Propósitos


Ad portas de finalizar 2013 no voy hacer propósitos grandes, no los quiero, no deseo grandes logros, no quiero grandes fortunas ni conseguir imponderables. Tampoco deseo grandes triunfos para mí ni para mi familia, ni para mis amigos ni para el entorno donde me muevo. No intentaré cambiar ni que la gente cambie, quiero que mi esposa siga igual, que mis hijas se comporten de la misma manera, que mis amigos tengan conmigo la misma deferencia, que me traten con la misma tolerancia, que me aguanten los mismos momentos incircunstanciales con que nos encontramos en un café, en la calle, en la biblioteca.
Viviré el año tranquilo en medio de las mismas eventualidades, afrontando las normales circunstancias en la dinámica de un hombre que cumple la ley, que conduce su carro por la derecha, que no cruza semáforo en rojo, que se abstiene de una cerveza con la disculpa de estar manejando, que hace la cola para pagar los servicios, que evita gritar al cajero cuando la fila no se mueve, que va a la iglesia. Seguiré levantándome temprano, me prepararé el desayuno después de escribir un poco sin el ánimo de ganar el Nobel, trataré de pasar el día con buen genio, no veré noticieros de televisión ni telenovelas cursi, tampoco veré Realitys ni me enteraré de su pendejo transcurso.
En enero, regresado del paseo anual, lo primero que haré será pintar la casa, ejercicio de familia aunque al final me toque solo porque mis hijas y mi mujer suelen retirarse después de los primeros brochazos. Buscaré editor para mi “Corriendo de miedo” en sus diez años de primera edición, con textos corregidos y ampliados y con comentarios bondadosos de amigos escritores que se alegran conmigo por haberse abierto paso sola, como un ser adulto. Viajaré a algunos lugares aprovechando la temporada baja, deseo visitar Lisboa, Madrid, Roma. Me haré tomar una foto frente a la tumba de Pessoa. Concretaré mi novela que dejo iniciada sobre la trata de negros, escribiré algunos cuentos como ejercicio cotidiano y, lógico, votaré en las elecciones por los candidatos menos malos sin importar el partido de filiación. Creo, a pesar de todo, que ayudaré a reelegir a Santos, por el pavor que me produce Uribe y la derecha fascista.
Espero en paz cumplir una nueva década, entrar en la etapa última de mi vida productiva con pequeñas cosas, interesado en ver realizados los sueños de la gente que quiero, en el avance de los jóvenes en medio de las dificultades que los bombardean para evitar que puedan cumplirlos. Será el próximo año de mucha meditación en voz baja, porque poco sirve levantarla. Y leeré. Leeré. Hay tantos autores que desconozco. Tantos libros que me gustaría releer. Otra vez Cervantes, otra vez Joyce, otra vez Dostoyevski, otra vez Camus.
Una caminata diaria, un ducha fría, una comida sana, abrigado en invierno, con ropa ligera en verano será mi forma de vida. Lamentaré los desafueros de los ambiciosos, los abusos de los violentos, el irrespeto de los frívolos, la intolerancia de las ascetas. Viviré con las cosas pequeñas, con el hacer cotidiano, con la respuesta a cada momento frente a cada exigencia, porque los actos importantes, son para para seres importantes, y, yo, no lo soy. Viviré los días sin mucha planeación estratégica, con el solo objetivo de disfrutar cada momento, porque entiendo que estoy aquí para ser feliz, y si puedo arrancar una sonrisa a los otros puedo darme por bien servido. De pronto, también, moriré: ¡Eso debo tenerlo en el presupuesto!



