde están los negros en los ministerios? ¿Cuáles son las políticas públicas eficientes y eficaces a favor de la población afro? En el 2011 cuando completamos 160 años de abolición de la esclavitud, al igual que hoy, estábamos en un periodo dedicado a la afrodescendencia por declaración de la ONU, periodo que pasó sin pena ni gloria porque nunca se conocieron los resultados y a cambio de eso en las elecciones de 2014 nos regalaron dos blancos para que usurparan las curules de circunscripción especial que por derecho propio nos corresponden a los negros en la Cámara de Representantes. Y es que es muy fácil que el establecimiento coja un negro lo ponga en contra de nuestros intereses y luego salga a decir que somos los negros los que estamos enfrentados.
Colombia se comprometió en la cumbre del milenio en el año 2000 a que las necesidades básicas insatisfechas de los afrodescendientes iban a ser cubiertas como su aporte a los objetivos del milenio, sin embargo los 108 municipios en Colombia con mayor población afro siguen teniendo los índices de pobreza más altos del país, con una tasa de necesidades básicas insatisfecha por cerca del 20% por encima de la media nacional, ¿qué pasa en Buenaventura?, un puerto que le aporta a la riqueza del país y al que se le retribuye con violencia y ninguna inversión social, ¿qué pasa con el Chocó?, un patrimonio cultural asediado por la pobreza, ¿qué pasa con los municipios de la costa pacífica caucana?, a donde ni siquiera han sido capaces de construirle una carretera, poblaciones como Barbacoas, la capital aurífera de Nariño que tiene una trocha como vía que la conecta con el resto del país y ni qué decir de sus vecinos, Maguí y Roberto Payan, El Charco y el resto de poblaciones de Nariño hacia donde no se puede llegar sino a través de una lancha pero que se debe estar dispuesto a encontrase con un mundo aparte, porque la mano invisible del Estado los ha abandonado; nada distinto a lo que se vive en los pueblos costeros del norte del país, donde se dieron el lujo de construir dos Cartagenas, una para los turistas y otra para los negros que residen allí, los niveles de desigualdad no son necesarios ni siquiera mencionarlos.
Pobreza, pobreza y más pobreza eso es lo que pasa con los negros en Colombia, un país que se enfrenta al riesgo de extirpar a una comunidad que tiene tanto para dar, ya que sobre sus hombros se ha construido la historia de la nación y podría contribuir a un más al desarrollo, pero en igualdad de condiciones, no subyugada, estigmatizada ni discriminada, esto sin desconocer que nuestra reivindicación debe llegar de manos de nuestro propio esfuerzo, de la unidad ideológica, de entender que si la cultura nos une, esta debe ser el lazo para inventar nuestro propio desarrollo, si un negro está saliendo adelante debemos impulsarlo y si otro se está quedando atrás debemos ayudarlo a avanzar, nuestro sentido de pertenencia nunca debe ser excluyente, porque existen hermanos negros que lo son más desde su confesión filosófica, que por el color de la piel y nuestro objetivo debe ser, salir adelante sin resentimientos, para conjuntamente entre negros, blancos e indios ayudar a construir una Colombia mucho mejor para nuestros hijos y al final de este ciclo denominado Decenio Internacional de los afrodescendientes, nuevamente declarado por las Naciones Unidas, poder decir que la enorme brecha de la desigualdad que por años nos ha alejado a los negros del desarrollo se ha estrechado totalmente y que hoy como diría el Reverendo Martín Luter King no somos tenidos en cuenta por el color de nuestra piel, sino por el carácter de nuestras ideas.



