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Jueves, 1 de octubre de 2026

¿Qué nos espera?

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¿Qué nos espera?
¿Qué nos espera?
Foto: BBC

¿Qué nos espera?

Guido Germán Hurtado Vera

El triunfo de Gustavo Petro, hace dos años, es una de las imágenes del cambio que forma parte de un proceso de transformación, para muchos, con resultados poco convincentes.

Cambio que se inscribe en la dinámica de surgimiento de la llamada segunda ola de gobiernos progresistas en América Latina, que han propuesto cambiar el sistema político desde adentro y que es poco lo que han podido hacer.

El gobierno de Petro se comprometió con un programa de reformas sociales y políticas encaminadas a la democratización del país, a pagar deudas históricas en materia de justicia social y a un nuevo pensamiento de desarrollo en concordia con la naturaleza, el buen vivir.

Con la anterior invitación el gobierno convocó y logró conformar una amplia alianza política entre los partidos tradicionales y movimientos cercanos al Pacto Histórico. Una alianza inestable con eficacia condicionada que no resistió la profundización del cambio y se quebró con el debate de la reforma a la salud. Sumado a las denuncias de corrupción que hoy enfrenta.

Al mismo tiempo, la ruta del cambio está plagada de dificultades en el contexto internacional y nacional.

Un contexto internacional enmarañado: las guerras, en Europa y Medio Oriente, las consecuencias derivadas de los efectos de la pandemia que solo ahora comenzamos a sentir, la contracción económica, la crisis ambiental y climática que amenaza con la estabilidad de todas las especies vivas.

En el contexto nacional: la desaceleración de la economía, el crecimiento de la inflación, la escalada de las violencias, la permanencia del conflicto armado, la inseguridad, entre otras, nutre el desconcierto social lo que asociado, a las esperanzas del cambio, preparan un coctel que podría ahondar la crisis que vivimos.

El rompimiento de la alianza entre partidos y movimientos políticos, los señalamientos de corrupción y las derivaciones del contexto internacional y nacional ponen en aprietos al Gobierno de avanzar en el proceso de cambio y lo coloca de cara a una nueva crisis social y política. El horizonte no es claro.

Y sumado a lo anterior, la dictadura en Venezuela es la imagen que muchos colombianos tienen sobre lo que será el futuro político en Colombia. Parece ser que, por ahora, no podremos escapar de la situación del vecino país para cavilar estoicamente nuestros problemas internos. Venezuela será siendo el caballito de batalla en las próximas elecciones presidenciales del 2026. Venezuela es la símil de la situación que vive Colombia: una crisis social y política.

Como nunca, Colombia desafía al imperativo ético y político de edificar un proceso democrático sin violencia y polarización política.

Para evitar el fracaso del cambio, el gobierno actual tendrá que enfrentar el dilema de transitar por la institucionalidad, enfrentar la corrupción, abandonar el populismo, nombrar funcionarios con conocimiento técnico y especializado que puedan traducir el Plan de Desarrollo Nacional, superar el nefasto ejercicio de la planeación, abrir espacios de dialogo con la oposición, los empresarios y distintas fuerzas vivas, entre otros, para superar el mito de volvernos Venezuela.

Amanecerá y veremos.

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Fernando Alexis Jiménez

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