Por un “pacto cívico” genuino
Por Alfonso J. Luna Geller
Sentarse por los lados del parque del pueblo a despotricar del alcalde de turno o de los anteriores con el ánimo de buscar responsables sobre la situación que padecen las comunidades no conduce a nada trascendente. Es mejor proponer, debatir, y actuar sobre lo que podríamos y deberíamos hacer como ciudadanos, independientemente de los electoreros de siempre, dizque ‘políticos’, pues ya sabemos de dónde vienen y para dónde van.
La baja calidad y no-pertinencia de la educación, el microtráfico de estupefacientes, la drogadicción y el alcoholismo desaforados, la ocupación creciente de los espacios públicos, las contingencias asociadas a salud pública, la inseguridad, el pandillaje y la violencia urbana, el desempleo, la falta de civismo y solidaridad comunitaria, la miseria en algunos sectores rurales y urbanos, son problemas imposibles de resolver en exclusiva por la administración municipal sin la participación de los otros protagonistas del desarrollo local, tan importantes o más que la misma Alcaldía Municipal y sin que haya un convenio ciudadano aceptado por todos, que se perfile como un plan de vida público. Además, porque ya sabemos qué pasa siempre al final de cada cuatrienio con el cumplimiento de todo lo plasmado en los famosos planes de desarrollo, pues responden más a trámites burocráticos que deben realizarse al comienzo de cada período, que a un íntimo y auténtico compromiso de gobierno con las comunidades.
Un escenario ideal para diseñar y concretar un pacto cívico genuino y un código de comportamiento urbano, que obliguen, por acuerdo voluntario, a todos los habitantes que disfrutan o padecen del entorno que se ha venido forjando paulatinamente, sería un Foro Local amplio y permanente que permita involucrar y coordinar a todos sectores públicos y privados que tienen responsabilidad social en la comarca. No veo otra forma de avanzar si no es responsabilizándonos todos, y cada uno, obviamente, con el apoyo ineludible de la Administración Municipal.
Pero alguien debería hacer la convocatoria; y pienso que podrían ser los exalcaldes, personajes que han jugado un papel muy particular en la construcción de lo que hoy tenemos, y que no deberíamos considerarlos como alguna vez dijo Alfonso López Michelsen refiriéndose a los expresidentes, unos ‘muebles viejos’, que ya prestaron su servicio y dejaron de ser útiles, unas joyas inservibles. Habría que hacer un llamado, en Santander de Quilichao, a Jesús María Molina Rebolledo, José Gregorio Velasco, Hernando Tovar, Teresa de Jesús Borrero, Eliécer Mosquera Brand, Víctor José Gómez Mosquera, Eduardo Astudillo, Víctor Antonio Claros Medina, Aldemar Ríos Bermúdez, Willians Ortiz Ararat, Ricardo Alfredo Cifuentes Guzmán, Carlos Julio Bonilla Soto y Juan José Fernández Mera, -lógicamente, los que están vivos, así haya unos ‘más vivos’ que otros; no sé si alguno se me ha quedado por fuera de esta lista- para que en su calidad de exalcaldes, primero, entre ellos firmen un nuevo convenio de reconciliación y afecto por su tierra, y segundo, lideren la convocatoria cívica con la mayor amplitud.
Ellos deberían emplazar a los presidentes de las Juntas de Acción Comunal, gremios de la producción y del comercio, maestros y profesores, estudiantes, periodistas, representantes de la juventud y la mujer, de los colectivos étnicos, fundaciones, corporaciones y ONG, y principalmente, a los representantes de las entidades oficiales del orden nacional y departamental que tienen responsabilidad directa y asiento en el Municipio, para discutir y promulgar un documento único, porque no es con fuerza ni intimidación, ni con efímeros planes de choque con los que se construye ciudadanía y sentido de pertenencia, es con la suma de voluntades en un plan de vida representativo de la comunidad, públicamente elaborado y aceptado por todos, con toda confianza.
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